Compañero

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Anna se despierta varias horas después de haberse dormido, su vejiga está a punto de traicionarla en su sueño. Se levanta, camina a la semejanza de un zombie. Apenas abre sus ojos somnolientos, un par de ojos verdes. Se tira de su cabellera rubia en modo de protesta, su sueño fue interrumpido. Da un grito afónico y estridente.

Entra al baño. Enciende la luz. Hace sus necesidades.

Sale del baño. Se olvida de apagar la luz. En el momento que se predispone a caminar hacia su habitación, decide pasar por la de Charlie. Escucha un ruido peculiar e intrigante, no puede solo ignorarlo. Se acerca a la puerta y pega su oído a ella para escuchar con más claridad. Escucha sollozos y gemidos, no son placer, son similares a los de una persona ahogándose.

Anna arquea sus cejas y arruga su nariz al intentar imaginarse lo que puede estar pasando del otro lado de la maldita puerta. Al escuchar gárgaras acompañadas de chillidos inusuales, se predispone a entrar para constatar y ver lo que sucede.

«— ¿Y si se está masturbando? —» piensa. Lo que menos quiere es ver a su compañero dándose placer.

Escucha un grito ahogado del interior. «— ¡Que carajos está haciendo! —» Se susurra indignada por no saber lo que sucede. Decide entrar, le importa una mierda si se está masturbando o lo que fuese, la curiosidad la desinhibe por completo. En caso de interrumpir algo íntimo, probablemente se las ingeniará para excusar sus acciones.

Abre la puerta de un golpe. Ve una silueta bochornosa en la penumbra y prende la luz de la habitación, el brillo resplandece a tal punto que los ojos comienzan a lagrimear.

— ¡No! ¡Mierda! ¡Hijo de puta! — Sus gritos son estrepitosos. Hacen despertar a su hermana.

— ¿Qué te pasa, Anna? — grita Sofia desde su habitación.

— ¡Mierda, mierda, mierda! — Continúa con sus gritos.

Sofia se levanta de inmediato. Los gritos de su hermana manifiestan que algo malo ha sucedido.

Charlie tiene un cinturón que rodea su cuello. Se está ahorcando. Sus pies están apenas unos centímetros sobre el suelo, el cinturón se encuentra atado en la lámpara que cuelga del techo. Anna lo coge de los pies con un abrazo para evitar que el cinturón lo siga estrangulando.

— ¡Sofia! — la llama en son de ayuda. Justo en ese momento, aparece su hermana.

Sofia, anonadada por lo que sus ojos visualizan, se paraliza bajo el marco de la puerta. Intenta entrar en contexto con la situación que en este momento es predominante y asfixiante. Escruta la escena con el fin de comprender qué sucede. Observa el cinturón que le rodea el cuello, también de donde fue atado.

«— ¿Cómo es posible que aguante tanto peso? —» Se refiere a la lámpara, la resistencia que tiene la deja impactada.

— ¡Ayúdame, no seas idiota! — Anna la hace volver en sí de su ensimismamiento.

Sofia corre hacia la cocina en busca de un cuchillo para cortar el cinturón. Se detiene ante la mesa para ver una pequeña nota de papel sobre ella. La coge. En ella hay escrita dos renglones: “No encuentro sentido en mi vida, apenas creo que existo. He decidido abandonar mi cuerpo para que mi alma salga en busca de otro caparazón.”

Se conmueve al leer el contenido. Anna le vuelve a gritar para que se apresure. Se guarda la nota en el papel. Abre el cajón de los cubiertos y saca un cuchillo carnicero. Corre con el cuchillo en la mano hacia la habitación, «no es recomendable», le pide a Anna que abra paso para poder cortar el cinturón. El cinturón de cuero es cortado como a un papel debido al filo del cuchillo.

Anna suelta a Charlie, quien cae y da un golpe seco contra el suelo.

— ¿Qué mierda pensabas hacer? — Le grita airada. La respuesta es obvia.

Charlie de a poco vuelve en sí.

— ¿Responde, Charlie?

— ¡Eres un hijo de puta! — exclama Anna, quien se inclina hacia Charlie y lo escupe en la cara.

— Detente, Anna. — Intenta calmarla. La coge del brazo para alejarla del cuerpo.

— ¡Ignorante! — Anna parece un perro con rabia. Le da una fuerte patada en el estómago a Charlie.

— ¡Sal de la habitación, Anna! — Se impone ante el ataque de locura de su hermana. Para su suerte, sus deseos se cumplen.

Anna sale del cuarto respirando como si sacara humo de sus fosas nasales.

— ¿Por qué querías suicidarte, Charlie? — comienza a llorar.

— ¡Lo siento! — Le responde afónico —. Soy un idiota, no sé qué responderte.



Jonah Bach

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En el texto hay: psicologico, miedo, drama

Editado: 02.02.2020

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