Casado Con Una Mafiosa © [#1 Mortem]

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Capítulo Final.

DAKOTA.

Frunzo el ceño cuando la música proveniente del reproductor se detiene y empieza a sonar un sonido de notificación. Corro mi mano y apreto un botón al lado del volante; que es para aceptar las llamadas.

—Atheris.—respondo mientras rayo a varios autos.

Buenos para nada que estorban.

Mi hermosa y peligrosa Jigoku no joō.—de inmediato la voz aterciopelada de Shinobu llena el interior de la camioneta. Sonrío ligeramente.

Kumicho, qué magnífica sorpresa.

Shinobu ríe, habla en japonés con alguien más por unos segundos. Aprovecho para seguir rayando a esos estorbo que van en frente de mí. ¿Qué mierdas hacen despiertos a ésta hora? Deberían de estar en sus casas y no estorbando en las carreteras.

Bueno querida Atheris.—su voz vuelve a llamar mi atención. —Imagino que sabes el motivo de mi llamada. Aquel asunto ya está resuelto, es más, hoy mismo tienen el vuelo.

Asiento aunque él no me pueda ver. Me mantengo en silencio por unos segundos, él también se mantiene en silencio. Hasta que un suspiro por su parte rompe el silencio.

¿Vas sola verdad?—pregunta en un tono que podría decir que es en parte resignación y en parte regaño. Hago una mueca con los labios. —Al final decidiste hacerlo a tu manera.

—No tengo tiempo, Shinobu. Si no lo hago ahora, no lo podré hacer nunca.—respondo con un tono de voz muy serio. —Además las cosas se estaban empezando a complicar, y no iba a poder matar al maldito de Demetrio en la cárcel.

Shinobu se mantiene en silencio. Suspira al final y sabe que tengo la razón. Él sabe que a veces tenemos que tomar decisiones apresuradas, pero aunque todo mundo cree que no tengo un plan, sí lo tengo. No sé si vaya a funcionar, pero lo tengo.

Lo entiendo.—responde después de unos segundos. —Espero ganes, Jigoku no joō.

—Sayōnara Kumicho.—me despido y cuelgo.

Siento todo mi cuerpo tensarse cuando entro a Los Ángeles, tomar una camioneta, luego un avión privado y por último otra camioneta, me tiene un poco distraída en cuanto a la hora. No sé qué hora es, y la verdad, me importa una mierda.

Sólo quiero que ésto acabe de una buena vez.

La mansión de Demetrio está en un punto un poco complicado, porque literalmente vive en una puta montaña, o bueno, sería mejor como una loma     

La mansión de Demetrio está en un punto un poco complicado, porque literalmente vive en una puta montaña, o bueno, sería mejor como una loma. El problema es que no hay casas cerca, lo que significa que sospechará si una buena cantidad de autos polarizados van hacia su mansión. Sé que él tiene cámaras en todos lados y simplemente no podemos llegar, matar y jalar. No. Primero tenemos que matar a los guardias que están afuera, al mismo tiempo hay que entrar a su sistema de seguridad y abrir los portones.

Así o más complicado.

Suspiro, me bajo de la camioneta cuando al fin logro llegar al lugar al que hace como una hora tenía que venir. Entro a la mansión, de inmediato varios pares de ojos se clavan en los míos. Busco con la mirada a Xavier, quien es el que se encarga de mis negocios en Los Ángeles, además de que es quien se está encargando de reunir a toda mi maldita mafia.

—Señora.

Con las manos escondidas en mi chaqueta, giro, encontrándome con los ojos marrones de Xavier.

—¿Cuánto tiempo tenemos?—pregunto yendo al grano. De reojo veo aparecer a Thomas y a Gilbert, me aguanto las ganas de poner los ojos en blanco.

—Toda la familia está adentro, si me lo pregunta éste momento sería perfecto.—responde Xavier de inmediato. —Los francotiradores están listos y tenemos a dos infiltrados en la mansión.

Asiento, bajo la mirada a la punta de mis botas, las cuales siguen igual de sucias. Muerdo sin poderlo evitar mi labio inferior.

—Thomas, se supone que tendrías que estar en Japón con Sheena y Sasha.—digo mientras levanto la mirada clavandola en aquellos ojos verdes azulados idénticos a unos que amo demasiado. —¿Qué mierdas estás haciendo aquí?

Thomas clava su mirada carente de expresividad en la mía, no se inmuta siquiera cuando mis ojos negros lo fulminan.

—No puedo dejarla sola, señora.

Levanto una ceja en su dirección, Gilbert a su lado asiente. Al final suspiro resignada. Ya están aquí, simplemente no puedo echarlos pero mientras a Kenya no se le dé también por desobedecerme. No me queda de otra.

—Bien, quiero que llamen a los chicos y que ellos se encarguen de todas las cámaras de éste lugar.—digo clavando la mirada en Gilbert y Thomas. —Necesito tener un grupo preparado por aquello que decidan escapar, si es así, no los maten sólo capturenlos. Y prepárense, porque ésto será una maldita masacre.



Vane Suárez

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En el texto hay: narcotrafico, romance, drogas amor y celos

Editado: 16.06.2019

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