Confesiones de un alma torturada

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Confesión N°21. Decoraciones de mal gusto

Piel de zorro. Piel de vaca, de lobo. Piel de oso incluso.

Todos aceptan eso como algo normal, como cosa de todos los días. Las señoras compiten a ver cuál tiene el mejor pelaje, cuál de ellas tiene el más costoso.

Los cazadores tienen osos en el piso de su living, o pieles de zorro sobre los sillones y nadie les dice nada. Ahora, yo quiero marcar tendencia y es totalmente inhumano. No lo entiendo, cual es el problema. Mi mama dijo que era perfectamente normal, incluso me enseño como hacerlo.

No es complicado.

Yo no mate a nadie. A nadie.

Yo solo les daba un nuevo propósito a sus pieles. Ya no las necesitaban, estaban muertos. Todos pretenden que dejase que se pudrieran con sus dueños, que se echaran a perder como el resto de ellos, pero no. No lo iba a permitir.

Voy a hablar, no se preocupen, no hace falta que se pongan violentos.

Lo único que pido es que sean gentiles con mi madre y con las pieles, a ella le encantan. Deben conservarlas en un lugar no muy caluroso ni muy húmedo, una temperatura media que no llegue tampoco al frío.

Bien, tranquilos, no hace falta la violencia.

Soy cirujano hace más de veinte años, se perfectamente cómo hacerlo.

¿Qué cómo lo hice?

Bueno, fue sencillo, un día soñé, soñé con una cartera hecha con piel humana, era hermosa, ese color, esa frescura. Era hermosa, sencillamente hermosa. Al principio, me horroricé, no entendía cómo podía pensar en una cosa así.

Intente olvidarlo, juro que si, pero esa idea rondó por mi cabeza durante casi un mes y no pude sacarla más de mi mente. Era como una voz, si, eso, una voz que me decía que debía hacerlo. Era curioso, tenía la misma voz de mi madre.

La misma.

Decía que no era malo pensar en eso, que incluso era innovar en la moda. Siempre me gusto la moda. Mi padre me obligó a estudiar medicina y francamente, siempre fui bueno, pero nunca terminó de convencerme. Hasta que soñé lo que soñé. Ambas cosas se fusionaron y se convirtieron en una pasión imposible de arrancar de mi corazón.

La primera vez, si bien no fue difícil, estaba nervioso y fui algo torpe. Dañé un poco la piel porque mi mano temblaba con cada corte. Fue como aprender a pintar.

¿Cómo conseguí acceso al cuerpo? Fue muy simple. Tengo permiso de entrar a la morgue del hospital donde trabajo. Nadie sospechó nada. De noche hay menos seguridad y las cámaras… bueno, ya saben que en las condiciones que está atravesando el país, muy pocos hospitales tienen cámaras que realmente funcionen.

No fue muy difícil elegirla. Ella era hermosa, falleció en una cesárea y no podía permitir que esa bella piel se desperdiciara así como así. Era simplemente descabellado. Al morir parecía dormida, por eso nadie sospecho cuando la llevé en una silla de ruedas, con esos espantosos camisones que hacen que los enfermos se pongan.

Perdón, los pacientes.

La subí al auto y la llevé a casa.

Mama me esperaba en casa, en el sillón. Su fragancia me recordó que debía llamar al embalsamador para que hiciera su trabajo de una vez y dejara de dar vueltas. Ella también parecía dormida, su piel era linda, pero su rostro estaba desencajado luego de que se metiera el arma en la boca.

Ella quería ser la primera con quien yo experimentara, quería ser una piel de sillón, pero yo me opuse y por eso hizo lo que hizo. Aun así no experimentaría con ella, por mucho que me hubiera gustado, su piel no era del todo perfecta, además la había arruinado al dispararse, estaba resquebrajada y un poco seca. Ella nunca fue de cuidarse mucho la piel.

Si, lo lamento, me fui por las ramas.

La llevé a la mesa del comedor, donde ya nadie comía, puse un mantel de plástico en caso de que llegara a sangrar, mi madre me mataría si veía su mesa de cedro manchada. Tenía la piel tersa, suave y fría. Esa clase de frialdad que solo acompaña la muerte.

¿Hace falta que cuente el resto? Están pálidos, eso quiere decir que les descompone imaginarlo. Si se desmayan, no se preocupen, soy médico. Aunque dudo que ustedes se dejen tratar por mí, se que me temen, no tendrían que hacerlo, no tienen pieles interesantes para tomarlas. Pueden estar tranquilos.

¿De verdad quieren que siga? No tienen buena pinta. Si quieren puedo dejarlo escrito en la confesión que de cualquier manera me van hacer firmar.

Como quieran.

Empecé por la cara, era lo que más me gustaba de ella. Comencé con un corte suave en donde empezaba su cuero cabelludo, y fui hacia un costado. Evite sus orejas que eran totalmente desproporcionadas con la belleza de su cara. Hice todo el contorno, hasta que logré sacarla, como las máscaras que se usan en las películas, así, tal cual. Luego seguí por su estómago y…

Les dije que no lo soportarían. La palidez es la antesala del vómito.

No se preocupen.

¿Dónde escribo?



Josefina Olariaga de la Fuente

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En el texto hay: historiascortas

Editado: 19.10.2019

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