Cello Suite

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¿PARA TODA LA VIDA? (II)— Meno forte

—Esa noche mi corazón aprendió a amar sin reservas y mi mente a dejar el miedo de lado. Dos cosas que Chiara me dejó. No sabía si luego me arrepentiría de entregarme tanto, si la mejor decisión era seguir como siempre, cerrándole el alma a todos. Lo cierto es que Chiara se convirtió en mi razón de ser.

El señor Leo parecía recordar con especial nostalgia, su vista se perdió entre las nubes haciendo que las lágrimas que se asomaban por sus ojos no salieran. Su sentimiento me contagiaba tanto que aunque no me hubiera contado aun nada triste, yo ya estaba llorando, aunque seguramente fuera por mi sensibilidad; era esa nostalgia que viene recordando los días felices, sabiendo que nada de eso volverá a ser nunca.

***

Chiara entró al auto en silencio, me hubiera gustado saber qué pasaba por su mente, porque yo no podía dejar de pensar en el cariño que mi abuelo le había expresado y en cómo se había abierto a ella; mucho más de lo que se había acercado alguna vez a mí.

—Creo que le agradé al señor Andrés, ¿verdad?— dijo después de un rato callada.

—Decir que le agradaste es poco, chiquita. Me alegró muchísimo ver al abuelo sonreír tanto, y es gracias a ti — agradecí sinceramente.

—Es como te dije, todo es más fácil de llevar cuando las personas que quieres están contigo —. Dijo con la voz cada vez más baja, hizo una pausa y se volvió a verme. —¿Podrías parar, por favor?

Desaceleré inquieto y me volví a verla preocupado por su salud o algo parecido. No la vi enferma, pero si intranquila.

—¿Te sientes bien, pequeña?— pregunté mientras me estacionaba.

—Me sigue faltando algo —. Se desabrochó el cinturón de seguridad y me tomó de la mano.

No entendí a qué se refería, pero no me dejó pensar más. Tiró de mi mano haciendo que pasara detrás de ella, colocándola en su espalda y se acercó a mi despacio, con algo de cautela.

—No escapes más de mí, Leo.

No, ya no iba a hacerlo, la quería en mi vida y la quería para siempre, era yo quien no la dejaría escapar nunca de mí. La atraje hacia mí desde su espalda, tratando de tomar la iniciativa, la volvería a tener en mis brazos. Vi en sus ojos la necesidad de estar a mi lado y mis dudas se disiparon. Ella se sentó a horcajadas sobre mí, sorprendiéndome y haciendo desaparecer la distancia entre los dos. No necesitamos decir nada más, mientras nuestros labios se unían en el beso más sincero, nuestras almas se entrelazaban llenas de dicha al poder estar juntas por fin; dos almas que no querían separarse.

El sabor salado de una lágrima hizo que me detuviera, Chiara volvía a llorar.

—Estoy contigo, pequeña. Vas a tenerme por muchísimo rato más después de esto—. Volví a besarla con ternura. —Ya no llores.

—Lloro porque me haces feliz— me abrazó y se acomodó en mi pecho, daba la impresión de que estaba hecha para quedarse en ese lugar.

—¿Tu me vas a querer? Quédate conmigo—. Le acaricié el cabello.

—Estoy contigo, ¿acaso no me ves?— Dedicándome una sonrisa,  me acercó a ella despeinándome el cabello y volvió a besarme.

Sus besos parecían decirme que podía confiar en ella, que de nada servía la duda, que tenía su cariño para mí. Solo podía devolverle ese cariño con más besos; nada más importaba si la tenía conmigo.

Mi teléfono sonó, sacándonos de nuestro universo.

—¡Ya es tarde, Leo! ¡Tu madre nos espera! ¿Es ella?— Dijo Chiara regresando a su asiento

Solo alcancé a negar con la cabeza, le mostré a Chiara la pantalla y le extendí el teléfono para que atendiera la llamada.

—Buenas noche, joven. ¿Qué quiere de Leonel?— hizo una entonación seria, aunque no pudo mantener esa seriedad mucho tiempo más porque comenzó a reír.

Puse el auto en marcha, aunque no era mi madre quien llamaba, si nos estaba esperando. El responsable de arruinar nuestro ambiente era Alejandro. Chiara sin dejar de reír, puso la llamada en altavoz.

—¡Chiara! No quiero nada de él, quería saber cómo estaban.— Rio Ale desde el teléfono.

—Todo bien por acá. He tenido suerte, Chiara no se ha desmayado — intervine.

Chiara me golpeó en el hombro, molesta por el comentario.



Beina_

Editado: 15.10.2019

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