Cero Flacas

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Este capítulo va dedicado especialmente a:

Laura Camila Torres Parra

 

Narrado por Brett Herrera:

Ahora que la madre de Selene me invitó a su casa, la verdad no recuerdo cual fue su invitación en concreto. Sólo sé qué me ha invitado y no puedo desaprovechar esta oportunidad, debo acercarme más a la chica nueva para descubrir cuál es su punto débil así será más fácil hacer que sus nivel académico disminuya.

La pantalla de mi teléfono se enciende, está entrando una llamada. Veo el contacto que me llama, es Marco.

— ¿Qué pasa? —pregunto al descolgar. Nunca he sido muy agradable con mi mejor amigo, nuestra amistad es lo más ruda que se pueda.

Escucho como resopla Marco del otro lado del teléfono.

—Sabes, no está mal que de vez en cuando me saludes —me reprocha.

Hago una mueca de fastidio.

—Si no me dices en este momento para que me estás llamando voy a colgar.

Se ríe —necesito que vengas a los vestidores de gimnasia de las chicas.

Frunzo mi cejo, mis cejas bajan con exageración.

— ¿Para qué quieres que vayas a los vestidores de las chicas?

Marco deja escapar un largo suspiro.

— ¿Recuerda que hoy haremos la broma a la chica gorda? —cuestiona.

Despego mi teléfono de mi oreja, pasando una mano por mi rostro.

Había olvidado por completo eso.

En toda mi estadía en esta institución he hecho alrededor de tres bromas a distintas personas, siempre Marco me ha apoyado y nos hemos divertido demasiado haciéndolas, pero esta broma en particular me parece muy precipitada. A las personas que anteriormente le hemos hecho bromas la tuvieron merecidas. Sin embargo, Selene no nos ha hecho nada para que actuemos de esta manera.

—Marco...

—Está aquí en diez, Brett —me interrumpe antes de que pueda decirle lo que pienso.

El sonido de finalizar llamada me indica que Marco ha cortado la llamada.

Bajo el teléfono de mi oreja, dejándolo en la mesa en la que he decidido sentarme. Siento que las manos de alguien acarician mis hombros. Cuando giro mi cabeza me encuentro con los ojos azules de Melanie.

—Chiqui —sus manos bajan de mis hombros a mi espalda, la acaricia con dulzura.

Giro todo mi cuerpo para poder rodear mis brazos sobre su cintura.

—Hola —la saludo.

Sus manos toman mi rostro, deposita un beso en mis labios.

—Te he extrañado todo el día.

Sonrió —y yo a ti.

Quiero créeme las palabras que están saliendo de mis labios, pero la verdad es que ni siquiera había pensado en Melanie. Me pasé todo el día estudiando a Selene, cada gesto que hacía, como se ruborizada al momento de escuchar algún comentario desagradable sobre su apariencia y como sus ojos grises se agrandaban mientras leía un grueso libro que tomaba entre sus manos, en toda la clase de ‘Inglés’ se la paso con sus ojos puerto en este libro . Terminé deduciendo que odia el Inglés, eso fue con lo que concluí. En varias oportunidades quise mirar de qué libro se trataba, pero fue imposible.

Una de las manos de Melanie se desliza hasta mi alborotado cabello, lo peina un poco.

—Este fin de semana mi padre dará una fiesta ¿Quieres venir?

Trago saliva.

—No puedo —contesto al cabo de un momento.

Ella aparta su mano de mi cabello de golpe.

—¿Por qué? —su rostro se comienza a ver molesto.

Niego con mi cabeza.

—Quede en ir a la casa de Marco —miento. Esto ya se está haciendo muy común en mí.

Melanie toma una bocanada de aire.

—Bueno, pero para la próxima si me acompañarás.

Asiento con mi cabeza, colocándome de píe.

—Claro que si, amor —tomo mi bolso y mi teléfono. Ambos están encima de la mesa —. Ahora debo irme —comento, arreglando mi bolso detrás de mi espalda.

La mano de Melanie atrapa una de las mías.

—Quería pasar un rato contigo. El profesor de estadísticas no pudo asistir hoy y pensaba que tu y yo podríamos tomar esas horas para estar juntos —confiesa. Sus ojos dejan ver cuánto quiere pasar tiempo conmigo, se nota tanto que siento un leve dolor en mi pecho.

Aprieto su mano.

—Marco me está esperando —suelto si mano. Voy a comenzar a caminar, pero la culpa me carcome —. Pero ahora veré clase de gimnasia, si quieres vienes para que me veas haciendo un poco de ejercicio —agrego.

Su rostro se maravilla al escuchar mis palabras.

—Claro, allí estaré.

Le sonrió de lado y sin más aumento el ritmo de mis pasos para averiguar qué es lo que planea Marco.

Al llegar a los vestidores que me ha indicado mi mejor amigo, visualizo los casilleros grises que posee cada estudiante, allí guardan las prendas de vestir que exige la institución para la realización de los ejercicios que nos indica el profesor Bermúdez. Las duchas se encuentran a un lado de los casilleros, el lugar está completamente solo, las toallas están muy bien acomodadas.



Monstrua Mayor

Editado: 15.06.2019

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