cómplices "un amor aprueba de balas"

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Capítulo 23

El fuerte olor a medicina y alcohol inunda mis fosas nasales, frunzo el seño por la sensación, abro los ojos con esfuerzo y el color blanco me confirma que estoy en la clínica, entonces lentamente todo vuelve a mí, el alquimista, los disparos, la sangre y Jack tendido en el suelo, hago un esfuerzo para levantarme de la camilla pero mis ojos pesan haciéndome cerrarlos con fuerza, el dolor en mi pierna ahora es más intenso, retiro las cobijas para levantarme y noto una venda gruesa que cubre mi muslo, me siento aturdida a causa del medicamento así que me quedo quieta unos segundo para intentar estabilizarme, cuando dejo de ver borroso pongo los pies en el suelo, el frio atraviesa mis talones estremeciéndome, avanzo lentamente sosteniéndome de todo lo que encuentro a la mano, arranco la aguja por la que fluía el suero para que no me estorbe, estoy a punto de llegar a la puerta cuando esta se abre de golpe.

-¡Señorita! ¿Qué hace? –me advierte una enfermera ayudándome a regresar a la cama y obedezco renuente.

-¿Dónde está Jack? –pregunto dejando caer mi peso sobre la cama.

-¿Se refiere al hombre con el que llegó? –pregunta mientras toma un bisturí y una venda nueva para cambiar la que tengo que ya está ensangrentada y asiento en respuesta.

-Mire, creo que es mejor que el doctor le expliqué. –divaga y algo se enciende en mi pecho y la tomo fuerte de la bata para acercarla a mí.

-Necesito que me digas tú… ahora mismo, de lo contrario tendré que ir a averiguarlo. –amenazo seria.

-aún no es prudente que se levante, retiramos la bala de su pierna pero en su estado no es conveniente que haga ningún esfuerzo. –explica.

-¿En mi estado? ¿A qué se refiere? –pregunto extrañada.

-Pues a que perdió mucha sangre y corrió con mucha suerte, su bebe está en perfectas condiciones. –Suelta tranquilamente y mis ojos se abren como platos.

-Creo que usted está equivocada ¿De qué bebe me está hablando? –recalco sentándome en la camilla.

-Señorita lo lamento, creí que usted ya sabía que estaba embarazada, tiene alrededor de catorce semanas de gestación. –Confirma mirando el historial médico.

Estoy en shock, no puedo pronunciar palabra, ¿Cómo era esto posible? Bueno en realidad sabía, pero como fue que no me di cuenta, había quedado embarazada antes de que mamá muriera, había sido demasiado descuidada.

-¿Dónde está Jack? –pregunto nuevamente esta vez con tono autoritario.

-Sé que nadie quiere recibir tantas noticias al tiempo pero él se encuentra en cuidados intensivos, los proyectiles rozaron el hígado y perforaron el intestino grueso, perdió mucha sangre, el doctor está haciendo lo posible pero su estado todavía es muy crítico, lo único que se puede hacer por el momento es esperar. –explica con detalles.

-¿Qué? ¡No puede ser! ¡Maldita sea! Es que acaso no hay ni una puta buena noticia que merezca. –grito histérica. -¿Qué paso? –escupo sollozante.

-Cálmese ¡Por favor! Sé que ahora mismo todo parece oscuro, pero debe concentrarse en ese bebe, que es tan fuerte como su madre. –me alienta tiernamente.

La enfermera me da un par de calmantes, y se retira para que supuestamente descanse, pero ¿Cómo puedo hacerlo? Mi mamá está muerta, estoy embarazada y el padre de mi hijo al que traté como la mierda estos últimos meses, está en la siguiente habitación debatiéndose entre la vida y la muerte por intentar protegerme, ¡Pero qué ridiculez era todo esto!

Más tárdeme logro convencer a la enfermera que me deje ver a Jack, ella accedió llevándome en una silla de ruedas hasta su habitación, le pedí unos minutos a solas, así que salió dejándome con él.

Mi corazón se encogió al verlo tendido en esa cama, entubado e indefenso, me acerqué hasta él para tomar su mano, estaba tibia, la llevé a mi boca para darle un fuerte y anhelante beso, ¡Que estúpida fui! Este hombre me ha amado inclusive más que yo misma, siempre me ha puesto por encima de todo y de todos, aún así en el primer problema lo saqué de mi vida, ahora estaba a punto de morir sin saber no solo que lo amaba inmensamente sino que estaba esperando un hijo suyo.

Las lagrimas rodaban insistentes por mis mejillas, habría dado cualquier cosa por verlo levantarse imponente de esa cama como muchas otras veces y es que olvidaría todo, mi amor por él era más fuerte que el dolor, el rencor y esa maldita sed de venganza que me consumió estos meses, nada que haga serviría para devolverle la vida a mi mamá, lo único que me queda es intentar vivir mejor para ella, eso me hace pensar en que hubiese sido la abuela más feliz sobre la tierra, me duele profundamente saber que cuando murió ya estaba embarazada y nunca lo supo, ahora solo espero honrarla siendo la mejor madre, claro que no lo tenía planeado, pero lo cierto es que allí estaba creciendo ese pequeño fruto de el amor más sincero.



Valeria Franco

Editado: 17.11.2018

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