Cartas de colores

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6. Mil y un veces - Blanco

Mil y una veces me pregunte dónde estabas.

Mil y una veces pensé que tal vez, en un espejo.

Por lo que cada día y hora me paraba frente a ese objeto que mostraba mí reflejo, pero… esa no era yo.

Esa figura que me mostraba el espejo, era pálida, sin vida y demasiado seria para ser mía.

Asustada agarré mi abrigo y salí corriendo de la mansión escuchando de fondo los gritos preocupados de que me perdiera en el gran manto blanco que cubría toda la ciudad.

Apenas podía mirar pues las lágrimas nublaban mis ojos mientras más me acercaba a donde sabia te encontrabas. Corrí rápidamente por el sendero mientras seguía negándome a aceptar la imagen que era mi realidad.

Finalmente caí arrodillada abrazando mi gran barriga, en donde reposaba nuestro hijo, y con la nieve cayendo sobre mí, miré la inscripción de piedra que me recordaba que nada era un sueño.

— ¿Recuerdas que dijiste que me cuidarías? Entonces ven, abrázame y dime que todo esto es mentira.

—Se nota que eran tal para cual, él también se negaba a rendirse cuando lo enfrenté en Londres y él no se atrevió abrir la carta que hablaba de tu “enfermedad”, por lo que simplemente la leí cuando el ya no pudo.

—Gerónimo —Me levanté asustada de ver a ese hombre— tú… por ti fue que él…

—Oh querida, lamento decirte que con o sin mi ayuda, Vidal no hubiera podido regresar y pues ahora ninguno lo hará.

» Otra flor que se marchita.

La nieve que cubría el piso se tiño de rojo y dos almas dejaron la tierra.



Athenea

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Editado: 17.12.2018

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