Casado Con Una Mafiosa © [#1 Mortem]

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Capítulo 12.

DAKOTA.

—¿Quieres tomar algo?

Observo aquellos ojos almendrados, completamente negros. Shinobu me regala una sonrisa mientras hace una seña a uno de sus subordinados. El cual rápidamente se acerca y espera órdenes.

—Seguro. Un whisky no vendría nada mal.—respondo y me encojo de hombros.

Sin esperar a que me inviten a su mesa de juego, tomo asiento en una de las dos sillas que quedan libre y Dante se sienta en la otra. Shinobu sonríe de lado y le pide una ronda de tragos a uno de sus subordinados. Ignoro deliberadamente a los otros jugadores, porque me importa bien poco quiénes son, ya que con quien me interesa hablar es con Shinobu. De hecho me estorba sus presencias. Porque aunque son personas influyentes, no tienen suficiente poder para hacerme desear tener alguna conexión con ellos. Así que mientras una extraña tensión se forma en la mesa, esperamos en silencio a que llegue el alcohol; algo que no tarda en llegar pasados unos dos minutos cuando mucho.

De inmediato dejan un vaso de vidrio con hielo y whisky en frente de mí, así como los otros cuatro; incluido Dante, el único que decidió tomar otra cosa es Shinobu que esta vez se decidió por el vodka. Los seis brindamos, aunque sin tocar nuestros vasos, se podría decir que fue un brindis al aire.

—Y dime mi hermosa Atheris, ¿qué buena obra hemos hecho para que nos deleites con tu presencia?—pregunta el líder de los Yamaguchi-gumi tras unos dos o tres tragos.

Sonrío contra el vidrio del vaso. Supongo que no es muy normal verme abordar a alguien si no es por una razón oculta.

—¿Qué pasa, kumicho? ¿Tanta desconfianza me tienes?—pregunto con un ligero tono coqueto e inocente en mi tono de voz.

Un brillo inusual pasa por aquellos peligrosos ojos negros, a duras penas contiene una sonrisa.

—¿Debería?

Río y levanto mi vaso con whisky. Bebo todo su contenido. Si manejo con cautela esta única oportunidad, podré conseguir lo que juré en el lecho de muerte de mi madre; venganza. Este juego en el que hemos venido participando Demetrio Anderson y yo, ha llegado a su fin. Estoy harta, completamente cansada de prolongar lo inevitable.

—¿Tú que crees?—sonrío de medio lado, otorgándole una significativa mirada.

Aquellos ojos negros brillan extasiados, divertidamente crueles. Shinobu ama jugar, tiene un sentido del humor muy...interesante. Porque aunque él esté sonriendo y tenga una apariencia despreocupada, no quiere decir que no es capaz de dispararte entre ceja y ceja; es sólo una cuestión de saber jugar a su mismo juego. Ser capaz de manejar la situación.

—Eres una chica muy interesante señorita Atheris.—musita sin apartar esos ojos negros de los míos. —Has logrado despertar mi curiosidad y has conseguido llamar mi atención. Así que dime, ¿qué quieres?

Sonrío cuando al fin hace la pregunta correcta. Muy bien. Le doy una mirada de reojo a los demás, que de inmediato interpretan. Se levantan y nos dejan solos a Shinobu, Dante y a mi. Comparto una mirada con Kenya, la cual se encarga—junto con el subordinado de Dante—que nadie nos vaya a molestar.

—¿Tan serio es?—pregunta divertido al ver a los demás irse y como Kenya y Luka mantienen una postura vigilante. Río entre dientes y me encojo de hombros.

—Cuando hago negocios no me gusta que nadie me moleste.—respondo mientras cruzo los brazos a la altura de mi pecho. Shinobu levanta ambas cejas pero no me interrumpe, todo lo contrario, pero como no me gusta irme por las ramas decido ir directamente al punto. —Sé que sabes cuál es mi verdadero nombre, Shinobu. Puedo apostar a que tu subordinado sabe absolutamente toda mi vida por lo tanto seré directa. ¿Qué tanto odias a Demetrio?

La sonrisa de Shinobu se borra lentamente, comparte una mirada con su subordinado; al cual le dice u ordena algo en japonés. Lo observo inclinarse ante su jefe y caminar hasta llegar al lado de Kenya y Luka. Controlando mi expresión vuelvo a poner mi mirada en Shinobu, le da un trago a su vodka y se deja caer al respaldo de su silla de cuero. Sus ojos no se despegan de mi rostro, la intensidad con la que me observa pondría a cualquier nervioso, pero muy profundamente sé que no esperaba mis palabras. Incluso me atrevería a decir que lo he sorprendido, y para sorprender al líder de los Yamagushi-gumi es un privilegio muy limitado, por no decir imposible.

—Lo suficiente como para querer verlo muerto.—responde al cabo de un largo y tenso minuto, con un tono igual de neutro que su expresión. —Pero no puedo hacer nada contra él. Algo que supongo ya lo sabes.

Te devolvió tus palabras. Pienso divertida.

—Lo sé.—respondo sin ni una pizca de vergüenza al ser descubierta. —Sé que para los yakuza las decisiones, así como los tratados, relizados por sus pasados líderes son casi que irrompibles. Además no es lo único que sé...

Reprimo una sonrisa al ver como la expresión de Shinobu se altera por unos segundos, los suficientes para indicarme que el tema tocado es uno que provoca una reacción en él. Sus amplios hombros se tensan ligeramente, su oscura mirada adquiere un brillo sombrío. Claramente captó el significado de mis palabras, sabe que hablo de su esposa—o sería mejor decir ex esposa—la cual tuvo un cierto amorío con Demetrio. Pocas, muy pocas, personas saben sobre lo ocurrido.



Vane Suárez

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En el texto hay: narcotrafico, romance, drogas amor y celos

Editado: 16.06.2019

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