Charlie

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Un ángel perdido en el infierno

—¡Hey! Puedes salir de allí, Charlie. No hay nada que temer. ¿Charlie...?

Luego que la fiscal se retiró, yo regresé a la oficina, Charlie seguía acurrucado debajo de mi escritorio. Me asomé y traté de hacerle sentir seguro, aunque luego de todo lo que había sufrido, sabía que no sería sencillo. Comencé a hablarle, quería demostrarle que podía confiar en mí, que ya no corría peligro, porque aunque él estaba aterrado y se aislaba, yo debía intentar mantener la comunicación con Charlie.

—Entiendo que estés asustado después de todo lo que viviste. Yo tampoco confiaría en nadie, y menos en gente extraña. Pero no voy hacerte daño, por el contrario, voy a protegerte. Y también voy a encontrar a quienes te arrebataron a tus padres, Charlie, los haré pagar ante la justicia. ¿Comprendes lo que te digo?

Él ni siquiera volteó a verme, de hecho metió la cabeza entre sus piernas quizás como una forma de ignorarme o de auto-protegerse. Aunque en ese momento yo desconocía mucho sobre la condición de autismo de Charlie, no necesitaba ser un "psicólogo" para saber que sufría; que él comprendía que había perdido sus padres y que ahora enfrentaba de imprevisto que su mundo, tal como lo conocía, inevitablemente cambiaría.

Todos los seres humanos experimentamos las llamadas "crisis vitales". Estos son acontecimientos que suceden, muchas veces de forma repentina o inesperada, y que hacen que nuestra vida cambie de repente. Implican un conflicto y nos obligan a tomar decisiones, que no siempre son fáciles, ni nos sentimos capaces de tomar. Estas crisis, sean internas o externas, traen profundos cambios que pueden llegar a enfrentar la estructura mental y emocional de la persona con exigencias que superan la capacidad de adecuarse a ellos. Por ello nos puede llegar a remitirnos a una etapa de confusión, de desconocimiento de nosotros mismos, de pérdida y de vacío interior que puede prolongarse en el tiempo en función de diferentes variables como la inseguridad, el temor y la inestabilidad.

Durante muchos años se creía que las personas con condiciones especiales similares a las de Charlie, no podían comprender el mundo que les rodeaba y por tanto no eran capaces de interpretar las emociones o "no sentían", en pocas palabras no se les suponía sentimientos. Se partía de la idea errónea de que una capacidad cognitiva limitada suponía una capacidad intelectual y emocional limitada. Así que se pensaba que eran completamente ajenos a estas situaciones de crisis. Pero la realidad es muy distinta.

Por eso es importante el evitar las creencias erróneas que en ocasiones tenemos de que personas con una condición especial "no entienden estas cosas" y no hay que hacerlas sufrir innecesariamente; cuando muchas veces ya están sufriendo y la ayuda puede venir por reconocérselo y ayudarlas a canalizar adecuadamente su etapa critica.

Y Charlie atravesaba una de las crisis más dolorosas que los seres humanos podemos llegar experimentar: El duelo.

—Sé que soy un completo extraño para ti, pero puedes confiar en mí, Charlie. Y voy a cuidarte por un tiempo corto, quizás sólo por esta noche. Pero haré un esfuerzo por hacerte sentir un poco mejor. Y lo primero será llevarte a casa. ¿Quieres ir a casa, Charlie?

Charlie ni siquiera me miró, siguió en la misma posición con la cabeza metida entre sus piernas, completamente reducido como un niñito asustado bajo mi escritorio. Y eso hablaba mucho de su estado ánimo, ya que Charlie a sus dieciséis era casi de mi tamaño, ¡y yo mido 1,87 metros!

Y es que cada individuo con autismo puede reaccionar diferente ante una situación de sufrimiento: En algunos casos un individuo puede no ser capaz de conceptuar los sentimientos o expresar su duelo, pero como ser humano, no está exento de emociones; así que siempre experimentará algún grado de dolor y reaccionará a él de forma distinta. Esto de acuerdo también a su nivel cognitivo.

En el caso de Charlie su forma de lidiar con el dolor de la perdida fue aferrarse a lo único que le era conocido y que podía conservar: Su propio "yo", así que se ensimismó, intentando aislarse de todo ese mundo tan aterrador que ahora le rodeaba.

Como aún estaba bajo los efectos de los calmantes, sabía que podía sobrellevarlo, o al menos no me ofrecía resistencia. Me incliné para sacarlo de allí e intentar sentarlo de nuevo en el pequeño sofá de cuero que tenía en mi oficina.

—¡Ven, Charlie! No puedes quedarte allí abajo, te dolerán la espalda y el cuello si sigues allí encorvado.

Al tocarlo, él se sacudió un poco y estaba algo reacio a salir, pero imponiéndole un poco de fuerza permitió que lo sacara de allí. Noté que tenía la temperatura algo elevada. En un principio pensé que era producto del shock emocional por todos los sucesos traumáticos que había experimentado.

—Tienes quebranto, Charlie. Definitivamente tengo que llevarte a tu casa.

Luego de sentarlo, volví a cubrirlo con mi chaqueta ya que era algo que le brindaba cierta "seguridad". Charlie subió los pies al sofá y volvió a recogerse abrazando sus piernas. Me aparté un poco de él para llamar a Gus, pero no iba a perderle de vista de nuevo.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, investigacion criminal

Editado: 03.04.2018

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