Cero Flacas

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Este capítulo va dedicado especialmente a:

Blanca

Nota:

Debemos llegar a 700 votos en este cap para que pueda publicar el último capítulo y el epilogo, así que ¡A VOTAR!

 

Narrado por Selene López:

Para olvidarme un poco de todo lo que ha ocurrido en mi vida he vuelto a mi libro, ese libro que ha sido mi compañero por mucho tiempo y al que le debo que mi paz mental vuelva, aunque sea por unas horas, pero es gracias a él que me siento en otro mundo, uno de solo letras e historias fascinantes.

Mi teléfono que reposa en la mesita de noche de mi cuarto vibra un par de veces, sin embargo, yo no levanto mí vista del libro. No quiero volver a mi realidad.

Intento no prestarle atención a mi teléfono, pero llega un momento donde se me hace imposible, las vibraciones retumban en mis oídos así que lanzando un largo y pronunciado suspiro levanto mi rostro, girando mi cabeza para mirar la pantalla encendida. Alargo mi mano hasta la mesa, al ver el contacto que me llama pongo mis ojos en blanco. Es Alex. Estoy segura de que me llama para preguntar por algún trabajo o algo así.

Antes de contestar la llamada miro el oscuro cielo que se ve a través de la ventana de mi habitación, el cielo está nublando, tan oscuro y solitario que da miedo.

—Alex —contesto la llamada sin despegar mis ojos del cielo.

Escucho fuertes y ruidosos sollozo del otro lado.

Me incorporo en mi cama de golpe.

—¡Selene! —Alex grita y su voz se quiebra.

Siento un escalofrió recorrerme, mi corazón late con fuerza.

—¿Qué sucede? —esa pregunta escapa de lo más profundo de mi ser.

Sigo escuchando sus sollozos que cada vez son más escalofriantes.

—Paola —alcanza a decir con la respiración entrecortada.

Me levanto de mi cama, sintiendo el frío apoderarse de mí.

—Alex… —tengo que hacer una pausa para respirar —¿Qué…que le sucedió a Paola?

Alex llora sin detenerse, puedo imaginarlo negando con su cabeza mientras deja que las lágrimas lo consuman.

—Paola… Paola se suicidó.

Mi entorno se detiene, la sangre que corre por mis venas lo hace con más intensidad y ya mi corazón no puede con más dolor. Siento mis piernas tan débiles que tengo que sentarme en la orilla de la cama.

Alex se derrumba, su llanto se impregna en mí.

—Alex —mis ojos se humedecen y el nudo que se ha formado mi garganta no deja que prosiga. —Por favor, dime que estás jugando —suplico y las lágrimas escapan de mis ojos.

Deseo que de sus labios escape una fuerte carcajada y responda que solo está bromeando, que es un maldito juego. Sin embargo, el llanto que sigo escuchando me deja muy claro que es una verdad, una verdad que se entierra en mi corazón como una filosa estaca.

—¡Maldita sea Selene, nunca jugaría con eso! —grita entre sollozos.

Me quedo en silencio, presionado el teléfono en mi oído y cuando ya siento que mi corazón estallara, lloro, lloro con fuerza y sin detenerme.

Paso una mano por mi cabello con fuerza, con tanta fuerza que lo jalo.

¿Qué es lo que sucedió? ¿Qué fue lo que no vi?

Trago saliva —¿Ella…dime que ella está bien? ¡Dime que lo intento, pero no lo logro! —exijo, colocándome de pie. Quiero ser fuerte, pero las lágrimas siguen bajando por mi rostro como un limpio y nostálgico rio.

—¡Carajo! —exclama con dolor —. Está muerta, Selene, Paola murió.

No sé a cuál de los dos no duele más, si a Alex al decir aquello o a mí al enterarme de que aquella chica que fue mi amiga desde que la conocí a muerto.

Sollozo, apretando la palma de mi mano contra mi boca para que no escapen de mis labios.

Esto tiene que ser una pesadilla, si eso es.

¡Vamos Selene, despierta! Me grita una vocecilla en mi cabeza.

Alex me grita la dirección a la que debo ir, pero yo sigo en un shock del que no puedo salir. Las lágrimas empapan mi rostro. Mi cerebro ya ha procesado lo que pasa, pero mi corazón no lo cree.

Bajo mi teléfono de mi oreja, dejándolo caer a mi costado.

—No —niego con mi cabeza sin querer creer lo que me ha dicho Alex —no —repito en un mascullo que solo yo puedo oír. Levanto mi teléfono y lo arrojo con fuerza al piso —¡No! —grito, un grito ahogado por los sollozos.

Camino hasta la biblioteca que tengo en mi habitación, lanzando todo al piso, las fotografías que adornan mi habitación también se vuelve añicos en el piso, mi laptop, mis cuadernos. No puedo controlarme, no paro de llorar.

Mi madre empuja la puerta de mi habitación con desesperación e intenta tomarme por los brazos para que me calme, pero yo me suelto de su agarre y sigo destrozando todo.

—¡Selene! —grita volviéndome a tomar entre sus brazos, obligándome a mirar sus ojos.

Mi vista esta nublada por las lágrimas y el dolor. Quiero soltarme, pero ella me toma con mucha más fuerza, pegándome a su cuerpo para abrazarme.



Monstrua Mayor

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En el texto hay: superacion, amor, adolescencia

Editado: 21.07.2019

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