Ciudades de Humo #1

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Capítulo 5

—¡Alice!

Ella se detuvo y se giró. Un niño bajo, regordete con una enorme mata de pelo rizado se acercaba corriendo a ella. Se detuvo delante de ella con una sonrisa. Ya no parecía la misma persona que había visto ahí dentro; ahora, en lugar de una persona segura y capaz de defender lo imposible, parecía un simple niño tímido.

—Eh... no sé si te acuerdas de mí.

—Eres el que me encontró —por supuesto que se acordaba.

—¡Sí! —el niño pareció sinceramente sorprendido de que lo recordara—. Me llamo Jake, por cierto.

Alice lo miró bien. Su sonrisa parecía sincera. Iba vestido con ropa vieja y ancha, tal como ella. Su pelo rizado estaba completamente descontrolado. Tenía la mirada algo insegura, pero alegre. Se sintió como si lo hubiera conocido de toda la vida.

—Um... me han asignado enseñarte la ciudad —miró su pierna, dubitativo—. Pero podemos esperar un poco.

—Estoy bien.

Quería verlo todo. Todo.

—Oh, genial —sonrió ampliamente el chico—. Sígueme, entonces. Empezaremos por lo peor. ¿No dices que lo mejor es para el final? Je, je...

Alice cojeó detrás de él, que caminaba por la ciudad con toda confianza. Sintió que todos y cada uno de los que se cruzaban en su camino la miraba con desconfianza. Se preguntó si habría sido una buena idea meterse en esa ciudad.

—Cuando te encontré pensé que estabas muerta —dijo Jake tranquilamente—. Me asusté que no veas, je, je... pero al final vi que respirabas y me tranquilicé.

—¿Por qué me ayudaste? —preguntó Alice.

—No lo sé —el niño se encogió de hombros—. Sentí que... no lo sé. Es difícil de explicar. Mira, ¿ves eso?

Señaló una casa que había a su lado.

—Todo esto es la casa de los alumnos, es decir, donde dormimos los pringados de turno que todavía no podemos valernos por nosotros mismos. Seguramente te pondrán en la de los avanzados. Yo estoy en los principiantes —se aclaró la garganta, avergonzado—. No es que sea malo, eh, es solo que... bueno, da igual. Dormimos todos en el mismo edificio, pero no solemos mezclarnos entre nosotros. No sé por qué, la verdad... somos gente guay, ¿sabes? En fin, detrás están los campos de entrenamiento. Es decir, el infierno.

—¿Qué clase de entrenamiento?

—La verdad es que yo estoy en conocimiento general, así que no lo sé. Te entrenan duro y te obligan a hacer muchas cosas para ver cuál es tu punto fuerte, y después te envían con los intermedios a mejorarlo. Los avanzados son los que se especializan en algo en concreto.

—¿Y si no tienes puntos fuertes?

—A todo el mundo se le da bien algo... espero, porque sino no hay esperanza para mí.

Alice, donde se suponía que estaban los campos de entrenamiento, solo vio un edificio mal construido de cuatro pisos con un enorme campo de fútbol detrás. Jake siguió caminando y se detuvo de nuevo en un edificio en mucho mejor estado.

—Aquí están los entrenadores —señaló—. Has conocido ya a todos, eres una afortunada, je, je... Deane es la experta en combate cuerpo a cuerpo, Geo es el experto en informática, Tina se encarga de los que no valen para luchar, aunque aquí los llaman aprendices para que no se sientan mal consigo mismos. Que no te engañen, son los que no pueden defenderse. Probablemente yo termine ahí.

—¿Y los otros dos? —preguntó Alice, al ver que Jake seguía caminando.

—Oh, Max tiene el trabajo más guay. Se encarga de las expediciones. Suelen ir a por más munición, o comida, o medicina... lo que sea que falte. Y Rhett... es una historia muy larga.

—Tenemos tiempo de sobra —Alice no quería perderse ni un detalle.

—Antes se encargaba él de las expediciones, porque es el mejor que tenemos aquí —Jake casi parecía lamentarlo—. Pero un día tuvo un problema en una y le obligaron a conformarse con entrenar a los iniciados y a los que no pertenecen a ninguna de las otras categorías. Es decir, entretener a los peores para que se mantengan ocupados y no se metan en líos.

—¿Ese es un buen trabajo?

—¿Buen trabajo? No, claro que no. Yo no lo querría ni si me pagaran.

—¿Por qué iban a pagarte?

—No me refería a que me pagaran de veras, es solo una manera de hablar...

—Ah, claro... —ella sonrió, nerviosa.

Siguieron caminando. Lo siguiente eran las casas de la gente que vivía ahí y no tenía ningún cargo específico. Los niños demasiado pequeños, los adultos demasiado mayores y los enfermos demasiado débiles, más que nada. Jake le dijo que empezaban a entrenar a los nueve años, por lo que hasta esa edad los niños solo tenían la responsabilidad de ayudar a sus mayores con lo que les pidieran. A Alice le pareció que la gente parecía mucho más feliz de lo que lo parecían en su zona. Además, todos iban vestidos como querían. ¿No tenían ningún uniforme? 



juju1255

Editado: 10.12.2018

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