Cirox - la secuela del amor

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IX - Paradigma

Paradigma

POR LO visto, esta vez, seremos sólo Noru, Gianna, Ben y yo, contra lo que sea que nos pongan al frente.

¿Pero qué puede superar a una descomunal víbora de siete cabezas que se arrastra con su cruel cuerpo flexible e intenta destrozarte con sus mandíbulas diabólicas; o a un calamar gigante e impredecible que se sumerge en algún lugar de la arena y emerge bajo tus pies con sus miles de trituradores tentáculos?

No creo que pueda haber algo más aterrador en un catálogo de monstruos holográficos. Tal vez, una quimera que reine sobre los aires o un orco embravecido con su mazo incontenible. Ambos protagonizarían un gran espectáculo a las gradas y una desoladora matanza, pero a mí, siempre me han aterrado las criaturas que se ocultan o se arrastran. ¿Siempre? ¿Desde cuándo? Así que no puede haber, a mi entendimiento, nada más aterrador que Moriam y Góndola, dentro del menú. Claro que conozco muy bien que en este planeta nada puede darse por sentado y mucho menos si se trata de Six y de estas arenas holográficas.

De igual manera, considero que nuestro oponente, aun si se tratase de un simio torpe y gigante, la balanza inclinaría a su favor, con la probabilidad de un ochenta por ciento, teniendo en cuenta que Max y su escuadra, K en solitario, yo y los míos terminaremos luchando todos por nuestra propia cuenta.

Sería fácil para el enorme primate: Primero envestiría al fortachón de Max como una bola de hierro sólido y haría añicos su escuadra con sus enormes extremidades y sus gigantescos pies. Luego de ocho minutos, bueno, quizás cinco. Vendría por mí y los míos. Le bastarían cuatro o tres, de los mismos, para fulminarnos por completo. Tal vez nos devore o nos arroje fuera del campo usando sus brazos lanudos como catapultas. Teniendo en cuenta que K es un sobreviviente, dejaría el campo con uno que otro hueso roto después de ser envestido hacia las gradas con un fuerte golpe que lo sacaría volando de la arena como si se tratara de una bola de golf.

La gente de las gradas no ha parado de gritar desde que entramos a la arena, esto no nos ayuda. Me produce pánico escénico, al parecer no soy la única. Estamos envarados en este campo, rígidos en el extremo sur, a una distancia aproximada de treinta metros con relación al centro del campo, La escuadra de Max está a dos metros de distancia nuestro, a mis tres para ser exacta, intento memorizar sus nombres, Ben a hecho bien al darme la información de toda la escuadra, él es bueno con esta clase de trabajos. Repaso a los chicos de Max, uno a uno, con una sutil mirada. El chico rudo, algo encorvado y piel trigueña responde al nombre de Marcos, Ec-Nock 6; el pequeño, cabello rizado es Agi, Ec-Nock 5; la chica delgada, piel des pigmentada y cabello realmente oscuro, la conocen como Mailet, Ec-Nock 7 y la chica de aspecto lúgubre la llaman Maya, Ec-Nock desconocida.

A mis nueve, veo a K, está de pie, aproximadamente a unos cuatro metros. ¿Qué pasará por su cabeza?, su situación es más critica que la nuestra. ¿Cree tener alguna posibilidad si ataca solo? Se percata de mi mirada y vuelve su rostro hacia mí, sus ojos se posan en los míos. Me sonrojo sólo al verlos, tiene unos inusuales ojos grises y hermosos. Escapo a su mirada intentando mirar a algún otro lado. Clavo la vista a mis pies hasta que noto que desfallece y mira a otro lugar mientras acomoda su cabello con cuidado.

A Noru le encanta luchar, lo sé desde que lo conozco; puedo verlo en sus ojos, hay una leve sonrisa placentera en su rostro y ese ligero saltito de sus hombros.

-Vengan, Vengan. -Susurra.

Ben, es lo más distinto a Noru. Se lo nota nervioso, y con toda razón, no ha podido dominar su Ec-Nock. Esto nos deja con un miembro menos a la hora de un ataque estratégico. Al percatarse de mi mirada esconde su rostro, bajando de forma sigilosa su cabeza. Gianna lo consuela con un ligero toque en su hombro.

-Vamos Ben, tú eres importante para nosotros.

Él le sonríe y sujeta su mano. Se sonroja y luego me mira, un poco más confianzudo y me sonríe de igual forma. Le devuelvo la sonrisa y asiento con la cabeza. Gianna hace lo mismo.

-Fue un gusto acompañarlos amigos. -Esboza Noru una particular frase suya que nos hace carcajear.

-No es el momento de las despedidas Noru. -Le abuchea Gianna.

Volteo a mi derecha con la intención de echar un vistazo ligero a la escuadra de Max. Todos parecen estar al borde del éxtasis, como si hubiesen sufrido un raro efecto de trasmutación en unos escasos segundos que los eche de menos. Max en particular. Intenta ajustar sus vertebras con un continuo bailoteo de su cabeza, mientras sus puños fuertemente apuñados dejan notar sus venas cargadas de furia; se lo nota impaciente. Marcos a su izquierda, está de igual modo, su incapacidad de espera es evidente en su rostro y sus manos coniformes, abiertas y con una constante agitación de sus dedos que se mueven con la destreza de dedos de cirujano. Agi un poco más al oeste que ellos dos, está agazapado como una vestía al límite del delirio, esperando el momento oportuno en que pueda saltar sobre sus pies e ir a la carga. Las dos chicas, Mailet y Maya son casi inertes, no transmiten sensación alguna. Están al lado izquierdo de Max, y murmuran entre ellas al percatarse que las miro.



Victorem

Editado: 10.08.2018

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