Cero Flacas

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Este capítulo va dedicado especialmente a:

Yesica Yudit Diaz

Nota Importante:

Ya sé que había dicho que este capítulo sería +18, pero en vista que ha sido más largo de lo que pensé entonces dejare el siguiente cap para el libro erótico, esto quiere decir que el siguiente capítulo estará caliente.

 

Sentir el cuerpo de Selene junto al mío es tan liberador que casi puedo sentir mi alma en paz, ella sin darme cuenta se ha vuelto lo que necesito. La he admirado por toda la noche, he grabado cada fracción de su rostro en mi mente para recordarla y así sentirme mejor en aquellos momentos que quiera acabar la triste vida que llevo.

Las horas me han pasado tan rápido que podría jurar que hasta el tiempo está en mi contra. No he dormido en toda la madrugada para intentar que así la madrugada se haga eterna y no tener que sentir el dolor en mi pecho cuando este día termine.

Acaricio el rostro de Selene mientras por mi cabeza comienzan a pasar distintas imágenes efímeras de nuestro futuro, juntos en el baile de graduación, ella con un vestido largo que se ajuste a sus caderas para mostrarle al mundo lo bella que es, en sus labios una sonrisa llena de felicidad y sus ojos radiando un brillo único. Me puedo imaginar nuestra boda, yo sujetando sus manos para jurarle amor eterno y la sinceridad en sus ojos grises al jurármelo ella a mí. Todo en mi mente es tan perfecto que me duele, cada imagen que pasa por mi cabeza me hace sentir un dolor único y terriblemente verdadero.

Tengo que tragar saliva para que el nudo que se ha formado en mi garganta desaparezca.

—Mereces ser muy feliz —murmuro sin poder despegar mi mirada de su rostro, sus ojos están cerrados y su respiración es lenta. Me incorporo poco a poco para besar su frente, al momento que mis labios impactan la línea del nacimiento de su pelo el dolor de mi pecho se intensifica de un manera increíble, tengo que cerrar mis ojos para no hacerme mucho más daños. —Eres la chica más hermosa de todas —agrego en un susurro cuando mis labios se han despegado de su frente.

Giro mi cabeza a un lado para mirar la hora en el pequeño reloj que hay sobre la mesita de noche que está a un lado de la cama. 4:05 marca el reloj. Vuelvo mi mirada a Selene, levantado mi mano para toca nuevamente su rostro.

—Selene —la llamo en voz alta para que pueda despertar. Selene se mueve un poco, pero no abre sus ojos. —¡Selene! —mi voz esta vez es mucho más fuerte y dura.

Los brazos de Selene se van estirando, presionando con fuerza sus parpados para evitar abrir sus ojos, balbucea un quejido, pero no lo entiendo del todo. Luego sus ojos por fin se abren, se ven desorientados.

—¿Qué…que pasa? —pregunta, viajando su mirada hacia mí. Al verme parece reaccionar del todo así que de golpe acomoda su postura en la cama —Brett —sus ojos me miran con preocupación —¿Qué haces aquí?

Lamo mis labios, arqueando mis labios de lado.

—Creo que tanto dormir haces que olvides las cosas.

Ella frota sus ojos con la palma de sus manos, quedándose en silencio como si intentara recordar con mucho esfuerzo.

—Estábamos viendo una película… —habla después de un largo silencio, apartando sus manos de los ojos, su voz suena adormilada —y…

—Te quedaste dormida —la interrumpo.

Los recuerdos parecen abrumarla.

—Mi pie necesitaba hielo.

Me coloco de pie —todo el tiempo que estuviste dormida me asegure de colocarlo —replico, mirando a través de la ventana del cuanto de Selene. El cielo esta oscuro, solo ilumino por unas cuantas estrellas —. Quiero que me acompañes a un lugar.

Puedo sentir su mirada clavarse en mi espalda desnuda, siento sus ojos bajar por todo mi cuerpo y eso me hace querer hacerla mía hasta que ya no pueda más.

—¿A… a un lugar? —cuestiona, su voz se va haciendo más precisa.

Asiento con mi cabeza, observando el cielo con determinación.

—Será rápido.

Con el rabillo del ojo veo que mira el reloj que hace unos minutos yo observe.

—Son las cuatro y siete de la madrugada ¿A qué lugar quieres ir?

Echo mi cabeza más hacia tras para poder mirar la enorme luna que el cielo nos regala.

—Puedes solo acompañarme —quiero que esa frase suene como una pregunta, pero termina sonando como una súplica desesperada. Seguro eso es lo que de verdad deseo, que me acompañe sin importar nada.

Ella medita mis palabras.

—Recuerda que no puedo apoyar mi tobillo.

—El esguince que sufriste es muy leve, así que después de colocar hielo un par de veces y un poco de reposo ya puedes apoyarlo. Al principio dolerá, pero en poco tiempo ya no sentirás dolor —le explico.

—Está bien. Solo iré a ducharme y a lavar mis dientes —contesta, colocándose de pie, puedo oir un leve quijido al afincar el pies en el piso, sin embargo ella sigue su camino al baño.

—¿Puedo usar tu cepillo de dientes? —le pregunto antes de que pueda escapar de mí.



Monstrua Mayor

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En el texto hay: superacion, amor, adolescencia

Editado: 21.07.2019

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