Casado Con Una Mafiosa © [#1 Mortem]

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Capítulo 2.

DAKOTA.

Entrecierro mis ojos cuando mi vista se desenfoca un poco. Algo normal teniendo en cuenta que estuve demasiado tiempo en aquel cuarto oscuro, sólo en compañía de una fea lámpara. Un suspiro sale de mis labios y escondo mis manos en mi chaqueta de cuero. Siento la caja de cigarrillos rozar mis dedos pero decido no fumarme uno, no todavía. Ordeno a mis pies caminar hasta el estacionamiento de aquel asqueroso lugar. Serpenteando entre algunos autos—y personas—al fin llego a mi destino. Saco una de mis manos y la llevo a la bolsa trasera de mi pantalón, donde mis dedos tocan las llaves de mi precioso Lamborghini Aventador LP700-4 negro mate.

Presiono uno de los botones del llavero; quitando la alarma y desbloqueando las únicas dos puertas, ocasionando que sus luces parpadeén por unos cuantos segundos. Abro la puerta del piloto—la cual se desliza hacia arriba—y en cuestión de segundos estoy dentro de él. Sin importarme por el lugar en el que estoy, arranco a mi precioso auto y salgo a toda velocidad de ese lugar.

 Sin importarme por el lugar en el que estoy, arranco a mi precioso auto y salgo a toda velocidad de ese lugar     

—¡Adelante!—respondo cuando escucho unos nudillos impactar contra la puerta de mi despacho.
Levanto la mirada por un segundo de la montaña de papeles que tengo esparcidos por todo mi escritorio. Alzo una ceja extrañada al ver a uno de mis hombres más fieles y antiguos en el umbral de mi despacho.

—¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?

—No, señora.—responde, mientras menea la cabeza.

—¿Entonces?—frunzo el ceño, cada vez más extrañada.

Normalmente él no es muy conversador, y rara vez pone un pie en la segunda planta de la mansión; para ser más específico en mi despacho. Así que el verlo aquí, tan repentinamente, es bastante extraño por no decir sospechoso.

—Señora.—vuelve hablar. —Sé que puede sonar muy abusado de mi parte, pero...

—¿Pero?—lo aliento con un ademán al escucharlo detenerse. Thomas, pasa nerviosamente una de sus enormes manos por su rubio—casi blanco—cabello, mientras sus ojos verdes-azulados se mueven de un lado hacia otro.

—Me preguntaba, claro con su permiso por supuesto, si podría tomarme el día de hoy.—dice al cabo de unos cuantos segundos en silencio.

Alzo ambas cejas, bastante sorprendida, pero casi que al instante vuelvo a fruncirlas. Llevandome una mano al mentón, me apoyo del todo al respaldo de mi alta silla giratoria de cuero. Escrudiño con la mirada al hombre en frente de mi. Thomas Wright, desde que tengo uso de razón nunca lo he visto irse de fiesta, como la gran mayoría de inútiles que trabajan para mi, rara vez se toma el tiempo libre que algunas ocasiones tiene para hacer otra cosa que no sea entrenar o ayudar a Kenya y a Drew con algunos trabajos que les encargo.

Clavo mis ojos negros en los suyos, que son de un interesante verde-azulado, y los cuales; me observan fijamente.

—Siéntate.—le señalo el cómodo sillón individual que hay en frente de mi. Pero el no hace el amago de moverse. Suspiro y cierro mis ojos. —No me hagas repetirlo, Thomas.

Abro los ojos, y él al ver la orden silenciosa de mi mirada no le queda de otra. Deja caer su fornido y alto cuerpo en uno de los sillones individuales mientras inconcientemente empieza a pasarse una mano por el cabello. Mientras el silencio entre ambos crece cada vez más, parece mucho más inquieto. No pierdo detalle de su expresión, así como tampoco que ha empezado el Tick de su pierna izquierda. Algo que suele sucederle siempre que está nervioso, ansioso o preocupado.

—He encontrado a Sheena.—suelta de sopetón tras un largo y tenso silencio. Mis cejas se alzan rápidamente y observo fijamente su rostro.

¿Sigue enamorado de esa traidora? 

—¿Y eso a mi me interesa porque...—alzo una ceja, esperando que capte que me interesa bien poco la vida de esa mujer. Todavía no se me olvida que escapó de mí mafia, algo que jamás ha ocurrido. Antes sales muerto.

—Yo sé que Sheena abusó de su confianza, señora. Al igual que sé que lo que hizo merece su muerte. Pero...—se queda sin terminar y rehuye de mi intensa mirada.

—¿Pero?—lo ánimo a continuar. Ya logró conseguir mi atención.

—Ha tenido un hijo.—susurra tensando la mandíbula. Mi ceño se frunce mucho más pero cuando estaba por decir algo, Thomas se me adelanta. —Y el padre de ese niño...soy yo.

¿¡Qué carajos!?

A duras penas controlo mi expresión, que si no fuera porque soy una profesional a la hora de esconder mis expresiones o sentimientos; estaría con la quijada literalmente desencajada por la sorpresa. Vuelvo apoyarme al respaldo de la silla y empiezo a girarla de izquierda a derecha, mientras bajo la mirada al borde de mi escritorio. Ahora entiendo los nervios, bien justificados, he de decir. Un suspiro sale de mis labios, peino mi cabello hacia atrás y no creyendo lo que estoy a punto de decir, pongo mi mirada en la suya; que inusualmente se ve un poco triste.



Vane Suárez

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En el texto hay: narcotrafico, romance, drogas amor y celos

Editado: 16.06.2019

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