Como una estrella fugaz

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Capítulo 5

POV Rouss

Creo que tendré que hacer unas compras mañana después de salir de la universidad. 
Al menos mi padre me deja usar su tarjeta de crédito para el supermercado.

—¡Rouss, tengo hambre! —me grita Aaron desde la sala. 

—Todavía no he comenzado a cocinar. Si no puedes esperar, en la despensa hay un frasco con galletas de avena.

Abro la nevera y tomo los ingredientes que voy a necesitar para la cena.

—Rouss, no alcanzo las galletas.

—Espera... ¿Dónde están? —me percato que el frasco ha desaparecido.

—¡Ah! —actua sorprendido—. Te referías a esas galletas... —empieza a reír mientras el tics nervioso de su mano se hace notar.

—¡Aaron Ford! ¿Qué paso con las galletas que estaban ahí? —me cruzo de brazos y levanto una ceja, esperando su respuesta. 

—Tenían ganas de ser devoradas —expresa junto a unas pausadas carcajadas—. Además no habían muchas, tal vez cinco.

—Te comiste mi porción de galletas también, tramposo —me abalanzo hacia él con intenciones de hacerle cosquillas, pero el timbre de la puerta interrumpe mi venganza. 

—Ve a abrir —señalo y sigo con la comida. 

—¿Por qué? —esboza un puchero negativo—. ¡No quiero! De seguro debe ser tu noviecito —manifiesta de manera tajante su disgusto.

—Marly no puede ser porque vendrá a las siete.

Más rápido que ligero se moviliza como un cohete, abriendo la puerta.

—¡Hola, Aaron! —saluda—. ¿Cómo sigues, campeón? —sacude los mechones de Aaron—. Traje papas y pollo frito para una nueva partida de FIFA.

Efectivamente, es Nicole vestida con unos pantalones cortos, una camisa de cuadros azul y unas converse negras. 

—Gracias, Nick —responde Aaron que no puede borrar su inmensa felicidad. Enseguida regresa a su puesto sin antes invitar a Nicole a una carrera de Mario Bros.

La observo detenidamente mientras camina hacia mi posición tan despreocupada como de costumbre. Su repentina visita me ha dado mil razones de sospechar que viene por un motivo conveniente a su causa.

—¿Qué pasó? —indago mientras coloco el cuchillo a un costado de la mesa.

—Vine a ver como estaba Aaron  —arrastra una de los asientos para sentarse.

—Gracias a Dios no fue nada tan grave —sigo cortando la carne en pequeños trozos.

—Mmm... Que bueno estaba preocupada nunca te había visto tan alterada así —menciona suspirando a la misma vezmientras un gruñido se escapa de su estómago.

—¿Ya cenaste? —me quedo atónita producto del estruendo.

—Claro

Se hace escuchar nuevamente el gruñido.

—¿Cuando aprendiste a cocinar?

—Por supuesto que sé cocinar. Es más si quieres te puedo ayudar a hacer el arroz. ¿Cómo lo quieres? —se levanta del asiento y sostiene la bolsa de arroz. 

—¿Qué cosa?

—Me refiero si lo quieres el arroz quemado salado o crudo  —cuenta sus tipos de cocción.

—Olvídalo, no tocarás mi estufa —le termino dando los vegetales para que los corte—. ¿Y tus padres? —cambio de tema.

—Están celebrando su aniversario, regresan dentro de una semana. ¿Cómo haré para sobrevivir por mi propia cuenta durante tanto tiempo?

—Pobre de ti —me la imagino visitándome.

Señores Hamilton yo que ustedes vendría antes de lo previsto de lo contrario no encontraran una casa en la cual vivir. 

La última vez que Nick intentó cocinar casi quema la cocina. Y eso que solo estába haciendo galletas.

—Te tengo a ti, además tus padres nunca se han dado de cuenta que vengo a su casa y robo su comida —termina de cortar los ingredientes, recostándose contra el fregadero—. Lo más triste es que no tengo un mícero centavo. Tendré que trabajar esta semana —adopta un gesto serio, inquisito.

—¿Trabajo? ¡Te doy máximo tres días! —exclamo asombrada. 

—Que culpa tengo yo que mis jefes sean unos idiotas —añade desviando su mirada—. Trabajaré con Sophia, necesita personal para su tienda de lenceria.

—¿Tu prima?

—Sí, me prometió buena paga, le dejé claro que para el negocio no hay familia —apremia sonriendo complacida—. Sólo espero no encontrarme con ningún rostro parecido, no me da vergüenza pero sería desagradable —esboza un chasquido entre dientes—. ¿Por cierto tambié te invitaron a la fiesta de Samuels?

—Sí, Marly me llamó para decirme sobre eso pero no tengo quién cuide a Aaron,  recuerda que sólo tengo libre los fines de semana —inspiro queriendo absorverme todo el oxígeno de un solo golpe—. Pensé que irías, tú —continuo burlona.

Nicole hace una cara tan cómica como si hubiera chupado un limón agrio.

—¿Estás loca? —gruñe—. Estaría yo muy demente como para pisar la casa de Astrid. No sé me apetece inmiscuirme con imbéciles ricachones.

—Pero tú irías a pasarla bien, ¿no? De cuando aca le pones importancia a eso.

—Estará Stephan y no quiero verlo. Además el engreído de Samuels siempre anda tirándome para caiga a sus pies.

Creo que sólo son excusas para no ver a Stephan y a Astrid juntos.

—Deberías darte la oportunidad de conocer a otras personas. ¿Cuando fue la última vez que estuviste con alguien, Nick?

—El año pasado, ¿te recuerdas? Ese con la camiseta número trece del equipo de fútbol americano.

—Eso sólo duró un mes, Nick.

—Es la relación más seria que he tenido en mi vida —ironiza después de un largo suspiro—. Lo dices porque te va de maravilla con Marly, ¿verdad? Sólo por eso alardeas tanto de tu magnífica relación. No todos deciden olvidarse de su vida promiscua por un sólo par de tetas. ¿Qué te garantiza que su amor será infinito? A final de cuentas las personas cambian, así como los sentimientos no siempre son eternos.

—Tienes razón, pero estoy segura de lo que tengo con mi novio —intento sonar convincente, pero hay tantas detalles qye me hacen trastabillar tentándome a la incredulidad —pongo mis ojos en blanco.

—Lo siento Rouss, me pasé.



Alice Lockser

#6836 en Novela romántica

En el texto hay: romance, drama, comedia

Editado: 29.07.2019

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