Con sabor a Miel

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Capítulo • 14

 

•14•

NO ME CONOCES

-No creo que a mi... Novio le agrade la idea.

Decir «no» nunca había sido tan esencial como ese momento... De acuerdo, tal vez estaba exagerando un poco, había sido más esencial decirlo la vez que me pidieron suplir al chef en la pescadería y termine encerrada dentro del cuarto frío por dos largas horas y una hipotermia de primer grado. Aún así, en ese momento me habría evitado el bochorno siguiente.

-¿En serio? No sabía que estabas saliendo con alguien...

-Sí él está... Cerca...

-¿Sí? ¿En dónde?

-Él está -Estiré el cuello buscando a Simón en la barra junto a Rikan, pero no lo encontré. Mi coartada había desaparecido-... Está -entonces una nueva idea destiló en mi cabeza-... Está justo aquí.

Al señalar a Killian el mundo se detuvo.

Cuando la diversión desapareció de su rostro y su mirada se tornó amenazante supe que aquella no había sido una buena decisión.

Así que me apresuré a girar hacia Charlie antes de que la mirada de Killian me desmembrara.

La mirada de Charlie cambió de curiosidad, a horror total. Inmediatamente se disculpó:

-Lo siento no sabía que...

-Tranquilo, yo tampoco -respondió lanzando una mirada cansada al gentío de al lado.

Charlie frunció en ceño con justificada incomprensión. Así que hice lo único que podía salvar la situación: palmeé el hombro de Killian y comencé a reír como si aquel fuera el chiste del año.

-Es un bromista de primera -le aseguré con soltura.

Charlie arqueó una ceja en su dirección, gesto ante el cual Killian se llevó la copa de vino a los labios sin decir más.

Al menos agradecía que no me hubiese contradecido abiertamente.

-Bien, entonces yo... Me retiro.

-Fue un gusto volver a verte Charlie -mentí con una enorme sonrisa.

Que de algo sirvieran las horas eternas tras bambalinas del set de las telenovelas en México.

-¡Lo siento! -Gruñí cuando Charlie desapareció del camino- Yo... Entré en pánico y... Bueno...

-¿Por qué no sólo decir «no»? -preguntó con fastidio.

Genial, era igual de pedante que Adrianna. Como diría mi madre: Dios los hace y ellos se juntan.

-No es tan fácil con nonofobia.

-¿Nonofobia?

-Miedo a decir que no -expliqué-, está a nada de ser una enfermedad oficial.

-¿Siquiera lo conocías? -preguntó recobrando la curiosidad.

-¡Sí! -salté a la defensiva, logrando que respondiera con una ceja arqueada en incredulidad y mi histeria defensiva se activara como una bomba atómica en un campo minado- ¡Por supuesto que lo conocía! Es el... Hijo de la... Antigua compañera de trabajo de mi madre...

-¿Qué tan antigua?

-Hace... Algunos años -respondí muy digna.

-Entonces bebías con un desconocido -concluyó.

¡Pero bueno! ¿Qué a caso era el día de las preguntas insistentes y yo de eso nada sabía? ¿A caso el mundo se había confabulado para sacarme de mis cabales a pico y pala?

-¡No estaba bebiendo!

Killian arqueó una ceja en torno a la copa de champán que sostenía con fuerza en una mano.

-¡Esto no es mío! -aseguré a la defensiva. Entendiendo al instante que eso es justo lo que diría un adicto o un criminal después del atraco.

Killian se encogió de hombros. -No es de mi interés, pero si vas a beber hazlo con personas que conozcas... La ultima vez no te fue muy bien.

Bueno, al menos ya no me cabía la menor duda: Killian tenia una memoria fotográfica. No había forma de que olvidara ese pequeño desliz en el barecito.

Cerré los ojos y negué con la cabeza reprendiéndome al instante por dejarle el paso libre a mis pensamientos.

-Oye, gracias por... Lo de la cena, yo... estaba en un aprieto.

¡Dios! ¿Por qué no podía dejar de balbucear de una vez? El peligro había pasado, no tenía ningún motivo para sentirme oprimida.

-Sí, eso noté -concordó volviendo a su sitio.

-Te debo una.

-Me debes más de una -corrigió sin gracia.

Aunque aparentemente esa era la forma en la que un Collingwood bromeaba, con la expresión seria y la mirada penetrante era bastante complicado diferir entre la broma y la verdad.

Así que sólo sonreí.

Killian estaba a medio paso de retirarse, cuando una mujer alta, rubia, delgada, con los tacones más altos que había visto en la vida se acercó hacia él con alegría.

-¡Killian Collingwood! -saludó extendiendo la copa en su dirección- ¡Tanto tiempo sin verte

Killian sonrió con amabilidad y buscó en las paredes algo con la mirada.

-Te ví la semana pasada Sofía.

-Es Sophie.

Killian sonrió y asintió con la cabeza una sola vez, mostrando con ello el más descortés mínimo interés.



Alejandra Kimella

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En el texto hay: humor, comedia, romance

Editado: 09.01.2019

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