Como agua y aceite

Tamaño de fuente: - +

Noticias de Francia

Si os gusta esta historia no os olvidéis de votar, (súper importante chicos, por favor), añadirla a vuestras listas de lectura y por supuesto comentar. 

 

 

 

 

Noticias de Francia

 

 

 

—Y entonces me salió con un rollo absurdo sobre el poliamor y la libertad en plan excusa barata para decirme que se quería follar a otras.

Lana se paseaba de un al otro del salón, gesticulando con las manos de forma desenfrenada mientras soltaba blasfemias a cada cual mayor sobre su recién estrenado ex novio. Llevaba así cerca de tres horas; después de que fuese al piso de Elizabeth había dejado de llorar a moco tendido para ponerse como una verdadera furia, amenazando con romper cualquier cosa que se interpusiese en su camino.

Elizabeth la observaba atentamente, era increíble cómo su amiga podía experimentar todas las fases del duelo en un lapso de media hora y repetirlas en bucle constante, como si se tratase de un disco rayado emocional.

—¡Ese cerdo asqueroso! —Lana abrió sus orbes castañas de tal manera que casi parecían estar saliendo de sus órbitas, observó a Elizabeth y la señaló con el dedo— ¡Que le estaba privando de su puñetera libertad! ¿Pero qué dices? ¡Sabes qué dice! ¡Qué la monogamia es una imposición social y yo tengo el cerebro lavado por el sistema! Pienso romperle el cuadro de Long Island, ya le tiré por la ventana esa basura que pretendía ser Central Park pero el de Long Island se lo estima más. Maldito imbécil, ojalá tuviese coche para reventárselo.

—Todavía... —Elizabeth habló intentando preservar la calma, pero Lana estaba demasiado ocupada hablando para sí misma planeando una venganza magistral como para escucharla— ¡Lana!—La aludida se volteó— Todavía no me has explicado qué ha pasado exactamente. Sé que Josh es un cerdo, un imbécil, un artista fracasado y un cabrón, pero necesito que me pongas en contexto.

Lana la escudriñó con la mirada, como si se hubiese olvidado de por qué estaba allí realmente y solo se acordase de insultar a Josh. Se quedó pensativa unos instantes y, de repente, relajó los músculos. Tomó asiento al lado de su amiga y la miró, emitió un sonoro suspiro antes de contestar.

—Tuvimos una pelea —musitó frunciendo el ceño—. Desde hace tiempo no vamos... íbamos —se corrigió—, muy bien. Se pasaba las horas fuera de casa, había empezado a frecuentar grupos asamblearios bastante raros, neo hippies de esos que no comen carne o se vuelven budistas de la noche a la mañana aunque sus padres tengan tres pisos en Brooklin.

—¿Pero estaba trabajando, no? —Inquirió Elizabeth recordando que Josh solía llegar tarde porque se quedaba hasta altas horas de la noche en el estudio de arte que tenía alquilado junto a algunos amigos.

—Sí, claro, con ese grupo de intensos posmodernos que ahora disfrazan el querer follarse a medio Nueva York de lucha contra la normatividad opresora. —Lana recitó aquello último haciendo una mueca de desdén, parecía algo cansada del tema— Josh siempre ha necesitado reafirmarse con esas cosas.

—No tiene pinta de polígamo, la verdad.

—En principio no, pero es muy fácil decir que eres polígamo porque quieres follarte a más tías a parte de tu novia. Para eso no se necesita ser polígamo, solo un puto cerdo.

—¿Habéis roto por eso? —Preguntó Elizabet.

—No, eso ha sido la gota que colmaba el vaso —Lana iba a insultar a Josh de nuevo, pero se contuvo—. Empezó hace un par de meses diciendo que le presionaba, que siempre estaba pendiente del dinero ¡Pues claro que lo estoy, nunca nos llegaba el alquiler porque él se pasaba la maldita vida pintando gratis! Decía que era demasiado para él, que lo nuestro no iba a más. Claro, como siempre la culpa es mía. Nos dijimos muchas cosas, demasiadas, le rompí su estúpido cuadro de mierda, cogí las maletas y me largué.

—¿Y por qué no lo echaste? Pareces tonta.

—¿Echarlo? —Lana sonrió sarcásticamente—. No, cielo, que se quede ese cuchitril y que pague el solo su puto alquiler con su sueldo de mierda. A ver si luego soy yo la que estoy siempre pendiente del dinero.

Elizabeth asintió. Josh siempre había sido un tipo raro, aunque había atribuido su excentricidad al hecho de que se consideraba a sí mismo un artista bohemio neoyorkino, y los artistas siempre tenían sus extravagancias. Pero Lana era su mejor amiga y, aunque Josh siempre le había caído bien, era una auténtica cerdada lo que le había hecho.

—Bueno —suspiró y se levantó del sofá. Echó una mirada a Lana y sonrió levemente—. Tenemos que irnos.

—¿Adónde? —Preguntó su amiga confusa—. Mira, yo no tengo ánimos para nada...

—Me da igual —respondió ella tercamente—. No vas a tirarte todo el día encerrada en casa para darle el gusto a ese gilipollas. Nos vamos por ahí; al parque, al centro comercial, a donde sea, pero nos vamos.



Marine Chinaski

Editado: 21.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar