Cero Flacas

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Este capítulo va dedicado especialmente a:

Shirley Ramírez

 

Echo mis dedos por el cabello de Brett, mis labios se separan y siento como su lengua baila con desesperación dentro de mi boca. Mi sistema cardiaco ya es un desastre y por mis venas siento las hormona de adrenalina crujir. Los dientes de Brett atrapan mi labio inferior, mordisqueándolo un poco, jadeo contra sus labios sin poder evitarlo.

—Selene… —habla con voz entre cortada y sus labios vuelven a devorar lo míos.

Siento como la temperatura de mi cuerpo va subiendo, escuchar mi nombre en su ronca voz me descontrola de una manera impresionante. Sentir como sus fuertes manos me presionan contra su cuerpo, sentir su aliento impactar mi rostro y mirar el deseo que nubla sus ojos me hace querer que no termine, quiero que esto sea eterno.

Sigo su ritmo para que el beso que ahora nos une sea mucho más apasionado. Sus manos bajan de mi cabello a mis mejillas.

—Selene, quiero que seas mi novia —susurra en un jadeo.

Mis ojos se abren como plato al escuchar aquello, casi siento que mi corazón deja de latir. Me separo de su cuerpo de golpe y allí es cuando siento un agudo dolor en mi tobillo, estoy segura que caeré al piso, pero los fuertes brazos de Brett me sujetan para evitar mi caída. Cuando intento acomodar la postura de mi pie el dolor se vuelve insoportable.

Presiono mis parpados sintiendo el dolor apoderase por completo de mi tobillo.

—¡Ah! Me duele —exclamo, sujetándome con fuerza de Brett para poder seguir de pie.

Escucho como Brett intenta controlar su descuidada respiración.

—¿Qué sucedió? —me pregunta.

Abro mis ojos para mirar el verde de los suyos, aún tienen ese brillo de deseo.

Lamo mis labios —creo que me doble el tobillo —vuelvo a intentar colocar el pie en el piso —¡Ay! —me quejo del dolor.

—No hagas fuerza con él —me indica Brett —. Ven, debes sentarte —sin esperar mi respuesta me carga entre sus brazos para depositarme en el mueble de la sala.

No entiendo porque ha dicho que no haga fuerzas, pero el dolor no me deja pensar.

Cuando él se asegura que ya estoy sentada, se arrodilla ante mí y sujeta mi pie, zafándolo de la zapatilla que lo cubre.

—¡Ah! —grito cuando su mano presiona mi tobillo. Entierro mis uñan en mueble y siento que el dolor ahora es mucho peor.

Sus ojos me miran con preocupación —es un esguince —masculla.

Lo dice en voz tan baja que no puedo entender del todo.

—¿Es que? —pregunto, haciendo una mueca de dolor.

El cabello de Brett esta alborotado y sus labios repentinamente se frunce.

—Necesito hielo —sentencia, levantado sus mirada para clavarla en mí.

Hielo ¿De qué habla?

Me muevo un poco en el mueble para acomodar mi postura, pero eso solo hace que el dolor siga enterrándose más en mí.

Brett se coloca de pie y sin esperar nada camina a la cocina. Yo sigo aferrada al mueble. Escucho como Brett busca algo en la cocina con demasiada desesperación.

Ahora mismo me siento tan confundida que se me hace imposible razonar o buscar una solución.

A los pocos minutos veo a Brett caminando hacia mí con una bolsa en su mano derecha. Cuando llega a mi altura deja la bolsa en la pequeña mesita que tengo frente a mí y se zafa de su suéter por encima de su cabeza.

¿Qué rayos hace?

Lo veo con perplejidad, pero el dolor hace que vuelva a cerrar mis ojos. Cuando siento que él toma mi pie nuevamente voy abriendo mis ojos, Brett coloca su suéter en mi tobillo, coge la bolsa con hielo que ha dejado en la mesa y la presiona sobre la tela del suéter que ha acomodado en mi tobillo.

A los pocos segundos comienzo a sentir el frio del hielo en mi tobillo.

Brett que sigue presionado la bolsa no aparta sus ojos de mí.

—Acabas de sufrir un esguince —comenta.

Niego con mi cabeza, inhalando con fuerza para llenar mis pulmones de aire.

—No…no sé qué es —confieso, hundiendo mis manos a mis costados.

—Es una lesión de tobillo. Sucede cuando los ligamentos que sujetan el tobillo se distienden demasiado y se desgarran —me explica sin dejar hacer lo que está haciendo con la bolsa —. El hielo ayuda a disminuir la hinchazón, los hematomas, el dolor y los espasmos musculares —por unos segundos se queda en silencio, intuyo que está pensado. —¿Tu madre tiene algunas pastillas para el dolor? —cuestiona cuando por fin parece volver de sus pensamientos.

Empiezo a pensar en que responder. No estoy segura, pero creo que mi madre guarda algunas pastillas en uno de los cajones de la cocina.

—No lo sé —balbuceo —. En uno de los cajones creo que ella guarda lo que es medicamentos.

Brett parece aliviado al escuchar mi respuesta.

—Necesito que por favor, sostengas esta bolsa con fuerza contra la tela de mi suéter —pide, bajando su mirada hasta la bolsa que sostiene —. No puedes dejar que la bolsa haga contacto directo con tu piel ya que la tela del suéter ayuda a proteger tu piel de congelamiento ¿Entiendes?



Monstrua Mayor

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En el texto hay: superacion, amor, adolescencia

Editado: 21.07.2019

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