Cartas de colores

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15. Sonrisa Azul

Estaba arropada vagamente con un trozo de tela y mi respiración acompasada es lo único, que me recuerda que sigo viva… me giré y mis ojos vieron un punto indefinido en el cielo nublado que asomaba detrás de la ventana…

Siempre me había gustado la lluvia, escuchar como poco a poco todo entraba en armonía y sentir la tranquilidad durante y después de esta. Una risa melancólica escapó de mi garganta al pensar en el olor tan característico que adquiría el bosque con esta…

—A este paso vas a morir —habló una voz en mi cabeza e inevitablemente recordé al hombre que la portaba, aunque solo pude vislumbrar su silueta. Con un poco de esfuerzo me levanté y recogí la pequeña mochila donde guardaba las pocas cosas que había logrado rescatar luego de que me atacarán y destruyeran nuestra casa.

Comencé a caminar con algo de dificultad por las múltiples heridas que adornaban mi cuerpo y provocaban que el vestido que llevaba se manchará con mi sangre. No importa cuántas personas lo digan, la vida puede cambiar cruelmente de un día a otro…

A lo lejos escuché el rumor que producía una cascada y supe que me estaba acercando a ese lugar donde fue la última vez que lo vi antes de que me abandonará… y tratando de alejar ese recuerdo en particular, seguí caminando.

Cuando súbitamente escuché los pasos de lo que parecía ser un ejército de bestias y también como se acercaban por el cielo esos aviones que solo provocaban destrucción.

Corrí como pude hasta refugiarme en una cueva donde me arrodillé tratando de pensar en cualquier cosa que no fuera la guerra que se había desatado entre los hombres y los demonios…

—Jajaja ¡déjame! —corría sin para por ese campo de flores azules, sabiendo que detrás de mí, venia MI verdugo personal.

—Lamento decírtelo, pero —sentí como era jalada hacia el suelo y unos fuertes brazos rodeaban mi cintura. Yo miré el rostro del hombre sin dejar de sonreír, recibiendo a cambio una sonrisa arrogante de su parte— Sería un pecado alejarme de ti —Con una de sus manos levantó mi mentón e inmediatamente sentí unos cálidos labios acariciar suavemente los míos.

Cuando se detuvo la caricia y abrí los ojos, lo vi sumamente serio, por lo que me preocupé.

— ¿Quieres la verdad o la mentira? —una sonrisa adornó mi cara al entender el juego.

—Mmm primero la mentira.

—Eres la mujer más fea que he conocido.

— ¿Y la verdad? —pregunté riendo.

—Este anillo solo puede ser para ti.

Lentamente abrí los ojos y sonreí amargamente al ver una bomba cayendo en dirección a la cueva y pensé ‘Te amo’ al saber que pronto podría estar nuevamente contigo y tal vez, darle su respectivo uso al anillo que colgaba fríamente de mi cuello, en una nueva vida libre de dolor.



Athenea

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Editado: 17.12.2018

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