Casualidad O Causalidad

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CAPITULO 1: A SIMPLE VISTA

Nuestra naturaleza nos lleva a tener pensamientos que juzguen lo que observamos por vez primera, otorgando un significado muchas veces erróneo, por ello tengamos presente que más allá de nuestra vista, se esconden acontecimientos, frases o sentimientos que nos demuestran que lo percibido no es lo que parece. Todo suceso lo precede una causa y el desenlace que tenga dependerá de nuestra reacción frente al mismo.

 “La vida es muy corta para estar razonando ante los disparos del corazón, por ello deja de detenerlo y navega una sola vez por ese primer impulso de pasión”

                                                                      Eva González.

El desespero invadía el lugar ¿Dónde estaban los salvavidas? ¿Cómo era posible que en una playa tan recurrida no hubiese alguien que fuera a rescatar a ese hombre? Sentí debía hacer algo, por lo que interrumpí mi caminata diaria y le pedí prestado un flotador en forma de tiburón a un hombre que minutos antes había estado jugando con su hijo. Nade rápidamente y al llegar a él, estaba inconsciente, por lo que lo subí sobre el flotador y me sumergí mientras con una de mis manos halaba para llegar a la orilla y así nos manteníamos una distancia segura que no pusiera en peligro el rescate. “Que pesado es” pensé, para dar un poco de gracia a aquel trágico momento. Se oían gritos por doquier, pero nadie hacia nada por ayudarle, así que me convertí en la heroína de aquella escena que casi acaba con la vida del galán que se volvería protagonista de mi triste historia.

Estando sobre la arena, el hombre no reaccionaba, el oxígeno se estaba agotando en sus pulmones, así que era momento de poner a prueba mis conocimientos médicos y hacer una reanimación cardiopulmonar: uno, dos, tres; uno, dos, tres, repetía una y otra vez mientras presionaba su pecho para lograr que el agua que había ingresado a su cuerpo, saliera.

-Necesito que por favor se alejen. Disminuyen el oxígeno estando tan cerca.

Se oían murmullos y todos estaban a la expectativa de ver reaccionar al chico, cuando de repente, una chica se escabullo entre la gente y gritaba “estoy con él, permiso, permiso; abran paso, necesito verle”. En ese instante, el chico expulso el agua que había entrado a sus pulmones y tocia fuertemente. La gente gritaba de alegría al ver que había vuelto a reaccionar y me felicitaban por haber hecho “la obra del día”.

- ¿Cómo va a estar? -Preguntó la chica.

-Estará mucho mejor. -Contesté. - ¿Eres su novia? Necesita ser llevado a un hospital.

-Viene una ambulancia en camino. -Respondió un señor que se encontraba presente.

En ese momento aparecieron de la nada dos salvavidas preguntando quien había sido la persona que, la corriente lo había tomado por sorpresa.

-Es Daniel Olivero. Estábamos nadando, pero cuando sentimos que una corriente nos sumergía intentamos salir, pero él no lo logro. -Dijo ella.

-De no haber sido por esta jovencita, éste hombre estaría muerto. -Dijo el señor. - ¿Quién es usted? Preguntó.

-Soy Sara.

- ¿Eres rescatista?

-No, estudio medicina, pero me defiendo un poco en la natación. -Respondí.

-De no haber sido por ti, no estaría aquí. -Dijo el chico que, a duras penas, podía medio hablar.

-Necesitas ir a un hospital. Acaba de llegar la ambulancia.

Los paramédicos pusieron la camilla debajo de él para poderlo levantar y subirlo a la ambulancia que lo trasladaría al hospital más cercano, que se encontraba a unos diez minutos de distancia. La gente me abrazaba y me daban las gracias por haber sido la única con el valor para ir a rescatar a un desconocido. Me sentía agotada, pero a la vez estaba satisfecha, porque cuando me sumergí lo hice por instinto de conservación y no por algún interés a ser elogiada por los presentes en el lugar.

-Quédate aquí, iré solo. -Alcancé a escuchar cuando el chico le dijo a la mujer que, lo acompañaba.



Jeanette A Sanchez L

Editado: 15.01.2019

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