Casado Con Una Mafiosa © [#1 Mortem]

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Capítulo 5.

DREY.

—Maldita sea...—gruño al escuchar a alguien llamar bastante fuerte e insistente a la puerta. Tapo con más fuerza mi cabeza con la almohada, pero aunque traté de ignorar el maldito e insistente golpeteo; no me queda de otra que abrir los ojos a  regañadientes. Toda una hazaña para ser sincero. No importa cuánto trate de mantener mis párpados elevados, ellos buscaban la manera de cerrarse. Todo mi cuerpo dolía, una terrible migraña estaba empezando a crecer en mis sienes, y si a eso le sumamos el ardor de mis ojos. Me sentía como la mismísima mierda.

Desde que llegué a esta mansión no he sido capaz de dormir, es mi primera vez teniendo tal problema de insomnio y aunque me gustaría culpar del todo lo sucedido con mi familia estaría mintiendo. Porque para mi maldita desgracia—porque eso es lo que es, una maldición—entre uno que otro recuerdo y pensamiento; se cuelga la imagen de unos intensos ojos negros, capaz de hacer estremecer al mismo diablo. Creo que estoy empezando a perder mi poca cordura, y si no es así, muy pronto la empezaré a perder si no duermo más de cinco horas.

—¡Carajo, que ya voy!—mascullo frustado y bastante enfadado cuando la insistencia persiste.

Finalmente en boxers, despeinado y con un humor de perros, me levanto pesadamente de aquella enorme cama king. Mis dedos se enrollan en el pomo plateado de esa robusta y pesada puerta, y de un tirón abro; tomando por sorpresa al que tocaba mi puerta como un desquiciado. Entrecierro mis ojos al ver aquel tipo...creo que se llamaba Derek. ¿Duke...¡Drew!

—¿Qué quieres?—gruño de mala gana. Ver su sonrisa demasiado divertida y alegre; sólo aumenta mi mal humor.

—Tu madre y tu hermana están preocupadas por ti.—dice mientras se encoje de hombros, dejándome con una expresion de lo más estupida en el rostro. —Hace varios minutos que esperan que bajes a desayunar.

—¿Qué?—pregunto, incapaz de creer lo que acaba de decir. Parpadeo espantando todo signo de sueño, frunzo el ceño, hasta el punto de casi convertir mis cejas en una sola. —¿Y a ti qué carajos te importa?

Una sonrisa de medio lado se forma en el rostro del tipo, casi diría que significativa. Mi desconfianza hacia él aumenta, y se lo hago ver en mi mirada.

—Bueno, si quieres desayunar el desayuno ya está servido.—dice, volviendose a escoger de hombros. Y símplemente se va por donde vino. Lo observo alejarse con el ceño fruncido.

Ese tipo es...raro. ¿A quién engaño? Todos en esta maldita mansión son raros.

Escogiendome de hombros, cierro la puerta un poco más fuerte de lo usual. Suspiro y alzo la mirada, encontrándome con aquella majestuosa habitación. Nada tiene que ver con la pequeña que compartía con mi hermana, hasta el baño es el triple de grande que nuestra habitación en Brooklyn. Todo, desde los muebles barnizados, hasta el mínimo detalle parece valer una millonada de dólares. Sin mencionar por supuesto la enorme cama king que incluso se ve pequeña en esa enorme habitación, y pensar que tanto espacio es para mí, es un poco incómodo por no decir intimidante. Nunca he tenido una habitación para mí, desde que tengo uso de razón siempre he compartido habitación con mi hermana. Incluso me sentiría feliz de tener una habitación como ésta, pero luego me acuerdo que aquella cama en la que dormí fue adquirida con dinero ilegal, hasta incluso pudo haber sido comprada con la muerte de algún desgraciado.

Maldita sea. ¿De qué sirve pensar en eso ahora? Ya dormiste en ella. Pienso con un sombrío humor. Meneo mi cabeza y paso una mano por mi cabello; frustrado. Todavía no puedo acostumbrarme a la idea. ¿Cómo es posible que mi vida haya cambiado tan radicalmente en tan solo unas cuantas horas o días? ¿Cómo es que la mujer que me trajo al mundo y me cuidó haya sido—o es—una asesina? ¿Y que mi padre no era realmente mi padre? Sólo recordar toda la conversación le aumenta más tension a mi cuerpo.

Un suspiro cansado escapa de mis labios, al final me resigno de buscarle respuestas a tantas preguntas, no creo que vaya a encontrarlas de todas formas. Así que en boxers camino hasta el vestidor, que personalmente creo que es exageradamente grande para mis pocas prendas, y tomo una camisa manga corta blanca; la cual paso por mi cabeza. Tomo unas Bermudas largas azules, y mientras ajusto el cierre, busco con la mirada mis gastadas tenis. Paso por un momento por el enorme baño de azulejos negros, e ignorando toda su majestuosidad, me lavo los dientes, mi cara y peino mi cabello lo mejor que puedo. Sólo cuando creo que finalmente volví a verme como un humano y no como un ogro, salgo con paso desganado de esa enorme y silenciosa habitación.

 Sólo cuando creo que finalmente volví a verme como un humano y no como un ogro, salgo con paso desganado de esa enorme y silenciosa habitación     



Vane Suárez

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En el texto hay: narcotrafico, romance, drogas amor y celos

Editado: 16.06.2019

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