Cayendo por ti

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Capítulo 2

La cordillera de los andes se veía clara y nevada por la ventana del metro luego de la lluvia torrencial de los últimos días. La gente subía y bajaba en cada estación mientras Mak miraba intensamente a Daniel, intentando grabar a fuego en su mente cada detalle del guapo chico que había conocido esa tarde. Y es que Mak jamás había visto a un chico tan guapo como Daniel en su vida entera, solo en películas, en publicidad masculina o simplemente cuando se imaginaba a los protagonistas de las historias que tanto le gustaba leer. Quería cada pequeño detalle de Daniel guardado en su memoria, su frente amplia, sus cejas semi pobladas sobre unos ojos serios, oscuros y rasgados rodeados de unas definidas y negras pestañas, siguiendo por su nariz ancha y redonda que parecía estar perfectamente en el centro de su rostro, unos labios medio carnosos, rosados, apetecibles y suaves que llevaban a un mentón recto y masculino que dejaba entrever una barba de unos pocos días, con varias pecas salpicadas sobre su rostro más parecidas a estrellas y todo eso enmarcado por un cabello rizado, castaño y sedoso que le llegaba hasta la altura de las orejas, haciéndole caer pequeños risitos sobre los ojos.

A Mak le gustaba tomar fotografías mentales, algo bello, armónico, colorido o caótico, como una tormenta eléctrica en una noche de verano, un colibrí alimentándose de unas flores en el cerro Santa Lucía o la luz del sol traspasando las hojas de un arbol en alguna calle de Santiago.

Mak quería guardar para siempre esta imagen casi perfecta de Daniel rodeado de gente común y corriente en un lugar tan normal y sin brillo como el metro, un entorno que solo lo hacía resaltar aun más.

-Mak, ¿estás bien? -le preguntó una voz lejana. - ¡Amaike!

- Ay, no me digas así - dijo Mak con molestia - ¿me hablabas?

-No entiendo que es lo que te pasa, Mak - le dijo preocupada Cris. - Te preguntaré de nuevo, ¿quieres palta para la once?

-Sí, sí, lo que tu elijas estará bien - le dijo Mak a su amiga mientras tomaba el carrito del supermercado y sus pensamientos iban de nuevo al chico de cabello castaño, ojos oscuros y sonrisa encantadora que había conocido en el metro la semana pasada.

Mak acostumbraba a obsesionarse un poco con cosas que veía o escuchaba. El día que llego a casa luego de conocer a Daniel, se encerró en su cuarto a escribir el contorno de su rostro en contraste con la luz y como la piel de sus manos era tan blanca que se traslucían sus venas. Le solía ocurrir por días hasta que otra cosa llamaba más su atención, como cuando vio por primera vez un picaflor en el patio de la casa de sus padres, estuvo 4 días encerrada en su habitación buscando los colores exactos que tenía la pequeña avecilla para poder retratarla, se le quito cuando vio una obra en el Anfiteatro Bellas Artes llamada La dernière danse de Brigitte que la dejó completamente extasiada por las emociones que sintió, estuvo 2 días buscando información sobre la música, aprendiéndose un par de canciones en piano hasta que encontró un taller de tap que la hizo sentir plena por 5 meses completos. Mak era de emociones intensas y le gustaba que todo en su vida fuera así.

Comúnmente se demoraba en comentarle a Cris y Baltazar, sus compañeros de departamento y mejores amigos, cuando algo la obsesionaba. Cuando se ponía así, Cris decía que parecía un alma errante tratando de guardar desesperadamente aunque sea un poco de luz y belleza en su vida. Baltazar opinaba que a los artistas solía ocurrirles eso, por eso no la presionaban demasiado, a ellos les pasaba algo parecido pero en menor intensidad. Baltazar podía aprender a tocar un instrumento nuevo en una tarde y Cris se perdía fines de semana completos haciendo un retrato.

Llegaron a la caja entre tropiezos de Mak con las demás personas, había fila y debían esperar. Cris intentó indagar sobre lo que tenía atrapada a su amiga en sus pensamientos.

- Y... ¿qué hiciste la semana pasada? Siento que casi ni conversamos - le dijo Cris para romper el hielo.

-Mh, no mucho, fui a hacerme curaciones por lo de la pierna y tuve que andar en ese horroroso infierno llamado metro.

-Que bien, ¿tu pierna está mejor? Comúnmente no vas al médico para nada. ¿Viste algo o conociste a alguien que llamara tu atención para volver? Uh, tal vez el médico era guapo.

-No, el médico es un cuarentón, sabes que no me fijo en gente mayor.

-Claaro - respondió Cris, mirándola directamente a los ojos mientras avanzaba la fila.

- Conocí a alguien en el metro y esperaba encontrarlo en el camino, pero no lo vi más.

Mak vio como su amiga le ponía una mirada coqueta y pícara. Estaba mal pensando las cosas, ella solo quería volver a ver a Daniel para seguir con la gran inspiración en sus historias. Era un protagonista perfecto y lo que la hacía sentir no podía desperdiciarse, o eso intentaba hacerse creer. La verdad es que estaba medio prendada por él, el chico era un experto en hacer sentir lindas y queridas a las chicas, a veces hasta ni se daba cuenta cuando lo hacía, lo que le había traído más de un problema con las novias de sus amigos.

Mak era una chica romántica, y aunque había tenido desilusiones en el pasado, su corazón no lograba engancharse de un chico bueno que no la utilizara. El corazón puede ser un poco idiota de vez en cuando, pero como dice una novela juvenil que Mak ha leido un par de veces: 'Aceptamos el amor que creemos merecer'.



Daria Videz Jia

Editado: 03.08.2019

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