Cero Flacas

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Epílogo

—¡Selene, es hora de irnos! —grita mi madre desde abajo.

Yo sigo guardando algunas cosas que creo necesitare en esta nueva etapa.

Guardo en mi bolso el libro sobre mitología griega y algunos lapiceros de todos los colores.

—¡Mamá, espera! —alzo mi voz para que pueda oírme.

Guardo mi laptop también. Pero mi fuerte sonido de la puerta abriéndose casi hace que me dé un infarto.

Mi madre me toma por el brazo.

—Nos vamos ahora mismo —sentencia, arrastrándome con ella.

Tropiezo con mis propios pies —mamá, aun me faltan algunas cosas —me quejo.

Mi madre ignora mis quejidos —luego te llevo lo que te haga falta.

Mi madre no suelta mi mano hasta que llegamos a la sala de la casa.

Lucca se acerca a mí y besa mis labios.

—¿Preparada? —me pregunta.

Miro un poco mal a mi madre —casi.

Mi madre resopla —Ya estas listas, nos vamos —exige.

Abro la boca para protestar, pero Lucca entrelaza sus dedos con los míos, haciéndome saber que es mejor que no discuta.

—No debes estresarte —me susurra.

Dejo caer mis hombros y sigo los pasos de mi madre hasta el auto. Lucca y yo nos subimos en la parte de atrás, mientras que mi madre entra en el asiento del conductor.

Lucca intenta calmar mis nervios, pero son tanto que en un momento dejo de hablar con él.

Comenzar la universidad, sé que no será fácil, pero confió en que puedo hacerlo, sé que si puedo.

—¡Llegamos! —chilla mi madre, estacionando frente al campus.

Repentinamente siento mi estómago vacío, mis labios resecos y casi un nudo en mi garganta.

—Mamá…

—Creo en ti —me mira por el espejo retrovisor, sonriéndome.

Sus palabras son tan tranquilizadoras que el alivio se impregna en mí solo al escucharla.

Tomo el bolso donde he guardado algunas de las cosas que voy a necesitar. Mis ojos rápidamente caen en Lucca, él me sonríe con orgullo.

—Serás la mejor —comenta, subiendo una de sus manos hasta mi mejilla —, vendré a visitarte todos los fines de semana —me asegura, posando sus labios sobre los míos.

Respondo a ese beso, sintiendo que algo dentro de mí se desgarra.

Lucca fue aprobado para seguir estudiando, él seguirá con el futbol americano, pero también estudiara Comercio para complacer a sus padres.

Abro la puerta del auto con un nudo en mi garganta, no pensé que alejarme de las personas que amo me afectaría tanto. Tengo que respirar profundamente para no echarme a llorar.

—Adiós —muevo mi mano en el aire para despedirme de esas personas a las que me he acostumbrado.

Puedo ver los ojos de mi madre cristalizándose —Adiós, cariño. Te amo.

Una sonrisa un poco rota se hace presente en mis labios, pero al pensar que estudiare lo que siempre he soñado todo parece mejor.

Lucca se asoma por la ventana con esa sonrisa que tanto me gusta.

—Adiós, hermosa.

Veo a mí alrededor, dándome cuenta que hay muchos estudiantes caminando dentro del campus. Todos van sonrientes y llenos de sueños que piensa cumplir estudiando es esta universidad.

Mi madre al darse cuenta que no me iré hasta que ella lo haga pone en marcha el auto y yo sigo solo mirándolo hasta que desaparece de mi vista.

Arreglo mi bolso en mi hombro, soltando un largo suspiro.

—Vamos, Selene —murmuro para mí.

Voy a darme la vuelta para irme cuando el fuete ruido de una motocicleta retumba en mis oídos. Arrugo mi rostro, viajando mi mirada hasta la motocicleta que ha soltado aquel sonido. Es una enorme motocicleta completamente negra solo con algunas decoraciones de color plateado. El chico que va conduciendo detiene la motocicleta a un lado. Su rostro va cubierto por un casco negro. Su vestimenta al igual que la moto y el casco es negra.

Va vestido con unos pantalones rasgados en la rodilla, unas botas, una camisa y una chaqueta un poco abierta, un bolso detrás de su espalda, lo único que no es de color negro en su cuerpo es un reloj plateado que decora su muñeca izquierda.

Ya comenzamos con los chicos universitarios que tienen más dinero que vida social. Eso es lo que pienso.

Quiero poner mis ojos en blanco, pero eso sería de mala educación.

Me voy a dar la vuelta para seguir con mi camino, pero me quedo helada.

El chico de la motocicleta se zafa del casco que cubre su rostro.

Esto no es real.

No, esto no está pasado.

Tiene que ser una broma.

Ese verde se entierra en lo profundo de mi alma, ese verde que no he olvidado impacta mis ojos.

Siento mis dedos rígidos por la fuerza con la que estoy sosteniendo el bolso, sintiendo una súbita presión en mi vejiga.

Tengo que parpadear para creer lo que veo.

Es él.

Brett está delante de mí.



Monstrua Mayor

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En el texto hay: superacion, amor, adolescencia

Editado: 21.07.2019

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