Confetti Of Poison

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Capítulo 9 ~ Bad & Boujee

Así como ahora él era Lebanon y al despojarse de esa cabellera rubia era Jeff. Ahora ella era Lissa Courtney después de haber retirado su uniforme de Blue Velvet.

Lissa lo veía a los ojos, a esos ojos que seguían expresando pavor o clemencia. Esos ojos que no había conocido nunca. Jeff siempre había sido un hombre lleno de recelo y casi sin sentimientos.

—¡Jeff! ¡Soy yo! —gritaba ella. No tenía miedo de que alguien más supiera quién era ella. Después de todo, todos estaban inconscientes—, ¡Jeff, mírame!

Jeff continuaba gritando. Cuál sea que fuera el sueño, era horrible cómo para hacerlo gritar de ese modo. Lissa escudriñó cada parte de su rostro tratando de encontrar alguna anomalía para lograr ayudarlo pero conocía la única manera de hacerlo. Cerró los ojos con fuerza.

—Lo siento Jeff —murmuró.

Lissa apartó sus manos de las muñecas de Jeff rápido antes de que lograra golpearle. Colocó sus manos pálidas y uñas azules en contra de las mejillas de Jeff y una corriente eléctrica pasó de sus brazos hasta el cráneo del hombre. En tan sólo unos segundos los gritos se detuvieron y su mirada se fue apagando poco a poco hasta quedar dormido.

Lissa liberó un suspiro y se levantó del suelo. Ahora en definitiva, todo el mundo a su alrededor se encontraba inconsciente. Volvió su mirada en Parker.

No sabes cuánto te odio, bastardo infeliz.

Escupió en su rostro adormilado y volvió a ver a Jeff. Se colocó de cuclillas para intentar levantar su cuerpo pero él era demasiado fornida y ella muy pequeña cómo para lograr cargar a una hombre de cuarenta y tantos años. No era gordura, eran músculos lo que hacía que Jeff lograra pesar tanto.

Lissa hizo un puchero y se cruzó de brazos. Vio más allá de su rostro. Sus brazos, su abdomen. El traje negro que llevaba puesto era muy ajustado para alguien de su edad y luego recorrió a la cintura viendo su cinturón.

—Bingo —murmuró.

Parpadeó y sus ojos negros se colocaron azules alrededor. Un azul brillante como los de una linterna, similares a las luces que emanaba de los autos en las noches. Gracias a esa visión, lograba ver cualquier cosa involucrada con tecnología o cables. Su cinturón estaba repleto de juguetes que tenía curiosidad de usar, quizás los usaría luego sólo por diversión. Continuó buscando hasta dar con un control pequeño un tanto diferente a los controles regulares.

Tocó el cinturón y al sentir una chispa eléctrica contra su piel supo que este artefacto era más avanzado. No lo podía tocar nadie excepto él. Y Cooper deja que tomen su cinturón como un cualquiera. Al ser eléctrico era algo fácil de manipular. Sólo abrió la caja pequeña, los choques sólo le provocaban cosquillas, tomó el control y comenzó a escudriñarlo.

—Quiero un auto ahora, por favor —habló ella frunciendo los labios mientras giraba el control remoto de un lado a otro tratando de entenderlo—. ¿Cómo puedes aprenderte las funciones de cada botón?

Dándose por vencida, de nuevo, solamente dejó que otros rayos de sus dedos lograran dar contra el artefacto. Siempre que quería hacer una función, solo necesitaba estudiar los cables, y lograría realizar lo que quería. Por eso Lissa era tan peligrosa en ese aspecto.

Al cabo de unos segundos se escuchó el sonido de una puerta caer, luego otra puerta más cercana. Luego vidrios cayendo al suelo y sucesivamente se iba acercando un desastre tras otro hasta lograr golpear contra la puerta.

Era un coche negro deportivo. No, no era deportivo, parecía una demoledora. Un móvil lo suficientemente enorme cómo para haber atravesado toda la mansión, derribando las puertas y paredes sin haberle dejado un solo rasguño.

El móvil se detuvo en medio de la puerta caída. Lissa tuvo que detenerlo para que no arrollara a todos los cuerpos. No es que a ella le importase, pero sabía que a Jeff le importaría mucho el color sangre en sus llantas.

—De acuerdo —Lissa aún con el control en mano se arrodilló y tomó el brazo derecho de Jeff—, te podré ayudar hasta allá, pero pesas mucho, hombre.

Colocó su brazo rodeando el hombro de Lissa haciendo que él se apoyara de ella. Si volaba iba a ser peor, pensaba ella. Decidió llevarlo caminando aún pisando a los cadáveres. Por más electricidad que lograra acumular, nunca podría tener fuerzas para cargarlo.

Ella vio sobre su hombro a Parker aún en el suelo.

Luego me encargo de ti.

Una vez que estaba cerca del coche, de algún modo logró colocarlo en el asiento del copiloto, ni siquiera ella sabía cómo lo logró. Lissa volvió hasta sentarse en el asiento del piloto y las puertas se cerraron una vez que logró sentarse.

—De acuerdo —Lissa comenzó a escudriñar el tablero delante de ella. Además de un volante negro vestido de cuero, se encontraba una máquina con pantalla táctil y múltiples botones que parpadeaban, otros se mantenían apagados. Incluso se encontraba un tablero de el techo—. Joder, Jeff ¿No pudiste comprar un auto normal cómo las personas normales?



Rossiel M.L.

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Editado: 24.09.2018

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