Compañero

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21

Sofia duerme hechizada como la bella durmiente esperando al príncipe azul. Está tapada con una sábana y una frazada, saca un pie al aire libre para sentir el frescor de la noche. De niña temía sacar la pierna por qué creía que el cuco o el diablo iban a llevarla a un lugar desagradable luego de tomarle de la pierna y sacarla de la cama de un solo tirón. En la infancia solemos ser muy incrédulos, pero no es nuestra culpa.

Escucha un ruido y despierta. Siente que tiene una parálisis de sueño, sus manos y dedos no se mueven siquiera un milímetro. Su respiración se agita debido a la limitada capacidad de moverse. Siente que está en un cajón enterrado a 3 metros bajo el suelo en el cementerio de la ciudad, como si hubiera vuelto a la vida luego de estar muerta por tres días. Si Jesús resucitó al tercer día, todos podemos resucitar al tercer día después de haber muerto.

Siente que sus piernas están entumecidas, frías y con un pequeño hormigueo cosquilloso.  

Entra en pánico e intenta levantarse de la cama. No tiene buenos resultados. Tiene la sensación de estar atada a la cama en contra de su voluntad. Se siente presa del miedo, de la incapacidad motriz que ahora tiene.

Escucha ruidos extraños que provienen de la penumbra de la habitación principal, son ruidos peculiares e irreconocibles. Da la impresión de que una rata está acechando la comida del hogar, rompiendo muebles y cagando en el suelo para marcar territorio. El cuerpo le arde por el calor que siente. Las gotas provocadas por la transpiración le queman la mejilla y el cuello. Resbalan por su rostro como si fueran caracoles. El aire que entra a sus pulmones arde. Se siente sofocada y mareada.

Escucha pasos que aumentan su volumen, acercándose al dormitorio. Ella intenta ver quién o que se aproxima a paso lento pero firme. Lo único que visualiza es la penumbra de lo irreconocible.

— ¿Hola? — susurra, ya que no tiene la capacidad de hablar con fuerza —. ¿Hola? — intenta gritar, pero no puede. Sus ojos se humedecen ante la desesperación.

— Hola — susurra alguien entre las sombras.

Sofia se asusta. Intenta levantarse, pero lo único que consigue es moverse como un barco sobre el mar. Sus piernas y brazos apenas si se mueven. Cierra los ojos como si quisiera desaparecer y que todo fuese un sueño.

Hay silencio nuevamente.

Sofia abre los ojos y no ve nada ni a nadie. Intenta sentarse en la cama y lo logra. Escruta en alrededores y solo ve oscuridad junto a su soledad. Vuelve a sentir un cosquilleo en la pierna izquierda. Una araña camina por la pierna. Casi como un reflejo se pone de pie fuera de la cama y salta un par de veces para que la araña se desprenda y caiga al suelo. Lo logra, pero pierde de vista a la araña. Quizá se ha escondido para acecharla de nuevo.

Al no dar con el paradero de la araña, se sube a la cama e intenta buscar a la araña para poder matarla, ya que es un insecto que le provoca un gran pánico. Es un intento fallido, las arañas son escurridizas. Su cuerpo es invadido por el hormigueo de la duda, siente que cientos de arañas caminan por su cuerpo como si estuvieran dando un paseo turístico en una nueva ciudad.

— ¡Que susto! — se dice.

Se recuesta en la cama para intentar dormirse de nuevo.

Pasan unos 30 minutos y se duerme como un niño después de haber jugado con sus amigos todo el día. Y por segunda vez se despierta por causa de un ruido extraño proveniente de la penumbra de su habitación, más fuerte y cercano que el ruido que la despertó por primera vez.

No es una sorpresa decirles que vuelve a sufrir otra parálisis de sueño, de igual magnitud que la anterior. Solo que ahora el calor trascendió a un gélido sentimiento de abandonar la vida. Se siente depresiva, cansada e insignificante. No intenta moverse por que se rinde ante sus desgracias del día a día.

Escucha pasos sordos, como si alguien corriera hacia ella con los pies descalzos. Pone los ojos como platos para intentar ver que sucede. Charlie.

Charlie corre calzado con medias que funcionan como un silenciador para acechar a la presa sin hacer tanto escándalo. El factor sorpresa es importante. Salta a la cama y se arrodilla en el pecho de Sofia. La mira como un animal enfermo y hambriento. Su sonrisa es de excitación. Sus dientes amarillos resplandecen como si fuesen fosforescentes. Los ojos se tiñen de un tinte rojizo, como si hubiese estado drogándose con LSD. Es un depredador innato. Una fiera recién salida de la jaula en busca de venganza para con sus captores.

— ¿Crees que soy un loco? — le pregunta a Sofia, susurrando con una tonalidad perturbadora.

Sofia no sabe qué hacer, no tiene nada para hacer. No puede gritar. A su parálisis de sueño se le suma la inmovilidad provocada por el peso de Charlie encima de ella.

— ¿Eres tímida? — una sombra se refleja en sus ojos provocado por los lentes que lleva puesto.



Jonah Bach

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En el texto hay: psicologico, miedo, drama

Editado: 02.02.2020

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