Chase

Tamaño de fuente: - +

U N O

Abrí los ojos lentamente sintiendo un dolor en la cabeza. Mi cuerpo estaba adolorido y no dejaba de preguntarme qué pudo haber pasado.

Observe el entorno cayendo en cuenta de que no estoy en mi habitación. Las paredes eran de un color blanco algo sucio, la habitación está completamente ordenada y la única luz proveniente del exterior viene de una ventana al final de la habitación. Un olor a limón inundo mis fosas nasales haciendo la situación un poco más relajante, pero no lo suficiente. Me levante de golpe y mi cuerpo me hace una mala jugada haciendo que me tambaleé de un mareo repentino.

Maldije internamente y me miro en el espejo. Tengo unas ojeras muy notables, mi cabello es un desastre, el maquillaje esta corrido y me veía agotada. Ahogue un grito y note que llevaba la misma ropa del día anterior y podría dejar de pensar en si algún secuestrador me hizo algo mientras dormía. No creo que un depravado tenga la amabilidad o energía de volverme a vestir.

Un ruido que parecía venir del piso de abajo me hizo dar un respingo. No estaba sola. Todo tipo de pensamientos sobre qué pasaría si cruzaba la puerta de la habitación, y ninguno daba a una conclusión buena. Agarré un bate de béisbol que se encontraba a un lado de la puerta y con sumo cuidado salí de la habitación. Al llegar a la planta baja lo primero que vi fue la sala de estar que consistía en un sillón de tres espacios y un sillón, al frente de estos dos había una televisión grande y un mueble que tenía fotografías de los habitantes de la casa. Tomé uno de los marcos con mucho cuidado y observe la foto con detenimiento, en ella había una familia. Dos niños y dos adultos con una sonrisa de oreja a oreja, como si se estuvieran riendo casualmente en ese momento. Otro ruido de la habitación de la derecha me hizo poner la foto en su lugar y avanzar lentamente y con sumo cuidado hacia dónde creí escuchar el ruido. Empuñando el bate respiré profundo y crucé el marco de la puerta encontrándome con una cocina más que ordenada. Cocinando allí, de espaldas, se encontraba un chico más o menos de mi alto, castaño y delgado. Un tatuaje poco visible gracias a su camisa se nota a lo largo de su cuello. Al voltearse se encuentra con mi rostro confundido y una sonrisa ladeada aparece en su rostro.

Dios, este hombre es más que hermoso.

–Veo que despertaste. Perfecto –me quedo perdida en sus ojos color grises –. Ahora puedes irte.

Frunzo el ceño y me cruzo de brazos tirando al suelo el bate –. ¿Cómo dices?

–Que te vayas –se encoge de hombros.

–¿Qué me pasó anoche? –cuestiono ignorando su pedido–. Más vale que me respondas.

–No tengo porque responder tus preguntas.

–Tendrías. Te recuerdo que amanecí en ¿Tu casa?

–Amaneciste en mi casa gracias a que te encontré caminando borracha en el bosque. Eres afortunada de que fui yo y no un depravado sexual.

– ¿Y tú eres? –suelta una carcajada bastante sonora y se da la vuelta para seguir cocinando.

–No te interesa mi nombre, créeme. No importara, porque apuesto que luego de esto jamás te volveré a ver.

–Tienes razón. No me importa –una sonrisa ladeada se forma en mis labios y salgo de la casa encontrándome en un vecindario bastante común.

Afortunadamente, conozco bastante bien la ciudad y sé a la perfección como regresar a casa. Y al llegar van a pasar dos cosas.

1. Recibiré el peor regaño y castigo que he recibido en toda mi vida por regresar al día siguiente y por haber faltado a la escuela tan descaradamente.

2. Llamaré a Meredith para reprocharle el haberme dejado sola en un club para mi cumpleaños.

Ingresé como normalmente lo hago y mi mamá me miró con una expresión tranquila. Sus ojos azules que desafortunadamente no herede eran como dos diamantes brillantes que irradiaban calma y paz al mismo tiempo que seriedad y responsabilidad. ¿Han escuchado del dicho que dice "Los ojos son los espejos del alma"? Pues en el caso de mi madre aquello era más que cierto, lo sabía desde que era niña. Su figura delgada y hermosa se encontraba sentada en el sofá tomando café como si el hecho de no haber regresado a casa anoche fuera totalmente común. Me sonrío radiante y se levantó para abrazarme.

–¿Cómo dormiste en casa de Meredith sin siquiera avisar? Debería castigarte, pero fue tu cumpleaños y quedamos en un acuerdo –soltó una risita y después volvió a sentarse como antes –. Al menos no te emborrachaste como, admito, creí que lo harías.

Una horda de confusión se expandió rápidamente por mi cerebro y al procesar todo algo hizo *click* dentro de mí. Mis padres debieron haberse preocupado bastante al no ver señales de mí a altas horas de la noche y al no contestar mi móvil optaron por llamar a mi acompañante, Meredith. Mi alocada mejor amiga debió haberse sentido culpable por acompañarme y debió, igualmente, pensar que me fui con algún chico que estaba allí –cabe mencionar que Mere está obsesionada con conseguirme pareja–, por lo tanto, les dijo a mis padres que estaba en su casa.



aleweexs

Editado: 12.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar