Cerca De Un Faro

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En las Colinas

En las Colinas

 

 

Se trataba del primer día nublado después de más de una semana de intenso sol. La temperatura no era igual de alta a la de los días anteriores, pero sin embargo se podía sentir la entrada del verano. <<Es el mejor clima para salir a recorrer los caminos de las pequeñas colinas que rodean el pueblo>>, fue el pensamiento que Aileen había tenido una hora más temprano, antes de decidir que necesitaba alejarse de su casa. Habían pasado cuatro días desde el episodio ocurrido con su vecino a orillas del acantilado, pero todavía sentía el mismo dolor que había experimentado aquella tarde. A medida que recorría el camino que atravesaba la colina y que finalmente la llevaría hasta uno de los extremos del pueblo, no dejaba de pensar en lo que había sucedido. Era consciente que la extrema similitud física entre su hermana y ella hubiese podido llevarlo a equivocarse, pero al mismo tiempo la ofendía el hecho de que él no hubiese podido ser capaz de diferenciar entre las maneras de niña adolescente y despreocupada de su hermana, y las formas de ella mucho más serias y responsables.

 

Adoraba el lugar en el que se encontraba, pero la verdadera razón para haber tomado la decisión de inscribirse en el curso de farera y aceptar ese trabajo no la conocía absolutamente nadie con excepción de ella misma. Sentía que su hermana era tan inmadura e infantil, que había decidido no preocuparla con los problemas que se presentaban, y prácticamente adoptar ella la función, no solamente de líder, pero también de madre o al menos de niñera.

 

Se sentó en una piedra al borde del sendero, tomó un par de sorbos de agua directamente de la pequeña cantimplora que solía cargar en sus caminatas, y se quedó observando el paisaje. Podía divisar perfectamente la vivienda de Pablo, la suya con el faro a unos pocos metros, las rocas que formaban el acantilado, las construcciones del pueblo, y la inmensidad de la bahía, como siempre adornada por decenas de yates y veleros. Pero por más que intentaba pensar en otras cosas, no lograba sacar a su hermana y a Pablo de su mente. Recordaba con furia como, después del episodio en el acantilado, al encontrarse unos minutos más tarde con Aikaterina en la sala de su casa, lo único que había obtenido por respuesta había sido, <<así son todos los hombres, no importa de donde vengan>>, cuando ella había tratado de pedirle una explicación. Instantes después, su hermana había tomado las llaves del campero y había salido rumbo al pueblo. Era su acostumbrado comportamiento durante los últimos días: salir corriendo muy seguramente a lamerse las heridas al lado de sus amistades, probablemente con Lisa cabeza de chorlito, o con la novia del hijo del tendero, ahora convertida en protagonista y heroína de las novelas de un suramericano.

 

Desde el altercado que habían tenido unas semanas atrás, su hermana había dejado de compartir con ella. Parecía que la proximidad y confianza que se habían tenido durante toda su existencia habían desaparecido. El rollo con el apuesto vecino no hubiese sucedido si las cosas con su hermana hubiesen sido como antes, cuando se contaban absolutamente todo y compartían desde lo más grande hasta lo más pequeño. La falta de comunicación, que había llegado al punto de obligarlas a dejarse notas para coordinar los turnos de operación del faro, habían logrado que ni ella ni su hermana hubiesen comentado los respectivos romances que empezaban a vivir con el mismo hombre. Y para colmo de males, le parecía totalmente ridículo que después de más de un año en que ninguna de las dos había querido aceptar entablar cualquier clase de relación con algún hombre, cada una teniendo sus propios motivos, ahora cayeran rendidas a los pies del mismo idiota que no era capaz de darse cuenta de las diferencias entre ella y su hermana. Y ahora se sentía más sola que nunca. Después de perder a su hermana, perdía al hombre con el que pensó que algo lindo y significativo podía formar. ¿Pero por qué se había enamorado tan rápido? ¿Tendría algo que ver el hecho de verse alejada de su hermana, y para llenar el vacío, su mente y su corazón habían aceptado recibir al primero que se apareciera? ¿O era la novedad, por el hecho de tratarse de alguien nuevo en el pueblo y que venía de lo que para ella y para muchos eran tierras exóticas? Pero si se trataba de novedades, todos los hombres del pueblo habían sido una novedad para ella un año atrás cuando era una recién llegada, y sin embargo absolutamente ninguno le había llamado la atención. Ni siquiera el teniente Williams quien parecía tener un grado mayor de inteligencia que los demás, y que no era para nada feo. Pero ahora reconocía que se había enamorado, fuese por la razón que fuese, y sin importar que todo hubiese sucedido después de haberlo visto escasas tres o cuatro veces, contando la ocasión en que lo había descubierto besándose con su hermana. Y esa escena le había dolido, le había dolido casi tanto como la muerte de su madre seis años atrás, cuando aún vivían en Atenas. La enfermedad había sido implacable, se la había llevado en cosa de tres meses. Pero antes de eso habían sido épocas felices, al lado de su hermana y sus padres, con sus amigos de toda la vida, los del colegio y los del vecindario. Compartiendo con sus primos, con sus tíos, sus abuelos… La mujer que había llegado a reemplazar a su madre, escasos seis meses después de su fallecimiento, había hechizado a su padre, lo había hecho olvidar de todo lo que tenía que ver con su vida anterior. Pero no lo culpaba, era una mujer que a sus cuarenta años era sorprendentemente hermosa, y con la personalidad más linda que ella hubiese visto en persona alguna. No solamente era amable y cariñosa, también era inteligente y simpática, y sacaba a relucir todas sus cualidades sin importar la persona con la que estuviera tratando. Ella y su hermana habían recibido lo mejor de Lucile y le habían tomado cariño, pero absolutamente nadie podría reemplazar a su madre por muy buena persona que fuera, y aunque ellas habían tratado de ser comprensivas, llegó el momento en el que decidieron que lo mejor sería alejarse, y por qué no buscar un lugar lo más apartado posible. Fue entonces cuando, haciendo averiguaciones, y después de perder algo de sueño pensando en las ventajas y las desventajas, la decisión de trasladarse al Canadá, después de la graduación de la secundaria, fue tomada.



carlosdiazdc

Editado: 13.07.2018

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