Celestial (luz de medianoche)

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Un nuevo despertar

Capítulo 2: Un nuevo despertar

 

Sentir el aire acariciar mis fosas nasales es vida. Es la sensación más agradable que se pueda experimentar, me dejo regocijar por esa sensación tan reconfortante, al mismo tiempo que una caricia… susurros… abro los ojos, la luz brillante me lastima un poco los ojos lo que me hace pestañear continuamente hasta adaptarme.

—¡Gracias al cielo! Está bien —escucho una exclamación eufórica, reconozco la voz como la de Anastasia. También hay algunas suaves palabras que la hacen silenciar.

—Si no se calman tendrán que abandonar la habitación —me sorprende un poco escuchar la voz de Geraldine llena de alivio. Recorro la habitación con la mirada, es la acogida habitación de la enfermería el lugar en donde he pasado la mayor parte de mi tiempo aquí en la academia, la mayoría de las ocasiones termino aquí, en la misma camilla. Mis visitas a la enfermería son bastante constantes.

Todos mis amigos están aquí, no puedo creer que le hayan permitido permanecer a todos dentro de la habitación. La sonrisa de Anastasia parece no caberle en el rostro, sus rizos están alborotados y hay profundas ojeras por debajo de sus ojos, su sonrisa las disimula muy bien. Ronald, se ve cansado una media sonrisa se dibuja en sus labios mientras abraza a su novia por la cintura y descansa su cabeza sobre su hombro. Siento que algo en ellos no encaja, dejo de mirar sus rostros y me enfoco en sus cuerpos. Me incorporo de inmediato aun cuando un mareo me hace perder la visión por un par de segundos y una sobreprotectora argel me susurra que no debo moverme con brusquedad, el único adulto en esta sala.

—Estoy bien, Geraldine —la tranquilizo. Pone un par de almohadas en mi espalda y enfoco nuevamente mi vista sobre ellos dos, sus ropas son un desastre creo que hasta tienen manchas de sangre seca, rasguños… rápidamente doy un vistazo a los demás. Karla, que es un lobo, tiene el rostro arañado y una profunda herida en el brazo que no se ha dedicado a limpiar ni curar.

—Bueno no estaban solos —expresa como única explicación. Sus ojos parecen más grande de lo normal, y sus pupilas son de un color amarillento mezclado con motas marrones, y su respiración es desigual —, y acabo de llegar. Me alegra que estés viva.

Se da la vuelta y cierra la puerta tras ella.

Romina, mi amiga la vampira esta cruzada de brazos y el ceño fruncido. Ahora soy yo la que da una tímida sonrisa, la vampira está muy enojada y tiene razón para estarlo. Di mi vida sin pensarlo, y estoy segura de que recibiré un buen sermón por mis decisiones. Sus ojos están inyectados de sangre, profundos y fríos. No me sorprende esa es su naturaleza, al igual que la de mi novio. En estos momentos no sabría decir quien está más enojado, sus caras reflejan lo mismo. Santiago toma un suspiro, pero mantiene la misma posición que Romina. Ambos tienen laceraciones en los brazos, y hasta en las piernas, su pantalón tiene aberturas que antes no estaban allí.

Quien se encuentra peor es Dimas, sostiene su brazo izquierdo con un improvisado cabestrillo. ¡Oh Dios! ¿Qué ha pasado en mi ausencia?

—¿Que ha pasado? —pregunto con preocupación. Lo último que recuerdo es haberme entregado a mi hermana para que liberar a Daniel, pero es obvio que paso mucho más.

—Pues Karla lo ha dicho claramente —afirma Romina con dureza, hasta un poco de reproche pude notar.

En momentos como este es cuando más le tengo miedo a mi querida amiga, y pensar que vivimos en el mismo espacio por suerte no compartimos dormitorio.

—Porque no salen y me dejan a mí explicarles — propone Geraldine. Nadie se mueve, todos tienes sus ojos fijos en mi como si me acorralaran. Mis decisiones son la razón de estén molestos—. Salgan —la orden me hace doler un poco la cabeza y también los hace moverse a la salida.

Santiago antes de irse, deja un casto beso en mi mejilla. La puerta se cierra y Dimas permanece dentro de la habitación. Sus ojos se ven cansados, necesita un buen sueño pero sus intenciones dicen que no pretende ir a ningún lado.

—Dimas necesitas descansar —la voz de Geraldine es maternal, cálida como la caricia de los rayos del sol al amanecer.

—Solo quiero que sepas que más que enojados, están preocupados y hasta se cuestionan a ellos mismo el no haber estado ahí, el no poder hacer nada. Estabas muerta Dessire, completamente muerta cuando entraste a la enfermería.

Tomo aire y lo contengo mientras rememoro la carrera con Romina. Desde el principio supe que algo andaba mal, pero mis instintos no fueron claros… la carrera comenzó, la adrenalina fluyendo por mis venas y entonces apareció ella, mi hermana que creí muerta hace muchos años, con un hermano que ni siquiera debe recordarme, él solo era un bebé cuando morí. La cuestión es, que me vi obligada entre decidir verlo como las garras del infierno lo reclamaban, o dejar que me reclamara a mí. ¿Cómo saber si la elección fue la correcta?, es decir, tome su lugar. Le di el placer al príncipe de las tinieblas de verme regresar por mis propios medios, y de la mimas forma salí de ese lugar. Sin embargo, me siento obligada a salvar un alma inocente del infierno que yo he vivido y eso significa que él conoce mi debilidad. Hasta ahora es que me detengo a pensar en eso.



Nomi Saez

Editado: 01.10.2019

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