Ciudades de Humo #1

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Capítulo 13

Después de Deane, Alice tenía la sensación de que podía dejar que la atrapasen los de la capital y ni siquiera le importaría lo más mínimo.

La última hora del día, la que tenían justo antes de comer, era la especializada. Es decir, si estabas en informática, tenías una clase específica, y si estabas en armas, como Alice, tenías otra clase específica. Casi lloró de la alegría al ver que era Rhett el encargado.

Él era muy diferente a como había sido con el otro grupo. Era más frío, hablaba menos, y no hacía bromas. Ni siquiera crueles. Era preocupante.

El amigo de Shana estuvo con Alice la mayor parte del tiempo, así que, al menos, se quitó de encima el peso de intentar averiguar qué tenían que hacer. Además, lo que estaban haciendo ese día Alice ya lo había practicado antes con Rhett, así que prácticamente fueron dos horas de repaso de contenido.

Terminaron las clases y todo el mundo se fue a la cafetería. Todo el mundo menos ella. Mientras se dirigía a la sala donde guardaban la munición, se dio cuenta de que todavía iba cubierta de barro hasta las rodillas.

Rhett estaba sentado en una de las mesas, cargando una pistola. Al oírla entrar, la miró de arriba a abajo.

—Por tu cara y tu ropa, deduzco que ya has empezado con Deane.

—Odio a esa mujer.

Rhett frunció el ceño.

—No digas eso aquí.

—Aquí nadie me oye —Alice se cruzó de brazos, los cuales seguían doliendo.

—Yo te oigo.

—¿Y qué? ¿Irás corriendo a gritárselo?

Rhett se puso de pie y pasó por su lado para dejar unas cuantas cosas en la estantería. Le pareció ver una pequeña sonrisa divertida en su rostro.

—No, no lo haré. Pero eso no lo sabías. ¿No te han enseñado nunca que no te fíes de nadie?

—Si no me fiara de nadie, no habría venido nunca a esta ciudad.

—Como sea. No te queda otra que soportar a Deane dos horas al día.

Hubo un momento de silencio mientras él colocaba algunas otras cosas. Alice se retorció los dedos, impaciente.

—Quiero volver a los principiantes.

Rhett se detuvo un momento.

—¿Tienes idea de la cantidad de personas que matarían por estar en tu lugar?

—Yo mataría para irme.

Él no dijo nada, pero pareció pensativo.

—Yo no puedo hacer nada —dijo, finalmente.

—¿Nada?

—¿Qué tal tu brazo? —cambió de tema rápidamente, poniéndole una pistola en las manos y saliendo de la sala. Alice lo siguió casi automáticamente.

—Sinceramente, ahora mismo me preocupan más mis piernas.

Él la miró con el ceño fruncido.

—¿Tan mal ha ido?

—¿Por qué me pasasteis al grupo avanzado? Ni siquiera hice la prueba.

—Yo no controlo eso, lo hace Max —dijo, mirando a su alrededor.

Ella suspiró, y después frunció el ceño.

—Tú podrías ayudarme.

—Lo dudo.

Rhett se había vuelto a detener, parecía estar perdiendo la paciencia.

—Sí, puedes ayudarme para que no se me dé tan mal —ella se acercó a él, que retrocedió.

—A mí tampoco se me da bien el combate. Además, Max no nos obliga a quedarnos a esta hora para practicar combate.

—¿Y tú sólo haces lo que te dice Max?

Rhett entrecerró los ojos, eso había dolido.

—Colócate en posición —exigió.

—Tienes que ayudarme —repitió ella, a su vez.

Rhett había llegado al punto en que su paciencia empezaba a desaparecer, convirtiéndose en enfado.

—Ninguno de los dos quiere estar aquí, ¿por qué no te colocas en posición y terminamos con esto rápido para que cada uno pueda seguir con su vida?

—Cuando me hayas ayudado, lo haré.

—Los dos sabemos que aquí yo pongo las normas. Ahora, haz lo que te he dicho.



juju1255

Editado: 10.12.2018

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