Ciudades de Humo #1

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Capítulo 6

Había una cara delante de ella. Una niña rubia, con cara de ángel. Aunque ella sabía que no lo era. Lo contrario, más bien. Llevaba un precioso peto rojo que la hizo querer tener uno igual.

—Alicia la fea —sonrió maliciosamente la niña mientras las demás se reían.

Intentó ponerse de pie. Notaba algo húmedo en su pecho. La niña, Charlotte, había lanzado su bebida sobre ella. Alicia sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Alguien la agarró del hombro para volver a empujarla contra el suelo. Se quedó tumbada, escuchando las risas de sus compañeras. Especialmente la de Charlotte, que sobresalía sobre todos los demás.

***

Cuando Alice abrió los ojos, se sentía como si siguiera en el suelo tumbada. Pero no, estaba en un colchón viejo.

¡Alicia! Se llamaba Alicia. Era un avance.

Pero, ¿quién era esa chica? ¿Por qué soñaba con ella? ¿Era real?

Miró a su alrededor cuando se dio cuenta de que los demás se estaban despertando. Estaba sonando algo a lo lejos. Una... ¿campana? Vio que Jake, en la cama de su lado, se frotaba los ojos y la miraba.

—Buenos días, Alice —sonrió ampliamente—. Mira tu pierna, ya debe estar curada.

Alice bajó la mirada y, en efecto, notó perfectamente todo su cuerpo. Todavía tenía la venda en la pierna, así que empezó a quitarla, y se sorprendió al ver que tenía la rodilla amoratada, pero nada más. No dolía. Era como si nada hubiera pasado. Las heridas de las manos empezaban a desaparecer, y su cabeza estaba como nueva.

—¿Sorprendida? —preguntó Dean, en la cama que había delante de ella—. Los milagros de Tina.

Vio que todos se ponían de pie y los imitó. Estaban saliendo de la habitación con la misma ropa que habían usado el día anterior. Ella se olió a sí misma y se preguntó cuán higiénico eso debía ser. Vio que todas las chicas se iban hacia un lado y los chicos por otro. Jake le hizo un gesto de despedida mientras seguía a los suyos. Alice siguió a las chicas, sola e insegura.

Estaban todas en una especie de cuarto de baño enorme. Vio que había muchas que se miraban en el espejo y después se giraban hacia ella, curiosas. Aprovechó para hacer pis con cuidado de no tocar la letrina, y cuando pasó por delante del espejo, se quedó paralizada.

Tenía una cicatriz pequeña en la frente que en esos momentos estaba entre el rojo y el morado, pero por lo demás estaba normal. Como cualquier día. Como si no hubiera pasado nada cuando hacía unos días casi se había matado con un coche, ¿cómo era eso posible?

Miró a sus compañeras para ver si se ataban el pelo, pero ninguna lo hacía. Se hizo una cola de caballo como pudo (no estaba acostumbrada a hacérselas a sí misma) y las volvió a seguir.

Cuando salieron al exterior, lo primero que vio fue un campo de fútbol cubierto de hierba. Había cuatro pilares pequeños colocados, formando un cuadrado, al otro lado estaba Rhett, de pie, mirando unos papeles con aburrimiento. Al instante en que vio a Alice, se le iluminó la mirada. Ella supo que no era nada bueno. Apartó la mirada e intentó meterse entre la gente para perderlo, especialmente cuando vio que volvían los chicos. Justo cuando iba a alcanzar a Jake, que le sonreía, escuchó la voz de Rhett justo a su lado.

—Mira a quién tenemos aquí —sonrió ampliamente. Alice se quedó paralizada, estaba delante de ella. Tuvo que clavar la mirada en su pecho, que era lo que tenía delante, tragando saliva—. Carne fresca.

Miró a Jake, Dean y Saud de reojo. Dean negó con la cabeza, indicando que se callara.

—¡De la zona de androides, ni más ni menos! —notó aún más miradas clavadas en ella. No sabía cómo reaccionar. Rhett se movió a su alrededor y dedujo que se había quedado a sus espaldas, porque dejó de escuchar sus pasos por la hierba—. ¿Cuánto creéis que durará antes de que la pateen fuera del cuadrado?

—Diez segundos —replicó una voz femenina a unos metros.

—Era una pregunta retórica, Anne, pero gracias por demostrarnos que es mejor meterte en un ring que ponerte a pensar —le soltó Rhett, a lo que empezaron a escucharse risas. Volvió a moverse hasta quedar delante de Alice. Se inclinó para que lo mirara y sonrió más—. ¿Tienes miedo?

Alice lo miró fijamente. Lo cierto era que sí, que tenía miedo.

Su mirada se desvió un momento a la cicatriz, pero apartó los ojos enseguida. Sintió una ola tremenda de incomodidad. Él la ignoró completamente.



juju1255

Editado: 10.12.2018

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