Cero Flacas

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Al ver el rostro de Selene mi presión arterial incrementa, sus mejillas se ruborizan y una sonrisa se arquean en sus labios.

Aprieto mis manos en el pupitre, puedo sentir como los músculos de mi mandíbula se tensan. Escucho el ruido que hacen los zapatos del profesor al impactar el piso, pero no aparto mis ojos de Selene. Ella se ve tan bien, se ve tan natural e inocente que me hace querer ir hasta ella, tomarla de la mano y decir que es mía, pero no es así.

—Jóvenes, pueden ir a almorzar —nos informa el profesor —. La próxima clase realizaremos el parcial de Integrales así que espero que todos estudien.

Escucho las palabras del profesor muy lejos, es como si estuviera a muchos metros de él.

Todos los alumnos se levantan, arreglando sus bolsos en sus hombros y otros salen sin esperar nada.

Selene se coloca de pie, acomoda el bolso en su espalda y sin dejar de sonreír sale del salón.

Esta sonriendo por Lucca.

Sacudo mi cabeza para reaccionar, paso una mano por mi cabello con rabia.

Vamos a almorzar, Brett —Justin llega al frente de mi pupitre, sus ojos negros rápidamente me estudian —¿Estas bien? —cuestiona al darse cuenta que mi vista esta nublada por la ira.

Me pongo de pie de golpe, tomando el cuaderno y el lápiz —no, no estoy bien —replico, guardando lo que tengo en mi mano en el bolso —. Almorzare solo —agrego, terminando de cerrar el bolso y con pasos firmes le doy la espalda para salir del salón.

Mientras camino al comedor del instituto no puedo relajar mi cuerpo, cada vez que recuerdo como Selene sonrió al escuchar el nombre de Lucca mi sangre hierve.

Cuando por fin llego a las mesas miro a mi alrededor para buscar a Selene con la mirada, pero por la multitud de estudiantes se me hace imposible visualizarla.

—¡Brett —una voz me llama a lo lejos.

Lentamente voy posando mis ojos en la persona que me llama, es Bianca. Ella agita sus brazos en el aire para que pueda verla, se encuentra sentada en una de las mesas rojas en la que siempre me siento para desayunar o almorzar. Va vestida con unos pantalones negros con una abertura en sus rodillas, unos tennis blancos y un crop top que deja ver su abdomen.

No respondo a su llamado, sin embargo, ella se levanta de su asiento y camina hasta mí.

—¡Oye, Brett! —exclama, entrelazando su brazo con el mío.

Al sentir su contacto me aparto de su cuerpo —Bianca…

Su mano se entrelaza con la mía —vamos, ya guarde tu lugar en la mesa —me hala para que la siga.

Me suelto de su mano, pero sigo con el ritmo de mis pasos hasta llegar a la mesa. Víctor que ya está sentado alrededor de la mesa levanta su mano para que lo salude.

—Hermano —habla con una sonrisa retorcida.

Respondo a su saludo de mala gana y me siento.

Bianca se acomoda a mi lado, buscando algo en una pequeña bolsa de platico que se encuentra en la mesa.

—Brett, te compre tu almuerzo en la cafetería —me informa, colocando frente a mí una bandeja. Yo sigo mirando a mí alrededor para buscar a Selene —. Es ensalada Cesar con pechuga de pollo y vegetales.

No presto atención a lo que dice.

Bianca me toma por el antebrazo y me sacude para que la mire.

—Estoy hablando contigo, Brett.

Impacto mis ojos con los suyos y en ese momento ella suelta mi antebrazo, no puedo controlar lo que siento.

—No tengo hambre.

No puedo seguir soportando esto, así que me coloco de pie, abriéndome paso entre la multitud. Necesito una ducha con agua muy, pero muy fría para que mi cuerpo se relaje.

Narrado por Selene Lopez:

Hoy Paola, Alex y yo decidimos comer fuera de la institución. Hay un lugar a una cuantas cuadras de la institución donde venden unos muy buenos almuerzos, de verdad son los mejores.

—Me encanta como cocina esa mujer —la voz de Alex es sonora y emocionada.

Paola asiente con su cabeza —la señora Adelia es la mejor cocinando.

Mis amigos tiene razón, nunca había probado una comida tan exquisita, es una de las comidas que más he disfrutado comer.

—Tienen razón —replico.

—Desde ahora comeremos allí. Estoy harto de la comida insípida de la cafetería —indica Alex, caminado a nuestro lado.

—Apoyo esa idea —añade Paola con sonar.

—Igual yo.

Los tres seguimos nuestro camino a la preparatoria para poder ir a la preparatoria «Gran Excelencia», estoy feliz porque veré a Lucca, hace un tiempo no lo veo aunque siempre hablamos por mensaje.

Al llegar a la preparatoria vemos a casi todos los alumnos ya esperando afuera por la directora, algunos tienen cara de pocos amigos y otros charlan con todos.

—Hay demasiados estudiantes —murmuro, mirando mi alrededor para mirar a la multitud que hay entre nosotros.

Alex inhala, negando con su cabeza —creo que esto no será bueno.

El sonido de los tacones de la directora nos hacen girar para mirarla, ella camina con todo esa elegancia que la caracteriza, guardando un mechón de su cabello detrás de su oreja. Cuando ella llega frente a nosotros sus ojos se pasean por cada estudiante.

—¿Dónde está el señor Herrera? —pregunta.



Monstrua Mayor

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En el texto hay: superacion, amor, adolescencia

Editado: 21.07.2019

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