Cómo deshacerse de un Beckham (sin que él lo haga primero)

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Me miré al espejo frente ahí tras haber respirado hondo, pasaban de las tres de la mañana y mi cabello estaba al fin seco, y definitivamente podía decir que el castaño no se me veía mal después de todo y como muchos me decían tiempo atrás. Me hacía ver linda y además resaltaba más mi piel, si no hubiese sido rubia el castaño hubiese sido una buena opción para mí. Además el nuevo tono de color en mi cabello me ayudaría más de lo que esperaba, ya que todo este tiempo estarían buscando a una rubia, no a una castaña, y que además llevaba el cabello ligeramente más corto.

No dormí toda la madrugada, estaba un tanto nerviosa ante todo en realidad, así que encendí mi portátil y comencé a escribir un poco acerca de las aventuras que ya llevábamos, aunque claro, todo se quedaba en borrador y solo para un recuerdo personal en compañía de las fotografías, ya que tampoco era tonta como para delatarme en algo que nadie leería, pero que por casualidad llegará a alguien. Pero al final, resultaba que aquello de "no dormir toda la madrugada" era algo exagerado y una total mentira, ya que después de todo mis ojos se habían rendido y había dormido un poco hasta que dio la hora para volver al viaje por la carretera, en el cual, por cierto, estaba bastante emocionada, ya que pronto llegaríamos a California y quizás también a la ciudad de la tristeza, y había miles de palabras pra definir todo, pero ninguna alcanzaba el grado que deseaba.

Había tomado parte de la ropa que alguna vez fue de Maddy una vez más, y aquella vez había optado por un vestido amarillo con flores de colores, el vestido era de tirantes delgados, por los que cubría en parte mis hombros, y por lo mismo que era más baja que Maddy, me llegaba más abajo de las rodillas y mucho más suelto de lo que hubiese pensado, pero aún así estaba bien, me puse las botas, la chaqueta de cuero y tomé las maletas y la mochila saliendo de ahí y encontrándome a Nick con los brazos cruzados a un lado del umbral, entonces su rostro cambio al verme el cabello.

—El castaño te queda bien, Ivs—dijo y cargo su maleta que estaba aún lado de su pierna izquierda y una de las que yo llevaba—. Hay que continua...-

Calló cuando estaba más adelante detenido y escuchando una voces, por lo que también me acerqué a él y miré desde las escaleras. Mi respiración se aceleró y pude sentir como mi rostro cambiaba de color y todo parecía borroso. Había tres alguaciles ahí, mostrando una fotografía de la Ivy rubia de hace horas atrás y preguntándole al hombre que nos había atendido, el señor había asentido y había dicho algo como "La vi llegar por la noche, está arriba, pueden ir a ver".

Me costaba tragar saliva, e incluso vi la respiración de Nick acelerarse, y con una seña en manos me pidió que fuese de nuevo al cuarto, aquello hizo, metiéndome al que hace un rato estaba, Nicolas llegó tras de mí y cerró la puerta. Mi compañero de viaje caminó hacia la ventana y negó con frustración. Definitivamente yo no me lanzaría por la ventana si era lo que intentaba hacer.

Entre al baño sin decir nada mientras él pensaba, y saque el abrigo mientras mis manos tiritaban pero aun así tome un sombrero de Maddy y dos pares de gafas. Era una estupidez, pero no me quedaban muchas opciones, era aquello o arriesgarme, y la segunda no era un riesgo que quisiera tener, no después de haber cruzado la mitad del país. Metí el abrigo entre mi abdomen y el vestido haciendo una barriga falsa, o al menos aquello pretendía. Buscaban a una rubia, con uniforme escolar, no a una morocha, con vestido de vacaciones y... ¿embarazada? Sí, tal vez.

Salí de ahí, Beckham frunció el ceño al verme.

—Sin preguntas—dije levantando mi mano y con la otra lanzando un par de gafas—, desde ahora eres Wells, somos hermanos y vamos a Sacramento a por la herencia de una tía.

—Que incomodo—confesó abriendo la puerta y llevándose las maletas y mi mochila. Tenía que verse algo creíble, por lo que no cargue nada, pero era tan incómodo caminar así.

Antes de salir me puse las gafas y el sombrero, y tras de ello caminamos hacía las escaleras, por desgracia, quedamos de frente junto a los dos hombres, quienes eran más altos que yo, e incluso que Nick.

— ¡Buenos días, oficiales!—dijo él cambiando su acento a algo más inglés.

— ¡Buenos días, jóvenes! —Contestó uno de ellos, yo no subí ni un poco el
rostro, el sombrero ya lo cubría, no necesitaba arriesgarme, además de que mis brazos no dejaban de temblar—, ¿No han visto a esta chica? —mostro mi fotografía, Dios, que nervios—, huyó de casa la semana pasada y...-



Daniela Sheathes

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En el texto hay: aventuras, ciudad misteriosa, amistad

Editado: 27.09.2018

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