Casado Con Una Mafiosa © [#1 Mortem]

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 1, parte 2.

Nos mantenemos en silencio por varios minutos, todos enfrascados en sus pensamientos. Por momentos mi cerebro no deja de repetir una y otra vez la escena donde Thomas mata a mi padre. Digo, sé que era una basura de padre, pero tampoco merecía morir, aunque millones de veces desee hacerlo con mis propias manos. Siempre trataba como una basura a mi madre, nunca entendí porqué se casó con él, y ahora menos que lo comprendo.

Frunzo el ceño y clavo mi mirada en la de mi madre.

—¿Pertenecías a la mafia?—mi voz rompe aquel tenso silencio. Todos ponen su mirada en mi persona.

—Drey...

—Sólo responde.—la interrumpo con la mandíbula tensa. —¿Pertenecías a la mafia?

Dejo ambos codos sobre mis muslos, desde el pequeño sillón en el que me encuentro observo con seriedad su rostro, sus ojos verdes me miran entre avergonzada y apenada. ¿De qué? ¿De mentirnos? ¿De haber pertenecido a la mafia? ¿O que nosotros lo hayamos descubierto?

—Sí...—responde, bajando la mirada a sus manos, que entrelaza fuertemente sobre su regazo. Vuelve a levantar la mirada. —De verdad discúlpame cariño.

—¿Por qué, mamá?—la dureza de mi voz es sustituida por una llena de decepción. —No te juszgo por tu pasado, en estos momentos ese es lo último de mis pensamientos. Lo que no entiendo, por más que lo piense, por más que le de vueltas y vueltas al asunto es...¿Cómo haber pertenecido a la mafia, pudiste dejar que ese hombre, ése que nos hiciste creer nuestro padre, nos hiciera pasar un infierno?

Trato de tragar el nudo que se forma en mi garganta, enojo puro empieza a recorrer mi cuerpo, por no mencionar la decepción que siento. De mí, de ella. ¿Cómo pudo dejar ella que sucediera esto? ¿Cómo pude permitirlo yo? ¿Cómo, maldita sea?

—Sólo explícamelo, mamá. Es lo único que te pido.—vuelvo hablar cuando ella se mantiene en silencio. Thomas y Gilbert dejaron de discutir para prestar atención a nuestra conversación.

—Para protegerlos, Drey.—responde mi madre llamando mi atención nuevamente. Frunzo el ceño y abro mi boca para decir algo, pero ella se me adelanta. —Déjame terminar, por favor.

Sus ojos verdes me miran suplicantes y no puedo hacer más que asentir. Ella toma una bocanada de aire, le da una mirada a Sasha, quien se mantiene en silencio a su lado. Mi hermana parece estar en alguna clase de shock, supongo que toda está situación la tomó muy por sorpresa. Y no la culpo, porque estoy igual que ella.

—La mafia iba detrás de mi...—nuevamente la voz de mi madre llama mi atención, sacándome de mis pensamientos. —Y si se enteraban que estaba embarazada...oh cariño, iban a matarlos a ustedes junto conmigo. Y sé que te estarás preguntando; ¿por qué demonios no pedí ayuda, verdad?

Sonríe ligeramente, pero más parece una sonrisa triste a una de felicidad. Menea la cabeza y suspira.

—La mafia, es algo de lo que nadie puede escapar. No se cómo, pero tienen conexiones en todos lados; en la INTERPOL, D.E.A, C.I.A, O.I.J, etc.—dice sin apartar su mirada de mi rostro. —Estaba desesperada, sabía que podían encontrarme en cualquier momento, y aunque tuve la opción de dejarlos en alguna casa hogar o darlos a otra persona...simplemente no pude. Eran mis hijos. Son mis hijos, ¿Cómo podría siquiera poder pensar en abandonarlos?

Limpia las lágrimas que resbalan por sus mejillas. Y reprimo las ganas de levantarme y abrazarla. Me parte el alma ver sufrir o llorar a mi madre y hermana, ellas son lo más importante para mí.

—Así que escapé de la mafia...—suspira, terminando de limpiarse el rostro. —Huí, y cuando conocí a David, no dude ni un minuto en utilizarlo como “camuflaje”. Sabía que nunca podrían encontarnos bajo su apellido, ni mucho menos pondrían un pie en este maldito barrio.

—¿Por qué?—pregunto curioso. Ella se encoge de hombros.

—Las personas que viven en Bownsville de Brooklyn pertenecen a lo más bajo de lo bajo, Drey. Por lo tanto nadie, ni la policía, pone un pie en este lugar.

Asiento mientras bajo la mirada a la alfombra vieja de la sala. La verdad es que lo que dice mi madre no es más que la pura verdad. Escuchar peleas, gritos, disparos y otras cosas de las que prefiero ni mecionar, es de todos los días y las veinticuatro horas. Supongo que entiendo un poco los motivos de mi madre, pero todavía sigo sin entender porqué dejó que David Kirchner hiciera con nosotros lo que le diera en gana. ¿Cómo pudo dejar que golpeara a mi hermana, hasta el punto de casi matarla?

Levanto la mirada, poniéndola en mi pequeña hermana, porque aunque ambos seamos de la misma edad, para mí ella es mi hermana pequeña. Sus ojos verdes-azulados idénticos a los míos, y para mi desgracia, a los de Thomas, observan los labios de mi madre, no perdiendo detalle alguno. Porque para mi desgracia, y la de ella. Gracias a una golpiza que le propinó mi padre, dejándola muy mal herida, consiguió resentir uno de sus oídos. Lo que no sabíamos es que prácticamente se lo había destrozado. Sasha, desde entonces es sorda de uno de sus oídos. Y aunque escucha perfectamente de uno, según el doctor; “un oído no puede hacer el trabajo de dos”. En simples palabras, aunque Sasha escuche con uno, a lo largo del tiempo también quedará sorda de ése, ya que el sobre esfuerzo lo hará colapsar.



Vane Suárez

#643 en Novela romántica
#233 en Otros
#32 en Acción

En el texto hay: narcotrafico, romance, drogas amor y celos

Editado: 16.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar