Charlie

Tamaño de fuente: - +

El equipo de Charlie

 

"Dedicado a todos los especialistas, padres, familiares y amigos que de una u otra forma han llevado a cabo una labor titánica en beneficio de muchos niños, jóvenes y adultos con la condición de TEA en sus comunidades. Ustedes son los héroes desconocidos que están cambiando el mundo un día a la vez..."

***

***

—Las denuncias sobre "violencia doméstica" se hacen en el piso dos...

—¡Muy gracioso, Gus!

—¡A buen derechazo te metió el chico! ¡Quién lo viera tan tranquilo! Se ve hinchado, ¿duele?

—¡Charlie no me golpeó! Me di un golpe en la cara cuando me resbalé en la ducha.

—Si...claro... Lo mismo dicen las mujeres que van al piso dos.

Gus no iba a desaprovechar la oportunidad de burlarse del golpe que me dio Charlie, que a esa hora cuando llegamos a la comandancia ya se notaba hinchado. Le quité unas gafas oscuras que mi compañero llevaba en el bolsillo de su saco y me las puse para disimular. Charlie estaba a mi lado con mi chaqueta puesta, mis lentes de aviador y sosteniendo el conejo de peluche que le regalé. Se notaba muy asustado al verse rodeado de tanta gente desconocida y por todo el ruido que se escuchaba desde las oficinas, pero al menos permanecía a mi lado sin apartarse ni un instante de mí.

—¡Hola, chico! ¿Cómo estás?

—No te le acerques tanto, Gus. No es muy dado a los extraños.

—¡Como si a ti te hubiera conocido de toda la vida!

Se podía ver lo aterrado que estaba Charlie ante los extraños, y Gus no era la excepción. Aunque el por qué yo le caí bien a pocas horas de haberme conocido pudo deberse a varios factores: El hecho que le protegí de los oficiales de policía que le trataron de contener con violencia, el tono de voz pausado y tranquilo que usaba al tratar con él, mi forma de ser paciente y dulce ante su angustia, o la forma en la que le llevaba...no sé, pero Charlie desde un principio confió en mí y yo trataba de no traicionar su confianza.

—Tranquilo, Charlie; no pasa nada. Concéntrate en el conejo, no dejes que se te pierda.

Charlie apretaba aquel pobre conejo como si de ello dependiera su vida. Yo trataba de avanzar rápido, con él sujeto de la mano, a través del largo pasillo mientras Gus nos guiaba adelante hasta el departamento de Medicina Legal.

Allí en Medicina Legal había una serie de especialistas que tenían que examinar a Charlie de forma exhaustiva, tanto el aspecto físico como el psicológico ya que era sobreviviente en una escena de un crimen. Además ya Gus me comentaba que uno de nuestros psicólogos y un terapeuta de lenguaje estaban esperando para intentar "interrogar" a Charlie, en cuanto a que pudo haber sido testigo del crimen de sus padres y retener información muy vital para el esclarecimiento de los hechos. El problema es que yo tenía que dejarle allí con los forenses y Charlie no estaba muy dispuesto a verse solo ante desconocidos.

—Detective Cooper, un placer conocerlo. Tengo entendido que se le asignó la custodia de protección del menor, ¿no es así?

—Sí, doctor. Por los momentos fue la decisión de la fiscal.

El doctor Pierce era el jefe de Medicina Legal. Era quien estaba a cargo del equipo que laboraba en ese departamento y llevaría a cabo todo el procedimiento de exámenes protocolares a Charlie. Fue bastante amable con nosotros, aunque un poco intransigente en cuanto a los procedimientos.

—El menor se queda con nosotros y usted puede pasar por él una vez que finalicemos todo el procedimiento. Tomará varias horas, por lo que puede atender otros asuntos prioritarios de la investigación.

—¿Charlie se va a quedar aquí con ustedes? ¿Solo con ustedes?

—Detective, ¿supongo que no dudará que aquí entre en nosotros está seguro?

—No, no me refiero a su seguridad física...es que él se pone muy nervioso, aún está en shock por lo sucedido con sus padres... No creo que sea buena idea que me separe de él, doctor. .

—Detective, no puede estar aquí, debe retirarse. No se preocupe por el joven, sabemos cómo proceder de acuerdo a su condición.

Yo traté de calmarme y confiar en que efectivamente ellos tenían que saber cómo actuar en casos así, pero apenas solté la mano de Charlie y traté de distanciarme de él, Charlie se sujetó de mi saco tratando de impedir que me alejara. Yo me incliné y traté de calmarlo:

—Charlie, quédate aquí. Yo regresaré en seguida por ti.

Traté de mantener a Charlie quieto en la silla donde lo ubicaron, pero sólo empeoré la situación porque él se aferró a mí por la cintura como un gato drogado y tuvieron que meterse los asistentes a tratar de separarlo de mí.



Luzbel Guerrero

#163 en Detective
#97 en Novela negra

En el texto hay: lgbt, investigacion criminal

Editado: 03.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar