Como agua y aceite

Tamaño de fuente: - +

Melanie Bucket

Si os gusta la historia por favor no os olvidéis de votar (súper importante please), de comentar y de agregarla a vuestras listas, ¡gracias!

 

 

Melanie Bucket

 

 

Spike pasó cerca de media hora frente a la puerta de Elizabeth antes de darse por vencido y volver al sofá, estaban haciendo un programa de videoclips y aunque se encontraba algo cansado de insultar a la televisión prefería eso a sentirse como un verdadero imbécil por gritarle a una puerta. Bostezó ligeramente mientras el tipo de la tele hablaba haciendo muecas estrambóticas sobre lo último de Prince cuando Garrett entró por la puerta, echando humo por la nariz y con cara de muy pocos amigos. Spike conocía aquel gesto, era el que siempre ponía cuando en su mente se sucedían imágenes sádicas sobre él mismo aniquilando a toda la humanidad. Al ver que el policía se dirigía directamente hacia el cuarto de Elizabeth, Spike dedujo que la paz había terminado.

Garrett intentó abrir la puerta de la chica sin ningún éxito, así que se dedicó a aporrearla con tal fuerza que incluso hizo vibrar la madera. Spike alzó ligeramente la cabeza, obervando la escena.

—Si rompes la puerta la pagas tú —le dijo con tranquilidad—. Yo no pienso hacerme responsable de tus destrozos.

—¡Cállate idiota! —Bramó Garrett sin girarse, pegando a la puerta cada vez con más fuerza— ¡Sal de ahí dentro, ahora!

Spike suspiró y volvió su vista hacia la televisión, no valía la pena inmiscuirse. Cuando Garrett tenía alguno de sus arranques nadie sabía cómo podía reaccionar, pero de lo que cualquiera podía estar seguro era de que acercarse a menos de diez metros a la redonda podía poner en serio peligro la integridad física del espectador.

Elizabeth abrió la puerta, sorprendiéndose al encontrar a Garrett frente a ella. Lo observó de hito en hito con cierto tedio y luego soltó un suspiro.

—¿Qué quieres? —Preguntó— Creía que serías Spike

Garrett hizo caso omiso a su pregunta, estaba demasiado enfadado para prestarle atención.

—¿Se puede saber quién te has creído que eres para tocar algo de mí propiedad? —Bramó Garrett poniéndose a su altura para alzar ligeramente la barbilla— ¡Dámela, ahora!

La chica se cruzó de brazos y arqueó una ceja, mirando fijamente a su compañero de piso antes de contestar.

—Strauss, ¿alguna vez te han hablado del yoga? Va muy bien para el estrés —comentó con calma—. Deberías probarlo, así no parecerías un puto psicópata.

Garrett se pasó la mano por la cara, estaba fuera de sus cabales y temía hacer alguna tontería. No podía dejarse llevar por la ira, debía mantener cierta serenidad pero la presencia de aquella estúpida metomentodo le alteraba más de la cuenta.

Respiró profundamente y, sin mediar palabra, la apartó de un empujón para entrar en la habitación y revolverlo todo.

La muchacha se volteó furiosa, ¿quién se creía que era ese idiota para meterse en su cuarto? ¡Le estaba fisgoneando las cosas! Entró y fue hacia él, empujándolo con todas sus fuerzas y haciendo que se voltease.

—¡Eres un maldito lunático! —Chilló la chica— ¿Es que no te han enseñado educación, pedazo de imbécil? ¡No puedes entrar en habitaciones ajenas!

—¿Yo, mal educado? ¿¡Yo!? —Garret estaba rojo de la ira. Aquello ya era el colmo, primero esa inepta le robaba y ahora encima le insultaba de nuevo. Comenzaba a cansarse de todas sus impertinencias y tenía la sensación de que el día menos pensado, en un arranque, cogería sus cosas y las arrojaría por la ventana — ¡Eres tú la que me ha cogido algo sin permiso! ¡Tú eres la maleducada a la que no le pagaron un colegio decente! Sabía que eras retrasada, pero no pensaba que también tuvieses alma de delincuente.

Spike, que escuchaba los gritos sin prestarles mayor atención, se acercó al televisor e intentó subir el volumen; el programa de música de la Mtv era uno de sus favoritos, y no quería que aquellos dos se lo estropeasen. A demás estaba saliendo Cindy Lauper y, aunque no le agradaba mucho su música, la cantante en sí le gustaba bastante. Garrett y Elizabeth no paraban de gritar, Spike pensó que eran un par de pesados, así no había forma de centrarse en lo que estaba viendo. Menudos idiotas sin consideración, él nunca les daba problemas si estaban durmiendo o estudiando.

Mientras, los otros dos seguían tan metidos en su pelea que ni siquiera tenían claro en aquel punto por qué habían comenzado a gritarse. Parecían haber entrado en una especie de círculo vicioso del que no podían salir, pero tenían claro que aquella era una cuestión de orgullo y ninguno de los dos se dejaría vencer por el otro.

—¡Yo no te he cogido nada tuyo! —Gritó la chica, cada vez más enfadada— ¡Eres un maldito arrogante y un idiota! Antes robarte me corto la mano no sea que se me contagie algo de tu gilipollez, imbécil.



Marine Chinaski

Editado: 21.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar