Con sabor a Miel

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Capítulo • 24

 

•24•
SI LO NIEGAS, NUNCA EXISTIÓ

Pasta con salsa ricotta, tagliatelle con carne, paella, salmón balsámico agridulce y corpaccio de res eran sólo algunos de los platillos que habíamos preparado y modificado para el proyecto Food Porn.

El primer día del proyecto Food Porn estaba en marcha. Mis manos temblaban, mi cuerpo y mente aún no podían procesar la información, aún no podía entender por qué mi proyecto había sido elegido. Había sido una medida desesperada, eso lo sabía, lo que no sabía era que tan desesperado tenía que estar el hombre que aprobó mi proyecto, para arriesgarse con el de esa manera.

-¡Más paella! -gritó Ivette sonando la campanilla y colocándola nota sobre el pisapapeles.

-¡Ya han pedido seis en sólo una hora! -se quejó Aly corriendo con la sal en las manos.

Se habría caído de cara de no ser porque Simón le sostuvo a tiempo al tomar la pimienta de paso.

Todo marchaba bien, por el la ventana circular de la puerta podíamos ver a los comensales llamando una y otra vez a los meseros. Nadie quería esperar, el proyecto Food Porn estaba siendo sobre explotado.

Igual que los hornos, la estufa, la potencia de enfriamiento en la cámara frigorífica, los mismos lava trastos... En fin, todo.

Y cuando la fiesta parecía apenas comenzar... La luz se acabó en todos lados.

Todo el mundo comenzó a gritar como en una vieja película de terror, alguien a dentro de la cocina se cayó y maldijo en francés.

Entonces pude ver como mi proyecto caía desde el cielo formando un enorme abismo de fracaso.

Algunas personas comenzaban a marcharse a toda prisa, incitando al resto a hacer lo mismo.

Yo no podía permitirlo. El resto de mi carrera pendía de un hilo.

-¡Las personas se están marchando! -gritó Lizzy a lo lejos.

-¡No podemos continuar la producción! -dijo Aly sonando un par de sartenes.

-¡A la mierda con la producción! -gritó Jane saliendo de la cocina de los profesionales-. Alguien tiene que encender los generadores.

-¡Vamos a morir! -gritó Caro desde una esquina de la cocina.

-¡Cierren la maldita boca! -gritó Rikan saliendo de su oficina- ¡Y tú! ¡Te estoy hablando!

Sentía pena por la pobre alma a la que Rikan estuviera dirigiéndose. Que no hubiera nada de iluminación y que no se pudiera ver ni la nariz no era precisamente importante, la lógica no era el fuerte de Rikan... Ni la amabilidad... Ni la cordura, pero esa era otra historia.

-¡Becaría dos! ¡¿A caso estas sorda?! -gritó una vez más.

Mierda.

-Sorda no, ciega -replicó Lizzy.

-¡¿Quién carajos dijo eso?! -explotó Rikan con todo su ser- ¡¿Quién lo dijo?!

Silencio.

-¡Becaria dos, ve a activar el generador de energía! ¡Ahora! -ordenó escupiéndole toda la ira que no había podido escupirle a Lizzy.

Eso no habría pasado si se dedicara a conocernos mejor. A conocer nuestras voces, nuestros nombres.

-¡Algún ingeniero bajará a hacerlo! -aseguró Aly- ¡No puedes enviarla a ciegas por un corredor!

-¡Cuando sepa quién está cuestionando mis ordenes...!

-¡Pudrete Rikan! -gritó Cinthia, una de las profesionales.

Cinthia había sido quien había durado más tiempo como becaria en la cocina de Rikan. Si había alguien que pudiera odiar a Rikan entre los profesionales, bueno, esa sin duda era Cinthia.

-Cuando me entere de quién ha dicho eso... -amenazó- ¡Becaria dos, ve a encender el maldito generador ahora!

Alcé las manos al aire en rendición, a pesar de que sabía que él no podía verme y caminé a tientas hasta la puerta.

En el pasillo un guardia de seguridad patrullaba los pasillos con una linterna. No hacía demasiado, caminaba de un lado a otro sin apuntar con ella a nada en específico.

-Señor -llamé-, necesito llegar al generador por ordenes de Rikan Fitzgerald.

-Negativo -respondió fajandose los pantalones-, yo lo haré.

-¿Por qué no lo has hecho hasta ahora? -recriminé.

-No sé donde está.

-Yo sé dónde está...

-Bien, te acompaño -dijo caminando hacia mi.

-No -le frené-, creeme en la cocina de Rikan te necesitan mas que yo.

Aquello fue suficiente para que después de un par de segundos accediera arrojándome la lampara a las manos.

No le había dicho que el problema ahí dentro se trataba de los gritos reprimidos de los becarios y un par de profesionales, pero de haberle dicho que se trataba de una pelea de gatas probablemente no me habría dejado ir sola y lo ultimo que me apetecía era tener a un guardia pisándome los talones.

Corrí por los pasillos con la linterna buscando la sección B-234, ¿o era B-235? Daba igual, iría a las dos de cualquier modo.

Después de caminar por un par de pasillos y bajar un par de escaleras, llegué a los generadores, el problema era que realmente no sabía cual de las palancas tirar. Eran ocho.



Alejandra Kimella

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En el texto hay: humor, comedia, romance

Editado: 09.01.2019

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