Ciudades de Humo #1

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Capítulo 33

Ese día había sido el más leve caminando. Alice apenas estaba sudando cuando Rhett y Tina, que encabezaban el grupo, se detuvieron delante de una muralla parecida a la que tenían en Ciudad Central. Había cuatro guardias que los miraban desde la altura de ésta. Solo habló uno de ellos.

—No aceptamos desconocidos —dijo, simplemente.

—Venimos a hablar con Ben —le dijo Rhett.

El guardia miró a uno de sus compañeros, dubitativo.

—¿De parte de quién?

Rhett se removió, incómodo.

—De su hijo.

El hombre agarró un aparato de su cintura y le dijo unas palabras. Pasaron unos segundos y, como por arte de magia, la puerta de la muralla empezó a abrirse lo justo para que pasaran uno por uno.

—¿Qué es esto? —preguntó Alice en voz baja.

—Estoy tan perdido como tú —murmuró Jake.

Como los demás parecían completamente seguros, Alice y Jake se dieron las manos para infundirse confianza —que no tenían— el uno al otro.

Era una ciudad más pequeña que Ciudad Central, pero mucho mejor conservada. Los edificios no eran nuevos, pero parecían mucho mejor cuidados que los demás que había visto en su tiempo ahí. La gente no usaba ropa ancha y vieja, sino que todos llevaban monos de guardia de ejército y los miraban con cierta desconfianza. ¿Eran todos guardias?

El guardia de la puerta y otro que se puso detrás de ellos, los condujeron por la ciudad, y Alice se fijó en el hecho de que no había visto a un solo niño o anciano, sino que todos eran adultos, hombres y mujeres, la mayoría con mala cara y más forzudos que ella con diferencia. Intentó no mirar demasiado a nadie, lo último que necesitaba era meterse en un lío con alguien que la doblara en tamaño.

El guardia no se detuvo hasta llegar al único edificio de tres plantas de la ciudad. Llamó a la puerta y otro guardia abrió, sustituyendo al primero para llevarlos escaleras arriba en un edificio hecho casi completamente de hormigón.

Delante de la última puerta del primer piso, se detuvo y llamó a con los nudillos. Tras unos segundos, otro guardia asomó la cabeza y abrió la puerta, mirándolos con desconfianza. Rhett entró el primero, respirando hondo, y los demás lo siguieron.

Parecía un despacho, pero solo había una mesa enorme en el centro iluminada por un gran ventanal que daba a toda la ciudad. En la mesa, había un mapa con algunos planos y notas escritas en él. Dos guardias que parecían estar distinguidos por llevar una medalla de plata en el pecho estaban apoyados en el borde de la mesa, escuchando a un hombre de unos cincuenta años, con el pelo corto y canoso, pero con porte duro y fuerte. Alice supo sin ninguna duda que, fuera lo que fuera esa ciudad, ése debía ser el líder. 

Y, por tanto, el padre de Rhett.

Cuando el hombre levantó la cabeza para mirarlos, frunció el ceño profundamente. Alice pudo ver cierto parecido en algunos aspectos físicos con Rhett. Tenían, sin duda, los mismos ojos. Solo que los de Rhett eran mucho más jóvenes y los de él parecían expresar cierto... desprecio.

Alice vio que Rhett adoptaba una postura más defensiva cuando el hombre se separó de la mesa y se acercó a él a paso lento. Rhett era unos centímetros más alto, pero el otro hombre intimidaba más. Alice estaba segura de que, si hubiera sido ella la que estaba de pie justo delante de él, probablemente habría querido salir corriendo.

—Hijo—dijo lentamente, mirándolo casi sin parpadear.

Rhett no respondió, simplemente se quedó mirándolo.

—Hacía ya tiempo que no te veía, chico —replicó. Tenía la voz profunda—. ¿Cinco? ¿Seis años, quizá?

—Seis —masculló él.

—Seis años —su padre asintió con la cabeza, sonriendo (aunque la sonrisa no llegó a sus ojos).

Clavó la mirada en los demás. Jake dio un paso hacia atrás inconscientemente.

—¿Quiénes son?

—Amigos —se limitó a responder Rhett—. Están conmigo.

—Ya veo —Ben los examinó uno a uno, y ella sintió ganas de apartarse de su campo de visión cuando llegó su turno. Sin embargo, apenas les prestó atención, clavando la mirada en su hijo de nuevo—. ¿Y qué quieres?



juju1255

Editado: 10.12.2018

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