Cómo conquistar a un escritor [y no morir en el intento]

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Capítulo 2

Llegar a la oficina de la editorial me tomaría una hora. Pero, si tenía suerte y no había algún atolladero típico de esta gran ciudad, podría hacerlo en cuarenta y cinco minutos. ¿Dije cuarenta y cinco? Ok, eso fue mi tiempo para afuera, porque para adentro se me hacía un viaje eterno.

¿Qué había querido decir Valeria al informarme de que las ventas de mis libros habían bajado? ¿Tan urgente era como especulaba? ¡Creo que exageraba! Ok, no era que esperara que se mantuviera como un long seller eternamente. Era obvio que, al desintegrase One Direction, la popularidad de mi novela bajara. Y bastante había durado al venderse durante los últimos meses.

Me habían dicho que, lo normal de la duración de tiempo de vida de un libro en sus ventas fuera de aproximadamente tres meses. ¡Tres meses! Poco, ¿cierto? Sin embargo, yo tuve la suerte de que mi fanfic fuera traducido a varios idiomas, lo cual repercutía en sus buenas ventas, las cuales me daban la cantidad necesaria mensual para poder mantenerme. Pero, según veía, parecía ser que la gallina de huevos de oro se me había acabado. ¡No podía ser cierto!

¿Qué iba a ser de mí? ¿Debía regresar a provincia, con mis sueños sin concretar? ¿Pedir traslado a una universidad de allá? ¡Ni loca! En tres años que había dejado mi pueblo, poco o nada había cambiado en los alrededores.

El Estado seguía siendo un ente invisible que tenía muchas promesas sin materializarse para sus ciudadanos. La educación y la salud seguían siendo relegadas.

Recordaba que, cuando había viajado en mis vacaciones de verano, me había accidentado y hecho un esguince. Mi papá me había llevado al hospital más cercano. ¡Y tuve que hacer una cola de espera por más de seis horas en la sala de urgencias para que me atendieran! Sí, ¡seis miserables horas!

Pero ¿de qué me asombraba? Si justo mi pueblo se hizo famoso porque salió en las noticias que una mujer dio a luz a su bebé en la sala de emergencias, un par de días después de que me atendieran. Los enfermeros y doctores eran tan inhumanos, que no la atendieron, aun cuando la pobre estaba dando gritos de dolor por estar en labores de parto. Sí, así como lo leían. Fácil uno podía estarse muriendo, y los doctores ni se inmutaban.

Respecto a la educación, pues lo mismo. Mi escuela secundaria seguía siendo una construcción antigua, de ladrillos, que abarcaba un gran terreno, eso sí, pero con paredes que se caían a pedazos producto de las inundaciones que cada período se suscitaban. Por ahí recordaba haber visto de cerca a no se qué ministra de entonces, llenándose la boca diciendo, frente a las cámaras de televisión, jurando que reconstruirían y modernizarían las escuelas de mi región. No sé si las de pueblos y ciudades vecinas recibieron la ayuda prometida, pero en lo que la mía respectaba, seguía igual de vieja y semidestruida desde años atrás.

Con este panorama, pues podrán hacerse una idea de que en donde vivía pocas oportunidades tendría. Regresar a mi región para estudiar no era algo que estuviera en mis planes, no.

Por otra parte, si bien no había publicado nada desde hacía dos años atrás, porque luego de las críticas tan negativas que había recibido, había decidido que mi próximo libro sería uno que callara las bocas de los críticos y ya no quería escribir más sobre romances adolescentes irreales y clichés, debía priorizar las cosas. Lo que ahora necesitaba era dinero, a fin de cuentas. Así que, podría dejar atrás mi ego dolido y ponerme a escribir la continuación de mi fanfic, el cual tanto me pedían. Total, lo que necesitaba era dinero contante y sonante, y haría todo lo que fuese para conseguirlo. Pero, en el peor de los casos, que aquel no obtuviera las buenas ventas que necesitaba, había algo que me tenía esperanzada.

¿Quizá podría informarle de mi situación a mis padres y ellos me podrían apoyar económicamente?

Cuando hacía unas semanas había ido a visitarlos, había escuchado a papá decir que la venta en su bodega había mejorado considerablemente. Según me enteré, gracias a que una empresa había instalado un módulo de investigación de no sé qué —ok, debí haber prestado mayor atención entonces— el personal que trabajaba en ella se había mudado a mi pueblo, provocando un mayor impulso a la economía local.

Si esto era así, fácil podría mejorar el panorama para mí, ¿sí? ¡Obvio que sí! No importaba que las ventas de mis libros bajasen, no importaba que Valeria se quejase de que no publicaba nada desde hacía dos años, no importaba que no ganase dinero para mantenerme... porque mis padres, por fin, podrían hacerse cargo de mis gastos en la capital.



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En el texto hay: humor, diferencia de edades, amor

Editado: 05.10.2018

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