Cero Flacas

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El ensordecedor sonido de una música hace que abra mis ojos del golpe, la música proviene de la casa que está a la par de la nuestra. Froto mis ojos y me levanto de la cama, tenía tanto sueño ayer que me dormí con los zapatos puestos.

Niego con mi cabeza y una sonrisa se pinta en mis labios.

— ¡Selene, levántate para llevarte a la prepa! —mi madre toca la puerta y escucho sus pasos bajar por las ruidosas escaleras de maderas, eso es lo único que no me gusta de esta casa, esas ruidosas escaleras.

Me encamino al baño, veo mi rostro en el gran espejo que hay en él. Los espejos definitivamente no son mis objetos preferidos. Mi cabello es un desastre, esta tan enredado que me da miedo introducir un cepillo o un peine en él. Peleo conmigo misma para tomar una decisión, si peinarlo o no; decido no hacerlo porque sé que si me peino se me ira todo el tiempo solo desenredándolo. Me doy una rápida ducha, sin mojar mi cabello y ahora ha llegado la hora de lo que tanto odio, escoger ropa.

Para las chicas de tallas grandes es mucho más difícil encontrar algo para ponerse, una chica de talla normal puede colocarse cualquier y le quedara bien en cambio, para las chicas como yo es un verdadero martirio conseguir algo que nos quede bien y nos guste. Por esa razón odio ir de compras.

Saco como diez camisas para comenzar con mi búsqueda por el “atuendo ideal”, la ruidosa música sigue inundando mi sistema auditivo, creo que es rap o algo así, lo cierto es que es bastante rápida y ruidosa. Ignoro la música y me pruebo la primera camisa, voy al espejo y a penas al ver mi reflejo en el espejo sé que no iré el primer día de una nueva preparatoria con esta camisa, mis hombros que van desnudos se ven más grandes de lo que ya son, además que se ajusta mucho a mi pronunciada barriga, me zafo de esta camisa por encima de mi cabeza y la arrojo a un lado de mi cama. Voy por la segunda opción, cuando voy al espejo mis ganas de seguir probándome camisas desaparecen, esta segunda opción se ve espantosa, mis hombros esta vez están cubiertos, pero mis brazos siguen viéndose muy gordos, parezco así como un barril con una camisa.

Me desplomo en la cama —no quiero ir —grito con fuerza con mi rostro clavado en el colchón.

Mi madre la puerta de mi habitación de golpe, por suerte la toalla que he rodeado alrededor de mis caderas cubre mis partes íntimas porque si no me ve desnuda.

—Selene, aun no estás lista —me regaña, encaminándose a toda prisa hacia mí.

—No encuentro nada que me quede bien —habla en voz baja, levantando mi rostro del colchón.

Ella toma una de las camisas que hay regadas en mi habitación.

—Esta se te debe ver hermosa —dice, estudiando la camisa. Me siento en la cama y miro la camisa que según ella “se me vería hermosa”. La camisa es hermosa, pero en mí se vería horrorosa, pero es un modelo de camisa que a una chica flaca se le veía perfecta.

Niego con mi cabeza, mirando la camisa con desaprobación.

—No me pondré eso —aseguro, cruzándome de brazos.

Mi madre busca con la mirada otra solución, camina hasta mi cama y toma otra camisa.

— ¿Qué tal esta? —me anima.

Agradezco que mi madre quiera ayudarme, pero la verdad no lo está haciendo. Esta vez me muestra una camiseta que deja ver parte del abdomen, no quiero parecer Winnie Pooh el primer día de clases.

—Esa es peor, mamá —chillo, poniendo los ojos en blanco y me coloco de pie por completo. Camino hasta mi guarda ropa, no quiero volver a los suéteres holgados, pero no tengo otra opción. Con rompa ancha me siento mejor, siento que me escondo de todos esas personas que quieren herirme.

Mi madre resopla —Otra vez te pondrás esa ropa ancha —me reprocha al ver que saco un suéter negro del armario. Mi mamá me ha pedido que deje de usar este tipo de ropa, ella quiere que me acepte tal como soy, pero el problema es que no puedo ir por la vida mostrando el cuerpo del que tanto me avergüenzo.

—Sí, mamá. Seguiré usando esta ropa —respondo quitándome la camisa que me hace parecer un barril y colocándome el suéter.

—Eres muy hermosa, Selene —deja a un lado la camisa que tiene en sus manos y se sienta en mi cama —Sabes que eres hermosa ¿Verdad? —me pregunta.

Quiero gritarle que deje de mentirme, pero en vez de eso le sonrió y asiento con mi cabeza levemente.

— ¿De dónde viene esa música? —pregunto, para que mi madre no comience a hablar sobre lo bella que soy y todas esas mentiras.

Ella mira a través de mi ventana.

—Parece que el hijo de nuestros vecinos si está feliz por comenzar la preparatoria —responde, se pone de pie y camina hasta mí —. En diez minutos nos vamos así que apresúrate —me da un suave beso en la mejilla y desaparece de la habitación. Agradezco a los cielos que se haya ido.

Sigo con mi rutina, hasta que por fin consigo un pantalón que me guste como me queda, la verdad no me gusta del todo, pero no puedo exigir mucho, al menos se me ve mejor que los demás que me he probado.

Termino de lavar mis dientes, al final recojo mi cabello en una desordenada cola de caballo.



Monstrua Mayor

Editado: 23.06.2019

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