Compañero

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— Noto cierto miedo en sus ojos — afirma Gabriel.

Las hermanas se cruzan un par de miradas para intentar descubrir cómo les sacaron la ficha con tanta facilidad. Tienen miedo, claro está. Es un miedo que de a poco empieza a aflorar. Es un sentimiento nuevo. No es el típico miedo que todos sentimos cuando vamos de noche a comprar algo que necesitamos con urgencia, donde no sabemos si un ladrón nos matará por un celular o unas zapatillas. El miedo que sienten es desconocido para ellas. No saben que pasará a medida que pasen los días, no saben si están seguras en su propio hogar. Fuera y dentro de su hogar se sienten atormentadas.

— Puede que tengas razón sobre ello — dice Anna —. Sobre el miedo.

— ¿Y cuál es la causa? — pregunta Gabi —. No se dejen inhibir por el miedo. Yo puedo ayudarlas en lo que sea, pueden confiar en mí.

Las hermanas se miran, como si estuvieran hablando por telepatía.

— Lo cierto es que tememos a Charlie — confiesa Anna —. Creo que tememos a que nos lastime en un día estos. No sabemos nada sobre él. Parece inofensivo, pero creo que es un poco peligroso. Además, es un estúpido, y la estupidez es peligrosa.

Todos dirigen la mirada a Charlie, quien se encuentra en la misma sala.

— ¿Me temen? — se extraña —. ¿Razón? Solo les mentí sobre mi trabajo y mi edad, nada más que eso. No soy un ex convicto con sed de cometer algún crimen. Bueno, sé que he tenido reacciones un poco bruscas…

— ¿Un poco? — Anna muestra su enfado —. ¿Solo un poco? Vamos, eres una especie de suicida sin control. A veces pienso que te escapaste de un manicomio.

Charlie vacila ante esa insinuación.

— No soy un loco — aclara con énfasis.

— Si no lo eres, entonces compórtate como tal — dice Anna —. Aunque no puedo culparte por nada, me tengo que culpar a mí misma por pensar que vivir con un extraño era una buena idea. Sé que muchos utilizan la opción de vivir con un desconocido solo para cuidar el bolsillo, solo por eso me pareció buena idea. Friends, la serie, hizo que lo viera como una experiencia de ensueño. Me equivoque. Soy una estúpida, pero bueno.

— ¿Friends? — Charlie lanza un par de carcajadas burlonas —. Es la peor mierda que existe, Anna. Pensé que eras una persona culta.

— Cierra la boca — se fastidia —. Si, sé que es una mierda. Se que perdí mi tiempo, no tienes por qué echarme ello en cara.

Sofia se estresa al ver que la conversación se desvía en patrañas.

— ¡Ya basta! — exclama —. Dejemos de perder el tiempo y hablemos. — apunta a Charlie —. Hablemos de tus verdades y mentiras.

— ¿Verdades y mentiras? — Charlie se ve venir un interrogatorio, el cual no podrá evadir.

Sofia se sienta e invita a que todos hagan lo mismo; tuvo que insistir un poco para que Gabriel se siente, ya que pretendía abandonar el departamento.

— Disculpen mi hedor — dice Gabriel —. He salido del gimnasio y no me he duchado. Justamente pretendía hacerlo cuando me encontré con el hombre que le ha vendido la máquina de escribir a Charlie.

Todos lo ignoran.

— ¿Qué otra mentira nos has dicho, Charlie? — pregunta la jefa.

— Las que ya he desmentido — le contesta de forma monótona. Como si ya estuviera acostumbrado a las cataratas de preguntas.

Anna comienza reír.

— ¿Eres virgen? — tal pregunta hace reír a todos menos a Sofia.

— Esto no es un juego, Anna — lanza un berrinche —. Esto es serio. Si tienes ganas de bromear, te invito a que te retires de la mesa.

Anna menea la cabeza y rechaza la invitación.

— ¿Con que eres un mentiroso? — pregunta Gabriel.

Charlie le clava una mirada fatigada.

— No soy cojo — confiesa —. Le mentí para no tener que ir a buscar la máquina.

Las hermanas quedan al margen, ya que no entienden de donde viene esa confesión.

Gabriel quiere romperle la cara.

— ¿Le mentiste a Néstor? — se indigna —. Deberías avergonzarte por mentir con descaro a una persona amable cómo lo es Néstor.

Sofia intenta decir algo, pero se lo impiden.

— Ahora mismo le mandarás un mensaje a Néstor — agrega Gabriel —, y le pedirás disculpas por decirle que eres cojo. Le dirás que le mentiste porque eres tan vago que no querías ir a buscar lo que tú querías comprar. Corrijo, lo que compraste.

— ¿Y si no quiero hacerlo? — lo dice de forma fría y provocadora.

— Te pondré en tu lugar — se pone de pie con brusquedad, a tal punto que las hermanas se asustan.

— Calma — ordena Sofia —. ¡Por favor!

Gabriel la mira a los ojos y se sienta como si lo hubieran embrujado.

— ¿Cómo es eso de que eres cojo, Charlie?

— Es una estupidez — contesta —. Solo dije al hombre, al que le compre la máquina de escribir, que yo era cojo…

— No solo lo dijo — aclara Gabriel —. Eres un buen actor. En realidad, hizo un buen papel de cojo. Caminaba como tal, yo le creí.



Jonah Bach

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En el texto hay: psicologico, miedo, drama

Editado: 02.02.2020

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