Castle.

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IV

La noche anterior me desvele pensando en los Adam, no paro de pensar en su extraña manera de comportarse, pensar, en su diferente visión de las cosas Dios ellos son muy interesantes. Algo que tampoco deja mi cabeza es la forma en la que se comportaron luego de la llamada, se tensaron, el ambiente se podía cortar con una tijera, luego el hablo en un idioma que no logre entender, aparte de escribir en ese idioma, pude memorizar lo que dijo y lo busque en internet, la traducción salió del francés lo que decía era: "No es una broma"

Esa noche no dormí pero el poco rato que lo hice soñé con un chico pelirrojo el cual caminaba entre unos oscuros pasillos de una casa con estructura que se veía débil, a pesar que no pude ver su rostro ya que caminaba rápido alejándose de mí, parecía que iba a algún lugar, llámenme loca pero a pesar de no a verlo visto yo sabía que era él. Es sub realista que me pasara a mí pero muy cliché si comparamos alguna serie o libro; a la preparatoria llegan dos mellizos misteriosos y atractivos, son el misterio por su inesperada llegada y su indiferencia ante todo, y justo a mí me vienen a asignar para ayudarlos.

No le conté nada a mi madre sobre lo raros que son ya que conozco su posible reacción y no es de mi agrado. Ahora me encuentro guardando unas cosas en mi locker, de repente el ruidoso pasillo se vuelve silencio, yo muy normal continuo en mis cosas, alguien aclara su garganta detrás de mí, ahora entiendo.

—Buenos días Stella. —saludan los mellizos al unísono y con una tonalidad neutral dándole un pequeño toque macabro a su saludo.

—Buenos días chicos. —respondo con simpleza y una sonrisa en el rostro.

—Dejaste esto en casa ayer. —Ryan me entrega mi cartuchera de lápices.

—Cielos ni cuenta me di, gracias, salvaron mi día. —ellos se miraron entre sí.

—No tienes que agradecernos.

—Nos vemos luego. —se despide Ryan.

Al llegar a el salón los mellizos ya están sentados en la parte trasera uno mira al otro mientras conversan, yo me siento adelante junto a Emma.

—Están de muerte. _se acerca a susurrar me. —Literalmente.

—Lo sé. —respondo.

El profesor de literatura llega saludando a todos muy animadamente, pide a la clase un voluntario para leer el siguiente capítulo de la obra que se inició ayer, los pelirrojos alzan las manos ofreciéndose y el resto baja la suya. ¡Vaya!. Roxanna baja la mano dejando a Ryan como la única opción, el profesor le entrega el libro.

Él se pone de pie, toma el libro en sus manos y aclara su garganta antes de iniciar a narrar.

Su grabe y varonil voz hace eco en todo el silencioso salón, suena como locutor y si su hermana leía correctamente el lee perfecto, juro por Dios que es como ir a otra dimensión donde solo está él, las cosas a mi alrededor desaparecen solo lo veo a él en su perfecta camisa negra, solo escucho su voz y podría decir que esto es hasta excitante, por un momento me parece que el solo lee para mí. No sé si es mi imaginación pero cuando acabo la lectura le dio el libro al profesor y volvió a su asiento, no sin antes guiñarme un ojo como si supiera el toque erótico que tenía o lo que provocaba en mí.

Luego de literalmente babearme toda la clase pensando en su lectura me costó mucho enfocarme en las demás clases pero gracias a Dios pude y todo perfecto. Una vez en la cafetería Emma y yo nos sentamos juntas y empezamos a hablar sobre The 100 la serie que ambas estamos viendo, de repente un silencio sepulcral se hace presente en lo que antes era la ruidosa cafetería, podía caerse una aguja y se escucharía a la perfección, yo miro a la entrada sospechando que puede ser y si en efecto ambos hermanos están parados en las puertas dobles con esa expresión de indiferencia que siempre tienen, ellos caminan entre los chicos acercándose a la cocinera.

—¡VAMOS GENTE QUE SON CHICOS NORMALES SOLO QUE MELLIZOS! —grita Sebastián poniéndose de pie. —¡YA DÉJENLOS EN PAZ SALGAN DE ESE TRANCE O LO QUE SEA, SE QUE SON ATRACTIVOS PERO VAMOS CONTROLEN LAS HORMONAS Y TESTOSTERONA! —vuelve a gritar, los mellizos lo miran agradecidos y asienten con una sonrisa genuina acto que el imita antes de volver a sentarse, los murmullos regresan en menor tonalidad pero regresan.

Miro en dirección a Delaney ya que ella está sentada a una mesa de Sebastián, tiene una cara de molestia que solo ella entiende, Sebastián mira en su dirección antes de tomar su móvil.

Nosotras terminamos nuestra comida muy normal, nuestra conversación y la hora de descanso acaba, Emma se adelanta mientras que yo voy por agua, curiosamente ahí me topo con Ryan obvio yo voy delante, siento que alguien toca mi hombro y miro en su dirección, lo veo a él mirando su móvil así que continuo con lo que estaba haciendo pero el mismo toque vuelve y yo gruño, lo ignoro e intento coger mi agua cuando...

—Stella te vas a caer. —me da un leve empujón y coge mi agua.

—Deja de empujarme tonto y dejare de caerme. —me cruzo de brazos, el vuelve a empujarme.

—Que lenta eres.

—Y yo pensando que solo hablabas con Roxanna. —menciono cogiendo otra agua.

—Hago excepciones.

—Que honor. —hablo sarcástica, intento destapar el agua pero no puedo.

—Permíteme. —dice refiriéndose al agua y le sedo. —Que debilucha. —la abre.

—O tú eres muy fuerte. —rebatí señalándolo. —Adiós aun debo ir por mis cosas y ya vamos tarde.

—Te acompaño, no me molesta llegar tarde a clase y a diferencia del resto yo tengo permiso para hacerlo. —hago un gesto con la cabeza para que me siga y eso hace.

—¿Por qué puedes llegar tarde?

—Porque estoy enfermo. —dice como si nada.

—¿Qué?

—Exactamente lo que oíste. —me detengo en el casillero y lo abro, saco mis libros mientras pienso la mejor manera de preguntar.

—¿Enfermo de qué? —suelto sin más, de nada sirvió pensar.

Me giro en su dirección y noto lo cerca de mí que esta, no puedo evitar ponerme nerviosa por la cercanía. Sus ojos se pasean por mi rostro como si lo examinara, ciento su mano en mi brazo por lo que miro en esa dirección, el me da un leve empujoncito acercándome más a los casilleros.



Yoly Moya

Editado: 26.01.2020

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