Como una estrella fugaz

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Capítulo 2

Regreso al auto después de haber buscado las pertenencias que iba olvidando al auto; mi primera parada es la escuela de Aaron. Pero, al parecer, el tiempo no se inmuta en querer jugar a mi favor y, lo más estresante, es que a la primera hora tengo clases de matemáticas con el profesor Jhon Rotter alías «Querubín» para el pueblo.

Enciendo la radio colocando el dispositivo de USB conectado a mi celular. Siendo Numb de Linkin Park —un clásico—, la primera canción en sonar, dándome la motivación que se me escapaba para seguir adelante con este día de retrasos e inconvenientes.

—¿No te cansas de escuchar eso? Eres una  compulsiva rockera de closet. ¡Quién te viera! “Estudiante modelo me dicen” —se mofó, tapando sus oídos. A Aaron no le agrada para nada el rock y más si está a todo volumen como lo tengo ahora. 

—Pues sabes que me gusta mucho así que no discutiremos por mis gustos, Aaron.

Mi celular contiene más de ciento cincuenta canciones de toda clase de género, incluso desde hace unos cuantos meses conocí otro tipo, k-pop.

Algunos minutos después de seguir conduciendo, observo que son las siete en punto. Por suerte he logrado llegar a tiempo. Soy toda una Toretta.

Me estaciono frente a la escuela y se dispone a bajar.  Le deseo un buen día sin antes recordarle si lleva su botiquín de primeros auxilios —inhalador y sus medicamentos—, Aaron es asmático. 

Asiente.

Sé que él quisiera que mamá o papá lo trajeran a la escuela, así como los demás padres lo hacen con sus hijos.

Y es que no importa cuanto desees algo la cruda realidad siempre será tu única opción para darte de cuenta de las cosas; no podemos vivir de falsas ilusiones que al fin y al cabo no nos llevan a ningún parte.

Justo cuando giro el timón para nuevamente formar parte del carril derecho, suena mi celular. 

Deslizo la pantalla.

De: Marly

Preciosa, ¿dónde estás? Querubín ya llegó al salón y tú no estás por ningún lado. La impuntualidad no es una de tus virtudes, mi amor; si te ocurrió algo, comunícame y yo sin dudarlo salgo de la aburrida clase para ir a buscarte. 

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Para: Marly

No te preocupes, estoy bien, ya voy en camino; estaba llevando a Aaron a la escuela. No tardo, guárdame un asiento a tu lado. «Emoji de besos».

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Luego de cinco minutos express desde la escuela, llego a mi destino. Me estaciono.

Cuando me dispongo a entrar, escucho que de nuevo mi celular no deja de vibrar y me imagino que debe ser Nick o Sussan para que me apresure. Sé que Marly no puede ser porque ya le había dicho que no tardaba.

Subo uno, dos, tres escalanoes y pierdo la cuenta después del quinto. Odio tener que estar subiendo tantas escaleras para llegar a la tercera planta del edificio.

Agradecería si pusieran un ascensor.

Miro la hora marcada en mi celular, son pasadas de las siete. Bueno una tardanza no afectara mis perfectas calificaciones.

De inmediato abro la puerta y algunos se me quedan mirando con asombro.

Es como si leyera sus mentes: Roussalyn Ford llegando tarde a clases.

—¡Señorita Ford! —exclama conmocionado y yo retrocedo nerviosa—. Podría esperar una tardanza de parte de cualquier estudiante que no sea Collins, pero nunca la hubiera esperado de usted —me observa fijamente el señor con apariencia culta y con un tono de voz bastante refinado.

Querubín es una persona de avanzada edad, es un poco alto, con muchas arrugas en su reseca piel y mantiene su cabello con un tono muy azabache producto de su tinte para ocultar sus longevas canas.

—Discúlpeme Queru... —menciono sin darme cuenta. Maldita sea la costumbre, carraspeo y repongo mis palabras—, profesor Rotter, hubieron circuntancias que impidieron mi llegada pero prometo que no volverá a suceder de nuevo.

Hay veces en las que pienso que debería haber estudiado teatro.

¡Compró mi falsa actuación!

Siento tantas ganas de reírme pero me contengo.

—Lo dejáramos pasar porque usted es una estudiante ejemplar, tome asiento —señaló—. El tema de hoy es ángulos exteriores de un póligano —toma el marcador azul y comienzo a trazar perfectas líneas en el pizarrón. 

—Bien —menciono dejando de observar a Querubín, llevando mi vista hacia mis amigos seguido de conectar con Marly.

Las fulanas peliteñidas rubias oxigenadas de la esquina no dejan de mirarme con ojos de envidia.

Estoy nadando en sus celos.

Me siento al lado de mi novio y le doy un beso al breve instante en que nuestros ojos se cruzan; me hubiera gustado poder morder sus labios.

¿Cuando se hará de tarde? 

¡Contrólate Rouss! Recuerda que tú lees la revista: Diez razones para que tu novio no note que eres una fiera dominante.

Prosedo a sacar mi libreta de apuntes y un bolígrafo de la mochila.

—Me estaba preocupando porque no llegaba la reina de los envidiosos, mi reina... corrijo —me susurra Marly apartando suavemente uno de mis mechones por detrás de mi oreja, va rozando mi cuello en el acto haciendo que una inexplicable descarga eléctrica se apodere de cada milímetro de mi piel.

Marly lleva siendo mi novio desde aproximadamente un año y medio; nos conocimos por primera vez en clase de proyecto, pero fue un acontecimiento inesperado lo que nos unió.

Él era el el clásico chico de novelas clichés, codiciado por muchas mujeres y hasta por algunos hombres.

Un día mientras estaba jugando fútbol en el campo con un grupo de amigas terminé sin querer... pues... ¿Cómo lo digo para que no suene tan feo?

¿El balón terminó cayendo en sus bolas?

¿Sus pelotas? 

¿Sus testículos?

¡¿Huevos?! No, creo que mejor lo dejamos con bolas, suena mucho mejor.

En fin, es una historia muy larga, después de eso atraje su curiosidad.



Alice Lockser

#6619 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, comedia

Editado: 29.07.2019

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