Circunstancias

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4. Amenazas y Problemas

12 de septiembre, 2015

El sábado siempre había sido su día favorito. Donde se tiraba en el sofá y se ponía a ver películas hasta quedarse dormida. Sin embargo, ese día era una excepción.

Se encontraba decidiendo si se vistiese de forma casual o formal.

«¿Por qué tenía que pensar en ese tipo de cosas?» pensó mientras tiraba todo a la cama.

Opto por unos jeans negros que se ajustaba a su cuerpo y un body de manga larga color azul oscuro. Vio por la ventana el aguacero que estaba cayendo. Debió haber llamado para cancelar la cita, ¿cierto? Aunque cuando se dispuso a hacerlo cuando se dispuso a hacerlo recibió un mensaje que decía que ya estaba en camino.

Estaba preocupada, no mentiría. El aguacero era horrible y temía que en el camino le pasara algo. Pero Lennox estaba más intenso en cuestión de pasos. El día anterior le había llamado para decirle que el sábado pasarían la tarde juntos. No le dijo sus planes, pero ahora viendo la lluvia caer sabía que lo que fuera que iban a hacer no era al aire libre.

Realmente hubiera deseado un picnic al aire libre en el parque.

Una hora después veía el reloj con impaciencia. Lennox no llamaba y la lluvia parecía no dar tregua. Dejó el celular a un lado con el volumen subido por completo y fue hasta la cocina para prepararse chocolate caliente. Cuando fue a bajar el chocolate del gabinete escuchó el timbre de su casa.

Sonrió de inmediato y caminó con rapidez hasta la puerta.

—Qué bueno que ya… —se calló de inmediato mientras observaba a Cesar sonreír.

«¿Qué carajo hacía ahí?» pensó Venice borrando su sonrisa de inmediato.

—Que cálido recibimiento. Pareciera que ya me esperabas —se burló mientras la observaba con descaro. Venice solo pudo sentir repulsión y se cruzó de brazos.

—¿Cálido? Discúlpame haberte confundido, pero claramente al que esperaba no eras tú. ¿Qué quieres?

No le agradaba tenerlo allí. Solo le hacía recordar lo que paso, lo que ella vivió. No importaba cuantas semanas pasaran, ella seguiría sintiendo rencor hacia él.

Verlo a la cara y saber lo que hizo le daba asco y producía unas grandes ganas de gritar al mundo su traición. Odiaba haber sido tan bondadosa. Debió ser más cruel y dejarle saber al mundo que él fue el amante de su cuñada.

Creó una falsa historia para que no se supiera la verdad. Él debería agradecerle el que continuara con su trabajo y reputación intacta. Debería no estar ahí, en su espacio personal. Acosándola, invadiéndola.

Cesar miró hacia dentro de su casa por encima de ella y luego la miró a los ojos formando una sonrisa. Le dio escalofríos, pero no le tenía miedo. Su trabajo le había enseñado muchísimas cosas.

—¿A quién esperas, Venice? —siseo mientras daba un paso hacia delante.

Venice estiró su mano y lo detuvo. ¿Qué mierda le importaba a él a quien esperaba?

—Dos cosas: la primera es que no te importa y la segunda es que quiero que te vayas en este instante de mi casa. No eres bienvenido aquí por ende no permitiré que des un paso más dentro de mi casa.

La expresión de burla de Cesar paso a una de enojo. Su paciencia se estaba yendo por el borde.

—Tenemos que discutir algunas cosas, querida. Vamos a mantener la calma.

Ella rio con burla haciéndolo enojar aún más.

—No vamos a discutir nada en mi casa. Las cosas de trabajo las arreglamos en la oficina y te recuerdo que yo solo atiendo con citas y hasta ahora tu no has sacado ninguna. Así que me haces el favor y te largas de aquí.

—Supongo que ya tienes un hombre entre tus piernas. ¿En que trabaja? ¿Chofer, guardaespaldas? Tu tipo de hombre parece ser de una escala por debajo de lo que mereces.

Venice apretó la mandíbula con fuerza haciendo sus manos puños.

«¿El muy cabrón es el que me pego los cuernos y se cree con derecho a ofenderme y reclamarme con quien estoy?» pensó mientras daba un paso amenazante.

Sus ojos se desviaron por cortos segundos por encima del hombro de Cesar. Lennox ya había llegado.

Miró a Cesar que se encontraba de brazos cruzados y la miraba con una sonrisa triunfal.

—Tienes razón, yo me merezco algo mejor en vida y claramente tú no eres ese alguien. No finjas saber cuál es mi tipo cuando tuviste el descaro de engañarme. Ahora lárgate de una vez de mi casa, Cesar. Si no lo haces te juro que llamare a la policía. Y no querrás enfrentarte a ella. Porque he sido muy benevolente contigo. No hagas cosas que sabes que te perjudicaran. De los dos tu eres el que perderías mucho más.



Wilmeliz Bonet

Editado: 22.06.2019

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