Compañero

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— ¿Estás perturbado o enfermo? — pregunta Gabriel Acuña.

Charlie baja la mirada y no contesta. Se siente muy vulnerable. Se toca la herida de la frente, la que ahora está protegida con algodón y cinta médica, y siente un ardor difícil de soportar causado por el algodón humedecido de alcohol. Sofia no sabía con que limpiar la herida.

— Yo creo que las dos cosas — contesta Anna —. Es un enfermo perturbado.

Gabi escruta a Charlie. Se percata de que tiene el rabo entre las piernas, es un perro asustado.

— Escucha…

— Charlie. — dice Anna.

— Escucha, Charlie. ¿Eres un golpeador de mujeres? 

Sofia hace ademán para que el buen vecino se marche del lugar. Pero cambia de opinión, quizás es su oportunidad de conocer un poco más a su buen compañero.

— ¡No! — susurra Charlie con convicción.

— ¿Eres un loco de remate? — pregunta Gabe.

— ¡No! — contesta —. Solo soy una molestia para todo el mundo.

Anna se ríe.

— ¿Pretendes victimizarte? — Anna pierde la paciencia.

— ¿Qué sucedió con exactitud? — insta luego de que ignoraran la pregunta varias veces.

Sofia se encuentra sentada junto a Charlie. Se levanta del asiento y se aleja de él. Le es imposible no pensar la aberración de ser golpeada ante una reacción espontánea e imprevisible por parte de Charlie. De a poco el miedo se adueña de ella.

— Estábamos jugando al ajedrez. Yo fui quien ganó la partida. Bueno, Anna comenzó a escupir fechorías sobre su persona… — intenta ser reticente —. No tuvo una buena reacción, pero no es su culpa. Anna fue quien provocó todo esto, si hubiera mantenido la boca cerrada no estaríamos teniendo esta conversación.

— ¿Ahora soy la culpable de su pedo en la cabeza? — se enfada —. ¿De verdad lo defenderás? No lo puedo creer.

— Debemos apoyarlo, necesita de nosotras. — brama.

— Lo único que necesita este infeliz — hierve de furia —, es ir a un hospital para locos y que le coloquen la camisa de fuerza para que no lastime a nadie.

— ¿Tienes miedo, Anna? — pregunta Gabriel. Lo dice como si fuera un agente de la ley.

— Claro que tengo miedo — se indigna —. Es un loco de mierda.

Gabriel comienza a reír.

— No te preocupes — insta —. Míralo bien y entra en la cuenta de que en caso de que las ataque, les será muy fácil defenderse. Bueno, si tiene un cuchillo o un arma de fuego no creo que puedan hacer nada.

— Gracias por tus reconfortantes palabras — espeta Anna.

— Lo siento. — se levanta de la silla.

— Charlie, ¿Por qué tuviste esa reacción? — Sofia necesita saberlo de inmediato.

Charlie tiene la mirada clavada al suelo. Ensimismado es sus desconocidos pensamientos. No le responde.

— Respóndele a la dama, no seas irrespetuoso. — chasquea con los labios —. Debes ser un caballero.

No contesta, tampoco da indicios de querer hacerlo.

— ¿Ayer se mudaron, cierto?

— Si, obviamente tuvimos un par de días para preparar el interior y mudarnos, pero ayer empezamos a vivir aquí.

— Les doy un consejo y espero que lo consideren.

— Escúpelo todo — dice Anna.

— Dejen de vivir con este tipo. Váyanse ustedes o que lo haga él — apunta a Charlie con el dedo —. Aunque sea un debilucho, y bastante, puede haceros daños en cualquier momento. Es mejor prevenir que lamentar, ya lo saben. Y si en su segundo día de convivencia tuvo esta reacción, no duden del hecho de que se comportará como un hijo de puta en un futuro cercano. Es por su bien.

— Anoche intentó suicidarse en su dormitorio — confiesa Anna.

Sofia se indigna de Anna ante la falta de respeto a la integridad ajena que esta presenta.

— ¿Eres un loco? — pregunta Gabriel a Charlie. Asqueado de su persona — ¿No piensas hablar?

Charlie se limita a guardar silencio. Sus ojos yacen clavados al suelo, como si estuviera viendo una buena serie en Netflix antes de irse dormir, hipnotizado. Gabriel sigue ladrando preguntas, pero su entorno solo escucha balbuceos insignificantes. Se ensimisma es sus pensamientos. Recuerda que su perro de la infancia, Ringo Star, mordió a un delincuente que intentaba robar la cartera a una anciana que caminaba serenamente por la calle. Ringo había destrozado la mano al adolescente, por poco se la arranca y la convierte en su juguete personal. Recuerda que la anciana, enfadada, insultaba y golpeaba al adolescente que estaba tumbado en el suelo aullando de dolor. Ringo se había detenido. Cuando la anciana le dio unos cinco golpes con su bolso blanco de cuero al joven, vengarse fue su error, Ringo se lanzó de un salto al cuello de la anciana y comenzó a arrancarle pedazos de piel y carne hasta matarla. Fue un degollamiento tétrico e irregular. «— ¿Por qué a la anciana y no al ladrón? —» Se había preguntado. A medida que fue creciendo encontró la respuesta; crecer es duro y nos vuelve más sabio. «— Ringo distingue la verdadera maldad, el ladrón solo quería obtener el bolso de la señora sin hacerle daño, y la anciana tuvo la tonta iniciativa de lincharlo. El perro distingue la maldad, no le importa el contexto, la maldad es maldad. Un policía que asesina a un joven que roba para poder alimentarse, creo que ocurre mucho, no es más que un ser perverso, es amante de la maldad. De forma inexplicable, Ringo, fue sacrificado por ver la verdadera maldad—». Aquello le ha dejado una enseñanza, o es lo que cree.



Jonah Bach

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En el texto hay: psicologico, miedo, drama

Editado: 02.02.2020

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