Casualidad O Causalidad

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CAPITULO 3: ENAMORÁNDONOS

¿Alguna vez has mentido? Todos de forma piadosa lo hemos hecho para no herir o por salir bien de alguna situación y aunque no justifico el engaño no siempre es momento indicado para decir la verdad, por ello debemos saber cuándo hacerlo y no utilizarlo como medio de defensa. Aquellas personas que son expertas en esto de mentir, también les llega su momento de ser descubiertos, pues la verdad siempre sale a flote si sabemos agudizar nuestros sentidos y, ¡valorar las experiencias!

"El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera"

Alexander Pope.

Transcurrieron dos semanas en las que él y yo íbamos todas las mañanas a trotar en la playa, lo cual se convirtió en uno de sus planes preferidos. Creía que era sincero en su forma de ser y lograba conquistarme con cada acto, incluso cuando se enojaba, para mí era perfecto. Sentía que las vacaciones estaban siendo las mejores que había vivido, porque mi amistad con Tifani cada día se fortalecía más, mi relación con Daniel iba creciendo y todo avanzaba de manera tranquila. ¿Cómo no enamorarme si era el prototipo de hombre que deseaba como mujer? Lo más importante en un noviazgo es la atención y el tiempo que puedes dedicarle a la persona que amas y él utilizaba esas dos aristas a su favor, lo que no sabía era que sus armas letales me harían sentir en un momento de mi vida, que no podía continuar sin él, pero agradezco que todo haya sucedido de esa manera porque es en esos momentos donde puedes demostrar tu fortaleza.

Cuando salía de clases de piano, iba con Ti a tomarnos un café, charlábamos sobre su relación con Ismael y la felicidad que irradiaba adornaba todo su ser, haciéndola ver más esbelta y joven, porque su esposo era más especial, que incluso antes. Habían recuperado la unión que durante un tiempo se perdió.

Mi rutina con Daniel era trotar un rato agarrados de la mano, sin decirnos ni una palabra y solo disfrutando de nuestra compañía; al finalizar, nos sentábamos en la orilla del mar y Ferchito, el vendedor de paletas, nos traía nuestras favoritas: Fresa y mora. Después, nos acostábamos en la arena y veíamos la forma de las nubes, mientras las contábamos y cuando llegábamos a cincuenta, cerrábamos nuestros ojos, finalizando lo que para mí era purificar el alma y él lo llamaba terapia de relajación.

-Reina ¿Cuándo completas las cien cartas para tu padre?

-En siete días.

- ¿Puedo acompañarte a traérselas?

Era algo nuevo, porque estaba acostumbrada a traerlas sola, ni siquiera mi madre me acompañaba porque ella guardaba un resentimiento hacia mi padre y por más que trataba de entender cuáles eran sus razones, no me dejaba descubrirla; sin embargo, se excusaba diciendo que él nunca la escucho cuando le pedía que se cuidara y por no hacerlo, fue que la muerte se lo llevo.

- ¿Por qué piensas tanto? ¿No quieres que te acompañe?

Bajé un poco mi mirada y respondí: -Nunca he hecho esto con nadie. Éste es uno de los momentos más importantes de mi vida.

-La vida se trata de vivir nuevas experiencias, de valorar los momentos que nos hacen felices en compañía de quienes amamos y quiero estar contigo en este proceso. No quiero que estés sola nunca más, porque quiero protegerte.

¿Creen ustedes que hubiese sido justo decirle que no, después de lograr conquistarme con su delicadeza? ¡Hacia que fuera imposible decirle que no!

-Tienes razón. Está bien, seguramente será muy lindo verte allí en ese momento.

-Lo será preciosa. Quiero descubrir cada una de tus facetas y apoyarte en todo, incluso aquello en lo que crees que no me necesitas.

Él se acercó para darme un apasionante beso y alcanzamos a oír cuando Ferchito decía: “mis tiempos con mi vieja… que bella era la juventud”. Minutos después se acercó y nos aconsejó que debíamos valorar el tiempo que la vida nos dejara estar juntos, porque al no poderla comprar ni siquiera con todo el dinero, los diamantes o los metales más costosos, no sabremos cuando sea la última vez que podamos respirar, amar y sonreír, por eso todo aquello que nos permitiera sentir felicidad debíamos valorarlo y más cuando era en compañía de seres queridos. Él anciano era un hombre muy sabio, de aproximadamente unos ochenta años y estaba solo porque años atrás en un trágico accidente, su familia falleció. 

Mientras almorzábamos recordé a su madre, por lo que no evite preguntarle porque no estaba trabajando donde ella vivía e inmediatamente se puso tenso e inquieto. Los seres humanos por naturaleza utilizamos mucho el lenguaje corporal, en especial movemos mucho las manos inconscientemente para enfatizar más y explicar mejor lo que estamos expresando, mientras que estemos seguros de lo que decimos. Una persona que es experta en mentiras, controla mucho sus gestos y colocan sus manos detrás del cuerpo, entre los bolsillos o incluso cruzan sus brazos. Este gesto corporal implica un bloqueo para ellos, lo que significa su intento por “controlar la verdad”.



Jeanette A Sanchez L

Editado: 15.01.2019

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