Cello Suite

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ERA UNA GRAN MENTIRA — Largo

 

—¡De verdad! ¡Debí haberme quedado con esa hermosa imagen de ella! —el señor Leo comenzó a llorar sin control, casi ahogándose con sus lágrimas—. Ojalá todos hubiéramos muerto en el concierto, o por lo menos yo. Habría muerto feliz, con la certeza de haber amado a alguien. ¿Sabré acaso alguna vez si todo eso fue real? Ese sentimiento tan intenso solo podía ser amor, quizá yo estaba tan enamorado que todo lo veía a través de un filtro. La verdad es que todo había sido mentira, todo falso, ella no me amó nunca. Debió haber estudiado teatro, ¿qué fue lo que vi en sus ojos el día que fuimos uno, entonces? Esas cosas nunca las sabré, siempre será un misterio para mí. Pero lo que vieron mis ojos esa noche, fueron la verdad que yo vi.

El rostro del señor Leo cambió drásticamente entre sus lágrimas, tanto, que volví a temerle. Aunque ya sabía que no me haría daño, vi de nuevo en su rostro la ausencia, en sus ojos volvió la mirada perdida, su lengua volvía a enredarse. En tan poco tiempo ya le conocía, era como yo y eso me reconfortaba; no iba a dejarlo solo y no dejaría que colapsara. Saqué valor de algún lugar y dejando de lado los prejuicios, me acerqué a él y tomé sus brazos con fuerza, haciendo que sus quejidos cesaran de momento.

—Señor… digo, Leo. Tranquilícese, por favor —le sostuve la mirada hasta que él me imitó. —Todo eso está en el pasado, si se siente mal continuando la historia, no se sienta obligado a hacerlo.

Poco a poco dejó de poner resistencia y por fin, dejó de llorar. Se secó las lágrimas con la manga de su vieja camisa y tomó aire.

—Si te cuento esta historia, es también por mí. Necesito que alguien la escuche, por lo menos una vez. No sé si hice mal, o si fue de alguien la culpa… todos caímos en desgracia al final —respiró profundamente y lanzó un grito al viento—: ¡Chiara! ¡Paolo! ¡Nunca quise hacerles daño!

 

***

Mi corazón latía con fuerza, debido a la emoción que sentía. Era tan feliz… es increíble como una simple visión puede hacer que el mundo se caiga a pedazos; pasar de una felicidad plena a la más terrible de las desgracias; pasar de sentirme correspondido a irremediablemente traicionado. ¡Qué dolor! ¡Cómo se me oprimía el pecho por la impotencia!

Doblé a la derecha, hacia donde Chiara estaba, todavía se escuchaban las palabras del presentador, por lo que creí que estaría sola. Pero alguien se me había adelantado. Él me daba la espalda, su silueta fuerte y dominante estaba sobre mi pequeña, presionándola contra la pared; con una mano dentro de su impecable vestido blanco, sostenía su pierna izquierda dejándola expuesta y haciendo que ella lo rodeara con su cuerpo. Su mano izquierda estaba entrelazada con la de ella por detrás de su ancha espalda, haciendo que estuvieran más pegados aún, la mano libre de ella presionaba su hombro. La visión se inyectó en mí como un veneno, no sabía lo que sentía: tristeza, ira, dolor, decepción… todo se mezclaba. Sin poder evitarlo, como de forma automática, mi mirada continuaba el recorrido hacia arriba: Paolo le besaba el cuello. Un quejido que salió de la boca de Chiara me sacó del estado hipnótico en el que estaba e hizo que me diera cuenta que no quería ver más de eso.

Antes de que cualquiera de los dos me viera, salí de allí. Corrí topándome con muchas personas en mi camino, nada importaba en realidad; los sonidos se escuchaban lejanos, en mi mente solo se escuchaba el pequeño gemido que salió de la boca de esa mujer; saliendo del edifico tropecé y caí, no sentí ningún dolor aunque mis manos se rasparan; el sentimiento se hacía cada vez más concreto. Llegué al parqueo y recordé que había llegado hasta allí con Alejandro, ni loco iba a regresar adentro, revisé en mi billetera, tenía suficiente dinero para regresar, tenía más que suficiente. Corrí fuera del lugar, mi teléfono sonó con una llamada entrante de Alejandro, seguro me vio salir corriendo; dejé que sonara mientras corría lo más lejos que podía, ni siquiera sabía a dónde iba, solo quería alejarme. Como si corriendo lejos de allí, esa realidad desapareciera.

‘La traición’ que sentimiento tan horrible, cómo lastimaba por dentro… Chiara, ¿el amor de mi vida? No, solo era una perra, la perra de todos, no merecía el amor de nadie y yo no lo la merecía a ella; al final de cuentas todos esos rumores eran ciertos y yo no quise creerlos, de seguro se le hizo fácil tenerme, ¿a qué jugaba esa maldita mujer? ¿le atraía el morbo de cogerse a dos mejores amigos?… Paolo ¿mi ‘mejor amigo’? ¡Un estúpido aprovechado! ¡Qué carajos estaba haciendo allí donde nadie lo había llamado! Bueno, mejor para mí si se quedaban juntos. ¿No era sexo lo que ambos buscaban? Se podían ir a la mierda los dos.



Beina_

Editado: 15.10.2019

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