Cazadores de Sombras - El Dorado 1: Sueños Buscados

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12- Noches Estrelladas.

Equipo "B"

 

Thiago no parecía comprender los secretos que guardaba Carolina. A veces le resultaba rara y compleja, pero eso le fascinaba. Esperaría cuando ella estuviera lista para contarle todo, porque siempre la esperaría. 

Al lado de él, se encontraba Niord con las muñecas juntadas a causa de las  esposas especiales que estaban repletas de runas marcadas. Honores de Eliezer, quien no se fiaba del príncipe del Río Amazonas. 

Suspiró. 

Resultaba extraño, pero Thiago era de los pocos del grupo que confiaba en Niord. Las manos de él, sostenían su antebrazo, jalándolo a la dirección que Carolina y Evangeline se apresuraban en llegar por delante de ellos. 

Para sorpresa de todos, Niord había aprendido a caminar con facilidad, y ahora este se desplazaba con firmeza y naturalidad por las llanuras de la selva tropical con sus coloridos ojos vigilando a Carolina; protegiéndola y cuidándola a la distancia de las oscuras garras del mal.

Thiago sonrió de la ironía, él también hacía lo mismo.

— Ella es una maravillosa y valerosa mujer —comentó la voz de Niord, jamás quitando la vista de Carolina—, pero está llena de secretos y eso la hace aún más interesante.

Thiago lo observó de reojo, más no dijo nada.

— Sé que piensas de la misma manera, Thiago Hernández —siguió él—. He notada como la observa. Le darías cualquier cosa solo por verla feliz, incluso tu propia vida o terminar el de alguien más. Yo lo haría, o es ¿qué acaso tú no?

Para salvarle la vida, por supuesto que lo haría, pensó Thiago. Y sin pensarlo.

A medida que entraban al corazón del Amazonas; la espesa y abundante vegetación los tragaba ralentizando sus pasos. El ruido de la fauna yendo a su cúspide más alta, les recordaba que ellos eran nada más que invasores en su hábitat, pero algo extraño e inusual faltaba. Dos voces; una Venezolana y la otra Nicaragüense, discutiendo por cosas triviales y sin sentido.

Thiago volteó ligeramente la cabeza hacia atrás, cayendo en la cuenta que ni Jairo, ni Alicia andaban junto a ellos.

¿Dónde se habían metido?

Volvió la vista al frente para observar cómo el cuerpo de Carolina, lentamente se desvanecía en la tierra. Una pluma cayendo en los brazos de la madre tierra.

Thiago saltó de la impresión, dejando de sujetar a Niord, corrió. 

El corazón le temblaba del miedo. Visiones de Carolina aparecieron en la mente de él; riendo, conversando, jugando y bailando.

No era él único que había llegado hasta ella. 

Con el rabillo de su ojo izquierdo, notó como Niord con un poco de dificultad generada por las esposas, se hallaba a su lado.

Evangeline sujetaba a Carolina, tratando de ponerla de pie. Para el alivio de Thiago, ella estaba consciente, aunque se retorcía de dolor y no dejaba de tocar la parte derecha de su costilla; como si la hubieran apuñalado de verdad.

Tomó un tiempo para que finalmente el cuerpo de Carolina se estableciera, volviendo a estar firme y erguida de nuevo.

— Algo le pasó a Alicia —vociferó Carolina, su entrecejo estaba fruncido; buscando la procedencia de su parabatai con ahínco. Al ver como no la encontraba, la mirada castaña terminó en Thiago—. ¿Dónde está ella?

—Eso justo te iba a preguntar, pero...—él no terminó de completar la oración, puesto que Carolina, y en su asombro los demás, incluso Niord; corrían a un lugar en específico.

A unos metros, Jairo avanzaba con muchísimo esfuerzo para avanzar contra la salvaje maleza, teniendo a una casi inconsciente Alicia yaciendo sobre sus brazos.

— ¡Jairo! —chilló la voz pasmada de Carolina al verlos. Thiago corrió rápidamente hacia todos ellos, quienes estaban reunidos alrededor de Jairo y de una inconsciente Alicia. La parte derecha de su traje de batalla estaba rasgada y cubierta de sangre seca, mostrando un poco de piel en la parte de su costilla derecha, y un iratze— ¿Dónde rayos has metido a mi parabatai? 

Un leve quejido sonó. 

— Shhh..tranquilízate Carol —inquirió Alicia, su voz sonando a más como un susurro. Estaba consciente—. He sido yo quien ha llevado a Jairo fuera de la línea de búsqueda, sólo deseaba relajarme por unos instantes. Ya sabes, beber un poco de agua y observar el paisaje, pero no te hice caso acerca de tus advertencia de los demonios por esta zona, y como verás recibí mi merecido.

— Casi me da un susto, cuando noté que la iratze que le puse no funcionó —comentó Jairo en un suspiro de alivio, bajando de sus brazos al delicado cuerpo de Alicia. Asegurándose de que ella estuviera estabilizada en el piso—. Pero tal parece que funcionó al final.

Thiago no podía estar más que de acuerdo con Jairo. Al recordar como Carolina había estado hace unos minutos atrás, aturdida por el dolor de su parabatai y asustada por el temor de perderla.

Carolina con la cara aún fruncida de la seriedad, caminó hacia Jairo, detuvo sus pasos y lo miró cara a cara por unos tensos momentos, y entonces lo abrazó. 



Ros G

Editado: 26.09.2019

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