Cello Suite

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AUNQUE ESTUVIERA DIVIDIDO — Allegretto

Cómo me gustaba estar con Chiara, quería pensar que el amor del que ella siempre me hablaba, lo había encontrado conmigo. Todo esto lo pensaba mientras regresaba a mi casa luego de estar con ella. Quería ser la persona que la comprendiera, la cuidara y le diera todo lo que esa princesa se merecía, a cambio yo solo pedía verla feliz. No me importaba si nuestra relación fuera un secreto siempre, incluso me gustaba mucho así, solo dos, nadie que nos molestara, nadie que nos interrumpiera.

Mi teléfono sonó interrumpiendo, irónicamente, mis pensamientos, era Alejandro; ya tenía en mente la razón por la que llamaba, al parecer no iba a ser más paciente ni iba a arriesgarse a que lo volviera a evitar.

—¿Qué quieres? —contesté, exagerando un tono molesto.

—¡Qué pregunta! Ya sabes para qué llamo. No tienes idea de lo inquieto que he estado todo el día. Cómo esquivaste mis preguntas. ¡Cómo me esquivaste a mí!

—Estás mal, no estaba esquivando nada ni a nadie —defendí.

—Supongamos que es así. Entonces, ¿qué pasó entre Chiara y tú en el fin de semana?

—¿Qué habría de pasar? No fue diferente a como es en la Escuela.

—¿Esperas que te crea? No niegues que ha estado más cercana a ti.

—Igual que con todos, se le ve más fresca y natural últimamente. No es solo conmigo.

—Puede que sí, pero ¿Qué hicieron el fin de semana?

—Un poco de todo: Hablamos mucho con mi madre, la llevé a nadar, aunque no nadó casi nada, solo estuvimos en el agua; fuimos a visitar a mi abuelo, que para mi sorpresa se portó muy bien con ella…

Terminé de contarle el fin de semana en mi pueblo, me alargué en la visita a mi abuelo y en las conversaciones con mi madre; creo que dejé satisfecha su curiosidad, aunque su sentido de empatía sin duda le decía algo más.

—Está bien, me parece que si se divirtieron. Qué bien que la dejaran ir contigo y que se haya llevado tan bien con tu familia.

—Si, se la pasó muy bien —disminuí mi tono de voz involuntariamente recordando nuestro primer beso y la noche juntos.

—Tenía curiosidad, perdón por ser tan insistente. Si te digo la verdad, se ve que ustedes dos se quieren y si ese fin de semana ‘romántico’ no fue suficiente para que se dieran cuenta, no sé qué lo haga, tarde o temprano pasará; por lo menos yo, no los juzgaría.

—¡Alejandro! ¡Ya es tarde! ¡Vas a tener que aguantar un sermón de la bruja si no te das prisa! —escuché a su madre gritar, no tan lejos de él.

No pude evitar reír, su madre llamaba bruja a su exsuegra, se ve que ella influyó mucho en que los padres de Ale se separaran; aunque era un recuerdo incómodo, el apodo siempre me divirtió.

—Tengo que ir a cenar a la casa de mi padre —dijo él también riendo—, mi madre tiene razón, mejor me doy prisa o la abuela me va a matar. ¡Adiós! —colgó apresurado.

Respiré aliviado por haber podido llevar bien la conversación con Alejandro. Me sentía aliviado por saber que Alejandro apoyaba nuestra relación, si llegaba a enterarse por algún descuido, confiaría en él.

Desperté recordando que ese día me tocaba repasar con la Orquesta, imprimí todas las partituras para cada instrumento y mi partitura de director. Que hermoso se veía mi nombre en el lugar del autor, la verdad me sentía muy contento de haber escrito una pieza para orquesta. La había titulado ‘Luminaria’, solo porque no la podía llamar Chiara; tal como su nombre lo decía, ella era mi claridad. Me preparé para la Escuela ansioso y emocionado por poder hacer realidad la melodía de mi amor.

Cuando llegué a mi salón, vi que Chiara había sido quien cambió de lugar, ahora estaba en el lugar que Alejandro ocupaba siempre, a su derecha se sentó Alejandro y a mí me dejaron el lugar junto a la pared. Saludé a Ale chocando las manos y a mi princesa con un beso en la mejilla.

—¡Qué bien se te ve hoy! —me dijo ella, tomando mi rostro y haciendo que la viera.

—Hoy tengo mi primer ensayo con la orquesta, estoy algo ansioso.

—Verás que te va bien. Ayer con los chicos del conservatorio fue muy divertido. Hice que todos se presentaran para conocerlos mejor, son jóvenes aún, me recuerdan mucho a mi hace cuatro o cinco años —dijo con una sonrisa.

—No creo que los militares quieran presentarse conmigo —rio Ale.



Beina_

Editado: 15.10.2019

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