Cómo deshacerse de un Beckham (sin que él lo haga primero)

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Aún no salía el sol, todo el cielo estaba oscuro o en azul muy oscuro, lleno de estrellas y con una luna menguante acompañándolas, me había asomado a través de la ventana para ver un amanecer fuera de casa, me emocionaba porque los edificios en Nueva York me impedían verlo, pero ahí estaba, y era tan emocionante y lleno de vida, no me imaginaba la vida de un viajero, emocionándose por cada cosa nueva que miran en el mundo con una gran admiración, yo creía que había que ver la vida con los ojos de un turista, y eso estaba haciendo. Nick Beckham seguían durmiendo con un brazo sobre su pecho y con la boca abierta, él mantenía aún los zapatos sobre sus pies, y estos estaban sobre la cama.

Regresé a la cama de una pieza y saque de mi mochila mi portátil mientras amanecía y Beckham me decía que habría que irnos, o al menos hasta que él se levantara, por lo que una vez que la había encendido había comenzado a escribir acerca de la travesía que llevaba con Beckham, desde cómo me había subido en su auto y todo lo que continuaba, sin embargo la idea de mis padres buscándome llego a mi mente y no pude evitar sentirme mal, ellos nos merecían pasar por esto y yo, era una malagradecida, no obstante ya había tomado la decisión y no iba a echarme atrás, si me deshacía de Beckham podría encontrar la ciudad, Ed vería que soy muy eficiente y podría hacer más de esas cosas, aunque claro también había otra posibilidad de que en cualquier momento me dejase abandonara en algún hotel y así se deshiciera de mí, sin dejar rastro alguno de mí, igual, nadie podía comprobar que me había metido en su auto.

Beckham dio media vuelta cayéndose de la cama y golpeándose con el velador que separaba las camas, la cabeza, yo solo reí en silencio, había sido gracioso como se había golpeado la cabeza y se había quedado en el suelo sobándose. Él me volteó a ver de una mala manera al reírme y al ver mi computadora sobre mis piernas.

— ¿Te has despertado temprano porque temes que te deje? —preguntó en un gruñido levantándose de ahí y tomando su chaqueta de cuero oscura, yo solo negué, claro que lo temía, pero no iba a demostrárselo.

—Entonces... ¿vamos a continuar con el viaje o te piensas volver a tirar al suelo?

—Jodida niña—balbuceó dirigiéndome una mala mirada.

Se fue a verse al espejo de un pequeño cuarto de baño, desde ahí pude ver como acomodaba su cabello castaño y lavaba su rostro, yo había cepillado mi cabello desde mucho más temprano así que no había problema con ello, me veía presentable, además, me había puesto mi abrigo y atado mis zapatos. Durante esos minutos en los que Nick estuvo arreglando su rostro y no sé qué más, yo había guardado mi portátil en la mochila y dejado por encima de la antigua chaqueta de cuero de papá, hasta que Nick me indicó que saliéramos de ahí. Seguí su paso, pero yo salí primero y él cerró la habitación, bajamos las escaleras y él dejo las llaves sobre la barra, por lo que salimos de ahí hacía su auto, el auto rojo que era su adoración.

Al entrar miré como mi móvil se había quedado ahí, él me miró de una mala forma, ya sabía que no debía dejar nada ahí, pero nadie estuviera en contacto conmigo si lo perdía, pretendía aquello, más no todo es posible. Nos acomodamos en los asientos y él encendió el motor comenzando a conducir, y todo ello en silencio.

—Vi que hay maletas en tu auto, ¿por qué no te has dado un baño y cambiado?

— ¿Ahí?—preguntó el riendo, a lo que asentí, por supuesto, si yo llevase ropa ya me hubiese deshecho del uniforme—. De ninguna manera, si dormir fue una pesadilla, sentía que en cualquier momento iban a matar a alguien.

—Eres muy paranoico.

Él rio burlonamente sin despegar las manos del volante y llevando la mirada al frente, ya empezaba a amanecer, por lo que los rayos del sol daba directamente a nuestros ojos hasta que salimos a la carretera. Por mi parte había decidido poner música, a pesar de que a él no le gustaba nada de lo que ponía, pero al cabo de minutos, él ya había empezado a tarareaba molesto, y yo sonreía.

— ¿Y tus padres no estarán molestos?

—Deben de pensar que no fui a casa por estar en casa de alguien más—añadí, la casa de alguien más me refería a la de Ele o con Line, incluso con Astrid, pero no nos llevábamos tan bien—, y que ahora mismo estoy en el colegio.



Daniela Sheathes

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En el texto hay: aventuras, ciudad misteriosa, amistad

Editado: 27.09.2018

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