Cómo sobrevivir a la peor novela de litnet

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Capítulo 21 - Chantaje y cartas de amor

Oscar se mantuvo firme y quedo ante el escritorio del Sr. Cornell, esperando con paciencia su reacción. Ya le había puesto al tanto acerca de la infausta idea de que Madeleine participase en la feria como adivina y asimismo le había pedido el dinero preciso para el disfraz, la carpa y los instrumentos que ella utilizaría ese día. Luego, viendo que él comenzaba con las excusas, había tenido la amabilidad de recordarle que solo estaba velando por que una joven cumpliese sus sueños. Y el padre de dicha joven no debería interponerse, sino ayudar. ¿Qué clase de ser descastado sería, de lo contrario? Aunque claro, de cómo era Edmund Cornell como padre no se podía decir mucho, acerca de cómo era como marido, en cambio, para Oscar era evidente.

También le recordó que sería una pena que se pusiese a malas primero con la hija por no costearle un capricho y, acto seguido, también se pusiese a malas con la madre por haberla engañado de manera tan flagrante.

La cara de Cornell fue variando en colores hasta ese instante. Poniéndose pálido como un fantasma en el momento en el que vio a Oscar entrar por la puerta sin invitación, tornándose verde al percatarse de que el resto del servicio estaba en otra parte de la casa y no podría utilizarles de excusa para evadir esta conversación. Rojo de ira se puso cuando Oscar le recordó de forma acusatoria su lío con la institutriz. Y, ahora, tras haber constatado qué se proponía ante esta petición suya, el rostro del ex patrón volvió a ponerse del tono verdoso que tanto debía preocuparle al tío Rob.

Y es que aunque el tipo pareciese que estaba a punto de desmayarse, Oscar no flaqueó. Así le cayese un rayo y la palmase ahí mismo, de manera harto oportuna, Cornell no escaparía. Por eso, y porque dudaba sinceramente de que tal como estaba el viejo tuviese fuerzas para levantarse de su silla, Oscar pudo aguardar varios minutos a que el otro reuniese la valentía para hablar.

—Te personas aquí, pese a que dijiste que no lo harías, para chantajearme… ¡¿Cómo te atreves?!

¿Acaso no era obvio que el chantaje vendría tarde o temprano? Con el nivel de inteligencia de Cornell, lo cierto es que para Oscar era todo muy simple. Él era de los que pensaba que, tanto en la realidad como un universo alternativo —véase esta novela en la que estaba atrapado—, o mueres tú o muere el otro. Así que, sobre todo si el contrario no era una persona justa y responsable, no había lugar para remordimientos.

—No, señor, no es un chantaje —terció, sin embargo; aunque pensase de esa forma, no era su intención quedar como el demonio personificado y provocar una discusión que acabase llamando la atención de espectadores—. Es un trueque de toda la vida. Usted pone el dinero para que Madeleine pueda hacer su paripé en la feria, y yo olvido la falta de respeto que está teniendo con su esposa al verse en secreto con la Srta. Groves.

—Puede que antes tuviese algo con ella… ¡Puede! No me mires así, no estoy afirmando nada. Pero ahora mismo solo tengo ojos para mi querida Sarah, cualquiera en esta casa te lo puede confirmar, ¡pregúntale a tus tíos! —Tras una pausa en la que debió considerar algo nuevo, añadió—. D-de todos modos, p-puedes irle con ese cuento de mi infidelidad a quien te parezca. Nadie te va a creer, mucho menos ahora que ya no trabajas para mí.

—Bueno, es cierto que la casa para la que ahora trabajo es más grande y sus dueños tienen mayor estatus. Lo cual implica un mejor sueldo y condiciones vitales, no tendría necesidad de venir aquí a sisarle unos dineros (incluso aunque realmente fuese para Madeleine, y en esto le aseguro que no estoy mintiendo), y tampoco podría saber qué sucede dentro de Rose Cottage desde que ya no vivo en ella. Si le voy con el cuento a alguien, seguro que creerá que lo digo por malmeter y me llamarán malagradecido, siendo que usted me acogió en su casa durante tantos años y es buen amigo de mis tíos.

Oscar pareció pensárselo y Cornell vio la oportunidad para tratar de convencerle de que el chantaje era pésima idea:

—¡Eso es! Además, no olvides que andaba mal de fondos e iba a despedirte… ¡Pero hallaste un puesto mejor! ¿Por qué echarle más leña al fuego y alimentar así viejos rencores? Eres joven todavía, aprovecha para vivir y no te obstines en venganzas que no lo valen.

—Es cierto que, poniéndolo así, pedirle ese dinero no lo vale. Y estoy cobrando bastante más en Lilac Hall, podría permitirme estos gastos o, por lo menos, tratar de pedirle una ayuda al Sr. Seymour. Quien es el primer interesado en que la feria salga adelante.

—¡Exacto! No tiene sentido pedirme a mí lo imposible pudiendo sacar los recursos de otro lado.

—Aunque Madeleine es su hija, ¿no sería lógico que usted se hiciese cargo?



PhoebeWilkes

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En el texto hay: romance, sigloxix, transmigracion

Editado: 02.12.2019

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